Grupos de salud buscan contrarrestar el creciente “escándalo nacional” sobre la falta de vivienda entre las personas mayores
Resumen generado por IA y revisado por nuestra redacción.
- Healthcare nonprofits like PACE now address housing to ensure elder care access.
- Older adult homelessness rose 6% in 2024, with 1 in 5 homeless aged 55 or older.
- Federal budget cuts and lost job programs widen housing crises for aging Americans.
A los 82 años, Roberta Rabinovitz se dio cuenta de que no tenía adónde ir. Viuda, había perdido a sus dos hijas por cáncer, tras convivir con una y luego con la otra, cuidándolas hasta su muerte. Luego se mudó con su hermano en Florida, hasta que él también falleció.
Así, el otoño pasado, mientras se recuperaba de un cáncer de pulmón, Rabinovitz terminó en casa de su nieto en Burrillville, Rhode Island, donde dormía en el sofá y le costaba subir la empinada escalera hasta la ducha. Eso no era sostenible, y con el alquiler de los apartamentos fuera de su alcance, Rabinovitz se unió a la creciente población de estadounidenses mayores que no sabían dónde dormir.
Pero Rabinovitz tuvo suerte. Encontró un lugar donde vivir, a través de lo que podría parecer una fuente inesperada: una organización sin fines de lucro dedicada a la atención médica, la Organización PACE de Rhode Island. En todo el país, conseguir vivienda es un desafío relativamente nuevo y creciente para estos grupos PACE, que se financian a través de Medicaid y Medicare. PACE significa Programa de Atención Integral para Personas Mayores, y las organizaciones buscan mantener a las personas mayores frágiles en sus hogares. Pero un paciente no puede quedarse en casa si no tiene un hogar.
A medida que aumentan los costos de la vivienda, las organizaciones responsables de la atención médica se están dando cuenta de que, para garantizar que sus clientes tengan un lugar donde vivir, deben explorar nuevas posibilidades. Incluso hospitales —en Denver, Nueva Orleans, la ciudad de Nueva York y otros lugares— han comenzado a invertir en vivienda, reconociendo que la salud no es posible sin ella.
Y entre los adultos mayores, la necesidad está creciendo especialmente. En EE. UU., 1 de cada 5 personas sin hogar en 2024 tenía 55 años o más, y la población total de personas mayores sin hogar aumentó un 6 % con respecto al año anterior. Dennis Culhane, profesor de la Universidad de Pensilvania especializado en personas sin hogar y políticas de vivienda, calculó que la cantidad de hombres mayores de 60 años que viven en albergues prácticamente se triplicó entre 2000 y 2020.
“Es un escándalo nacional, en realidad, que el país más rico del mundo tenga personas mayores y discapacitadas en situación de indigencia”, declaró Culhane.
A lo largo de décadas de investigación, Culhane ha documentado la difícil situación de las personas nacidas entre 1955 y 1965 que alcanzaron la mayoría de edad durante las recesiones y nunca lograron un equilibrio económico. Muchos de este grupo sufrieron la falta de vivienda intermitente a lo largo de sus vidas, y ahora sus problemas se ven agravados por el envejecimiento.
Pero otros adultos mayores sin hogar son nuevos en esta experiencia. Muchos se encuentran al borde de la pobreza, afirmó Sandy Markwood, directora ejecutiva de USAging, una asociación nacional que representa a las conocidas como agencias locales para el envejecimiento. Un solo incidente puede llevarlos a la falta de vivienda: la muerte de un cónyuge, la pérdida del empleo, un aumento del alquiler, una lesión o una enfermedad. Si comienza el deterioro cognitivo, una persona mayor puede olvidarse de pagar su hipoteca. Incluso quienes tienen casas pagadas a menudo no pueden afrontar el aumento de los impuestos a la propiedad ni su mantenimiento.
“Nadie se imagina a alguien viviendo en la calle a los 75 u 80 años”, dijo Markwood. “Pero lo hacen”.
La reciente ley presupuestaria del presidente Donald Trump, que realiza recortes federales sustanciales a Medicaid, el programa de seguro público para personas con bajos ingresos o discapacidades, empeorará la situación de las personas mayores con ingresos limitados, afirmó Yolanda Stevens, analista de programas y políticas de National Alliance to End Homelessness (Alianza Nacional para Acabar con la Falta de Vivienda). Si las personas pierden su cobertura médica o su hospital local cierra, les será más difícil mantener su salud y pagar el alquiler.
“Es una tormenta perfecta”, dijo Stevens. “Es una tormenta desafortunada y devastadora para nuestros estadounidenses mayores”.
Para agravar los desafíos, el Departamento de Trabajo suspendió recientemente un programa de capacitación laboral destinado a mantener a las personas mayores de bajos ingresos en la fuerza laboral. Esas circunstancias han enviado a los planes de salud PACE de todo el país a aguas desconocidas, lo que los impulsó a establecerse dentro de proyectos de viviendas para personas mayores, asociarse con proveedores de vivienda o incluso unir fuerzas con desarrolladores sin fines de lucro para construir sus propios proyectos.
Esas circunstancias han enviado a los planes de salud PACE de todo el país a aguas desconocidas, lo que los impulsó a establecerse dentro de proyectos de viviendas para personas mayores, asociarse con proveedores de vivienda o incluso unir fuerzas con desarrolladores sin fines de lucro para construir sus propios proyectos.
Una ley federal de 1997 reconoció a las organizaciones PACE como un tipo de proveedor para Medicare y Medicaid. Actualmente, operan unas 185 en EE. UU., cada una atendiendo un área geográfica definida, con un total de más de 83,000 participantes.
Inscriben a personas de 55 años o más que están lo suficientemente enfermas como para recibir atención en residencias de ancianos y les proporcionan todo lo necesario para que puedan quedarse en casa a pesar de su fragilidad. También administran centros que funcionan como clínicas médicas y centros de día para adultos mayores, y ofrecen transporte.
Estas organizaciones atienden principalmente a personas de bajos recursos con afecciones médicas complejas que son elegibles tanto para Medicaid como para Medicare. Reúnen fondos de ambos programas y operan con un presupuesto fijo para cada participante.
A los funcionarios de PACE les preocupa que, a medida que se reduzca la financiación federal para los programas de Medicaid, los estados reduzcan el apoyo. Sin embargo, el concepto PACE siempre ha contado con apoyo bipartidista, afirmó Robert Greenwood, vicepresidente sénior de (National Pace Association) Asociación Nacional PACE, porque sus servicios son significativamente más económicos que la atención en residencias de ancianos. La estructura de financiamiento le da a PACE la flexibilidad para hacer lo necesario para que los participantes puedan vivir solos, incluso si eso implica comprar un aire acondicionado o llevar al perro de un paciente al veterinario. Afrontar la crisis de vivienda es otro paso hacia el mismo objetivo.
En el área de Detroit, PACE Southeast Michigan, que atiende a 2200 participantes, colabora con propietarios de viviendas para personas mayores. Los propietarios se comprometen a mantener un alquiler asequible, y PACE presta servicios a sus inquilinos miembros. A los proveedores de vivienda “les gusta estar completos, les gusta que sus personas mayores reciban atención, y nosotros nos encargamos de todo eso”, afirmó Mary Naber, presidenta y directora ejecutiva de PACE Southeast Michigan.
Para los participantes que se vuelven demasiado enfermos para vivir solos, la organización de Michigan ha alquilado un ala en un centro de vida independiente, donde ofrece atención de apoyo las 24 horas. La organización también se está asociando con una promotora sin fines de lucro para crear un conjunto de 21 contenedores marítimos convertidos en pequeñas casas en Eastpointe, a las afueras de Detroit. Aún en fase de planificación, según Naber, los contenedores renovados probablemente se alquilarán entre 1000 y 1100 dólares al mes.
En San Diego, el programa PACE de St. Paul’s Senior Services atiende a personas en situación de calle crónica durante su proceso de mudanza, ofreciendo no solo servicios de salud, sino también el apoyo necesario para que los inquilinos permanezcan en sus hogares, como orientación para pagar las facturas a tiempo y mantener sus apartamentos limpios. St. Paul’s también ayuda a quienes ya viven en una vivienda pero se aferran a condiciones de vida precarias, según Carol Castillon, vicepresidenta de operaciones de PACE, conectándolos con recursos comunitarios, ayudándolos a completar formularios de asistencia para la vivienda y proporcionándoles comidas y artículos para el hogar para reducir gastos.
En PACE Rhode Island, que atiende a casi 500 personas, entre 10 y 15 participantes se quedan sin hogar o en riesgo de quedarse sin hogar cada mes, una situación poco común hace cinco o seis años, según la directora ejecutiva, Joan Kwiatkowski.
La organización tiene contratos con centros de vida asistida, pero sus participantes a veces son rechazados debido a antecedentes penales, consumo de sustancias o necesidades de atención médica que los centros consideran que no pueden atender. Además, los proveedores de vivienda pública a menudo no tienen vacantes. Así que PACE Rhode Island planea comprar su propia vivienda, dijo Kwiatkowski. PACE también ha reservado cuatro apartamentos en un centro de vida asistida en Bristol para sus participantes, pagando el alquiler cuando están desocupados. Rabinovitz se mudó a uno recientemente. Rabinovitz trabajaba como analista de crédito sénior para una empresa de atención médica, pero ahora su único ingreso es su cheque del Seguro Social. Guarda $120 de ese cheque para artículos personales y el resto lo destina al alquiler, que incluye las comidas.
Aproximadamente una vez por semana, Rabinovitz viaja en una camioneta de PACE al centro de la organización, donde recibe atención médica, que incluye trabajo dental, fisioterapia y medicación; siempre, según ella, de “personas increíblemente cariñosas”. Cuando no se siente lo suficientemente bien como para ir, PACE envía a alguien a su casa. Recientemente, un técnico con una máquina de rayos X portátil le escaneó la cadera dolorida mientras yacía en su propia cama en su nuevo apartamento tipo estudio.
“Es pequeñito, pero me encanta”, dijo sobre el apartamento, que está decorado en morado, su color favorito.
KFF Health News es una sala de prensa nacional que produce periodismo de profundidad sobre temas de salud y es uno de los principales programas operativos de KFF, una fuente independiente de investigación, encuestas y periodismo sobre políticas de salud.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de diciembre de 2025, 10:31 a. m. with the headline "Grupos de salud buscan contrarrestar el creciente “escándalo nacional” sobre la falta de vivienda entre las personas mayores."