Florida

Una serpiente, una bebé y la madre que amaba las pastillas

. Jaren Hare y su novio no tuvieron que elegir entre la hija de ella, Shaiunna, de 2 años, y el alijo de drogas que la pareja había sido acusada de estar usando con exceso.

Los investigadores de bienestar infantil del estado le permitieron a Hare conservar a su bebé y también la costumbre de abusar de las drogas, así como su pitón birmana de 8 ½ pies de largo llamada Gypsy, que tenía como mascota desde que era adolescente. Gypsy vivía en una pecera tapada sólo con una colcha sujeta con imperdibles.

Cuando el Departamento de Niños y Familias (DCF) recibió un reporte el 1 de mayo del 2009, de que Hare y su novio, Charles “Jason” Darnell, estaban usando metadona, marihuana, éxtasis, Xanax y otros narcóticos, la pareja admitió francamente que ellos usaban drogas. Y que no tenían la menor intención de parar.

Investigadores de bienestar infantil visitaron la vivienda, evaluaron la situación— una niña pequeña, una serpiente de gran tamaño y una madre poco dispuesta a renunciar a usar drogas por el bienestar de su hija — y decidieron que Shaiunna estaba relativamente a salvo.

Para asegurarse, el DCF pidió a la pareja que firmara un Plan de seguridad, una hoja de papel comprometiéndose a no usar drogas en presencia de Shaiunna. La niña estaría protegida, razonó la agencia, si su mamá y el novio de la misma circunscribían el uso de drogas al baño.

“Aunque por lo general un plan de seguridad exigiría que los padres dejaran de usar drogas en absoluto, en lugar de ‘en presencia de la niña’, los padres no estaban dispuestos a llegar a un acuerdo para dejar de usar drogas”, explicó más tarde el DCF durante la revisión de control de calidad de la investigación hecha en el caso, la cual calificó el plan de seguridad como una “medida de último recurso”.

En la noche del 31 de junio del 2009, dos semanas después de que la agencia inspeccionara por última vez a Hare, Darnell, Shaiunna y Gypsy, la madre tomó un Vicodin no prescrito y se fue a dormir. Mientras Hare dormía, la serpiente, de un amarillo pálido, se deslizó fuera del tanque y encontró a Shaiunna dormida en una cuna blanca en su cuarto.

Gypsy mordió a Shaiunna en la cara, la cabeza, el abdomen, las manos y los brazos antes de enroscarse alrededor del torso de la niña y asfixiarla. Darnell la descubrió a eso de las 10 de la mañana siguiente. La serpiente estaba todavía en la cuna con Shaiunna. El cadáver de la niña estaba frio. El lanzó a Gypsy al piso, y luego atacó a la serpiente con un cuchillo y una cuchilla de carnicero.

Darnell llamó sollozando al 911 y dijo: “Tenemos una pitón birmana tiene como 12 pies de largo Anoche se salió de su jaula y se metió en la cuna de la bebé y la estranguló hasta matarla ¡La voy a matar, la muy desgraciada!”

La grotesca muerte de Shaunna fue noticia a nivel nacional, y miles de personas miraron una y otra vez el video de la policía sacando una serpiente herida e inerte del tráiler de la pareja en un rincón rural del condado Sumter, cerca de Ocala. Pero hasta ahora nadie había reportado sobre la existencia del Plan de seguridad que mencionaba el uso de drogas pero no la presencia de la serpiente.

“A mí no me gustaba esa serpiente; yo no quería tenerla cerca”, dijo Joey Gilkerson, de 32 años, el padre biológico de Shaiunna, quien vivía en Ohio. “Lo peor es que nunca podré volver a ver a mi hija. Tendré que visitarla en el cementerio”.

Tanto Hare, de 21 años, como Darnell, de 34, fueron convictos de homicidio de tercer grado y negligencia infantil. Ambos fueron sentenciados a 12 años de cárcel.

Dos meses después de la muerte de Shaiunna, el DCF llevó a cabo una revisión del caso para determinar si las evaluaciones de riesgo y seguridad habían sido hechas adecuadamente en la investigación inicial, la que alegaba que Hare y Darnell abusaban de las drogas.

La revisión concluyó que el investigador de servicios de protección observó el hábitat de la serpiente— una pecera puesta sobre un mueblecito para televisor — y anotó que “estaba fuera del alcance de la niña, y la pecera parecía segura”.

El DCF cerró ese caso inicial concluyendo que había causa suficiente para acudir a los tribunales para proteger a Shaiunna. Pero en lugar de eso decidió ofrecer servicios a domicilio. La pareja no cooperó, y los servicios nunca se llevaron a cabo. Un mes más tarde, el DCF se enteró de que Darnell había sido arrestado dos veces en ese intervalo de tiempo: una por drogas, la segunda por daños a la propiedad ajena, por haber vandalizado el auto de su ex esposa. A pesar de eso, el mismo abogado del DCF decidió que esta vez no había suficientes razones legales para acudir a los tribunales. La revisión de la investigación afirmó que no está claro por qué el abogado cambio de opinión.

Aunque admitió que había habido fallas en la manera en que se manejó el caso, el DCF concluyó que la muerte de Shaiunna no pudo haberse predicho o prevenido.

“Es importante señalar que la pitón no jugó papel alguno en el caso anterior, y no fue vista como una amenaza a los niños”, dijo la revisión. “La amenaza señalada fue la conducta errática de la familia y su abuso de sustancias”.

Gilkerson, quien trabaja como handyman, se enteró de la muerte de su hija a través de su hermano, quien la vio en un hilo SS de noticias en su computadora. El padre hizo en automóvil el viaje de 900 millas a la Florida en una sola noche, parándose cada media hora o cosa así a vomitar, obsesionado por la imagen de su hija atrapada en los anillos de una serpiente. Él dijo que había advertido a Hare, su ex prometida, que la serpiente no debería estar en la casa cerca de su única hija.

El dijo adiós a una pequeña tumba sin una lápida.

Cuando pasó algún tiempo, su dolor se convirtió en otra cosa: ira. No sólo contra Hare y Darnell, sino también contra el DCF. Gilkerson demandó a la agencia, alegando que ellos debieron haber mirado la totalidad de la situación — serpiente, niña pequeña, madre y novio drogadictos — y haber tomado medidas decisivas.

Un mes antes de que el caso fuera a los tribunales, Gilkerson y el DCF llegaron a un acuerdo extrajudicial. Los términos del mismo son confidenciales, pero, según las leyes de la Florida, la cantidad en cuestión tiene un límite de $100,000.

“Ellos no hicieron nada”, dijo J. Scott Gunn, abogado de Fort Lauderdale que representó a Gilkerson. “Mi analogía es: si un adulto está sentado en una habitación y pone una pistola sobre una mesa de centro, eso no tiene problema. Pero si el adulto hace eso cuando hay un niño de dos años cerca, eso es negligencia. Tener drogas y serpientes en la casa es una cosa si vives solo, pero cerca de menores es un peligro claramente inaceptable”.

“Yo no sé qué es más peligroso”, dijo Gilkerson, todavía indignado, “si el DCF o la serpiente”.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de marzo de 2014, 0:00 a. m..

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