Estados Unidos

La audacia de Obama en la recta final de su gobierno

President Barack Obama speaks in the Cabinet Room of the White House in Washington, Wednesday, Dec. 17, 2014, to announce the U.S. will end its outdated approach to Cuba that has failed to advance U.S. interests. (AP Photo/Doug Mills, Pool)
President Barack Obama speaks in the Cabinet Room of the White House in Washington, Wednesday, Dec. 17, 2014, to announce the U.S. will end its outdated approach to Cuba that has failed to advance U.S. interests. (AP Photo/Doug Mills, Pool) AP

“Es tiempo de plantear una nueva estrategia con respecto a Cuba”, proclamaba Barack Obama en 2008, durante la campaña presidencial. Seis años mas tarde, y dos años antes de dejar la Casa Blanca, el presidente decidió pasar a los hechos.

Al anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el régimen comunista tras negociaciones ultrasecretas iniciadas hace 18 meses, el presidente estadounidense rompe con medio siglo de aislamiento de Cuba y da un auténtico golpe político.

Al igual que con el tema del cambio climático o de la inmigración, el presidente toma la iniciativa de manera espectacular y hasta inesperada sobre varias de sus viejas promesas, en las que muchos de sus partidarios ya no creían.

Paradoja: la derrota de su partido en las legislativas de noviembre llevó al presidente a dar un giro e ignorar las virulentas críticas de sus adversarios políticos, quienes parecen haber sido sorprendidos.

Visiblemente incómodo, consciente de que no le quedaba mucho tiempo para dejar su nombre inscrito en la historia, Obama modifica en toques sucesivos la imagen poco gloriosa de un dirigente indeciso y reticente a confrontar.

Retomando por momentos los énfasis de su primera campaña electoral, con algunas canas más, defiende con vehemencia sus decisiones.

En Brisbane, Australia, apoya un acuerdo sobre el clima con China que no tiene precedentes: “No puedo esperar eternamente”, alega. En Las Vegas se ufana de la regularización de varios millones de inmigrantes clandestinos frente a un sistema “esencialmente injusto”. “Generaciones de inmigrantes hicieron que esta país sea lo que es”.

Respecto de Cuba explica su iniciativa por la voluntad de explorar nuevas vías después de medio siglo de una estrategia diplomática estéril. “No creo que podamos seguir haciendo lo mismo que hace cinco décadas y esperar un resultado diferente”, afirma. “Ni el pueblo norteamericano ni el pueblo cubano se benefician de una política rígida heredada de acontecimientos que tuvieron lugar cuando la mayoría de nosotros no habíamos nacido”.

Según Julia E. Sweig, del Council on Foreign Relations, centro de reflexión de Washington, la concreción de la promesa electoral de Obama llevó tiempo por varias razones. Entre las más importantes, el arresto en Cuba en 2009 del estadounidense Alan Gross, liberado el miércoles.

Pero el espectacular anuncio de esta semana es en primer lugar el resultado “de dos años de intenso trabajo diplomático”, iniciado tras la reelección de Obama en 2012, “que culminan hoy”.

Jeb Bush, exgobernador de Florida y que acaba de anunciar su voluntad de competir por la candidatura republicana en las presidenciales de 2016, volvió el miércoles a la carga contra el presidente con el argumento de que a menudo se comporta como “un rey o un emperador”.

Deploró amargamente una decisión que, a su juicio, viene a recompensar a “los odiosos hermanos Castro”, dos “dictadores”. Opinó que una vez más Obama había ido más allá de sus atribuciones legales.

En este contexto, la partida se anuncia políticamente difícil para Obama, quien ha manifestado su voluntad de que el Congreso discuta el fin del “más viejo embargo del mundo”.

En ese sentido, podría beneficiarse de un escenario relativamente nuevo. La imagen de una Florida llena de cubanos ferozmente anticastristas y opuestos a tender la mano ya no resiste el menor análisis. Según un sondeo realizado por la Florida International University, más de dos tercios de los cubanoestadounidenses de Miami es favorable a la reanudación de las relaciones diplomáticas con el régimen comunista.

La posibilidad de una visita del presidente estadounidense a Cuba es evocada abiertamente por la Casa Blanca. Señal fuerte, un tal viaje constituiría el fin de uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría.

Los próximos meses serán decisivos en lo que concierne a otros tema internacional sobre el que, al igual que con Cuba, las negociaciones se realizaron en el mayor de los secretos: el programa nuclear iraní.

En noviembre de 2013 se firmó un acuerdo provisorio entre las grandes potencias del llamado Grupo 5+1. El nuevo plazo para alcanzar un acuerdo definitivo es el 1 de julio de 2015.

A pesar de que Washington y Teherán, sin relaciones bilaterales desde 1979, están muy lejos de normalizarlas, un acuerdo sobre el programa nuclear iraní constituiría un triunfo indiscutible de Obama, tras tres décadas de tensiones que llegaron a las amenazas de conflicto armado.

En oposición a la extendida idea de que los últimos dos años del mandato de un presidente estadounidense son muy poco productivos, los de Obama podrían resultar decisivos a la hora del balance final de su gestión.

Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios