Trump aprende cómo se maneja la etnicidad y la política en Miami
Donald Trump ofreció el viernes por la noche un poco de todo a casi todos en Miami. A los cubanos les prometió echar atrás el acercamiento del presidente Barack Obama a Cuba. A los venezolanos les prometió respaldar a sus ciudadanos “oprimidos. Y a los haitianos les dijo que sería su “campeón”.
Cincuenta y tres días antes de las elecciones, Trump pareció haber asimilado finalmente una regla fundamental de la política miamense, que es intensamente fuerte en materia étnica: los candidatos tienen que afinar su mensaje a cada comunidad.
Cuando queda poco tiempo para los comicios del 8 de noviembre, Trump trató de congraciarse con varios grupos en una sola jornada. Acudió al Centro Cultural del Pequeño Haití para reunirse en privado con profesionales haitianoamericanos. Entonces se apresuró a llegar al Centro James L. Knight en el centro de Miami para un ruidoso mitin al que asistieron unas 2,500 personas, a pesar del terrible tráfico que provocaron el viernes por la noche un par de conciertos de Kanye West y Meghan Trainor.
“Bienvenidos todos, deplorables”, dijo, refiriéndose al nombre que usó la candidata demócrata Hillary Clinton para referirse a los seguidores del magnate de los bienes raíces. Por primera vez, Trump entró a uno de sus actividades de campaña al son de “Do You Hear the People Sing”, del musical “Los miserables”. La pantalla digital que tenía a su espalda decía: “Les Deplorables.”
“Claro que sí, vamos a tener una excelente noche”, declaró Trump.
Trump sonó más que nunca como un nominado republicano tradicional, y calificó de “unilaterales” las renovadas relaciones diplomáticas de Obama con Cuba, agregando que sólo benefician al régimen de Castro.
“Todas las concesiones que Barack Obama ha otorgado al régimen de Castro se hicieron mediante órdenes ejecutivas, lo que significa que el próximo presidente las puede echar atrás. Y eso es lo que haré a menos que el régimen de Castro satisfaga nuestras exigencias. No mis demandas, nuestras demandas”, dijo Trump. “Eso incluye libertad religiosa y política para el pueblo cubano, y la liberación de los presos políticos”.
El año pasado, al preguntársele sobre el acercamiento del gobierno de Obama a Cuba, Trump dijo que la idea era “buena”. Y en una entrevista el mes pasado con el Miami Herald, subrayó que la política de Obama no iba lo suficientemente lejos para impulsar los intereses norteamericanos. Una reciente encuesta entre cubanoamericanos en Miami-Dade mostró un nivel de aprobación del 56 por ciento en la política de Obama hacia la isla.
Aunque Trump todavía no se ha sentado a hablar con los cubanoamericanos, como dijo al Herald que planeaba hacer pronto, sus comentarios del viernes dejaron en claro que ha recibido asesoría de republicanos locales. En la presentación de su actividad de campaña estuvieron dos cubanoamericanos de Miami, el presidente del Partido Republicano de Miami-Dade, Nelson Díaz, y el representante estatal Carlos Trujillo. Los cubanoamericanos son casi las tres cuartas partes de los republicanos en Miami-Dade.
Entonces se dirigió a los venezolanos, un grupo relativamente menor de electores pero que tienen una voz política mucho mayor que lo que representan sus cifras, dados los problemas en ese país sudamericano.
“Hablemos de un lugar llamado Venezuela”, dijo Trump. Pidió que los venezolanos que estaban en la audiencia levantaran la mano, como había hecho anteriormente con los cubanos. Pero la respuesta fue menor. “Qué pena, no son muchos”, se lamentó.
De manera muy similar a la entrevista con el Herald en agosto, Trump no ofreció propuestas concretas de política sobre Venezuela. Una nota de prensa enviada a los reporteros inmediatamente después del discurso decía “Venezuala” para identificar al país.
En otros aspectos del discurso, Trump pareció hacerse eco del gobernador Rick Scott. “Mi agenda económica puede resumirse en tres palabras —les van a encantar estas palabras”, dijo. “Empleos, empleos, empleos”. Mantuvo que derogaría el plan de servicios médicos conocido como Obamacare, aunque el sur de la Florida, con su gran cantidad de personas sin seguro médico, ha tenido uno de los mayores índices de inscripción en el país.
En un punto, Trump volvió a sugerir que, si Clinton defiende el control de las armas de fuego, debería tener guardaespaldas desarmados. “Que les quiten las armas”, dijo. “A ver qué le pasa”.
Aunque guardias de seguridad sacaron del mitin a varios manifestantes, no fueron tantos —ni tan alborotadores— como en otras actividades de Trump. Hubo manifestantes que se congregaron frente a los dos lugares donde Trump hizo escala el viernes, con carteles que iban desde “¡¡ENSÉÑANOS TUS DECLARACIONES DE IMPUESTOS!!” hasta “No a Trump, No al KKK, No a un EEUU racista”.
Pero en el mitin Trump no mencionó que, horas antes el mismo día en Washington, había aceptado —por primera vez en 8 años— que el presidente Barack Obama, de hecho, nació en Estados Unidos.
Esa declaración tuvo que, por fin, dejar atrás su postura anterior sobre dónde nació Obama. Durante años, Trump defendió la teoría conspirativa de que Obama no nació en Estados Unidos, y que sus asesores temían que sería usada por Clinton en el primer debate de los dos rivales dentro de 10 días. Cuestionarse dónde nació el primer presidente negro del país ha sido ampliamente considerado una señal de racismo.
“A nadie le interesa eso”, dijo Jim Neubauber, de 59 años y republicano de Redland.
Aunque no habló del tema, Trump pareció referirse implícitamente a la renuncia de su postura anterior sobre el nacimiento de Obama. Los demócratas, dijo, se meten en problemas políticos y “echan mano al racismo. … y tienen un gran problema, permítanme decirles”.
“Acabo de visitar el Pequeño Haití”, dijo Trump. “El amor es increíble. No hay racistas. No hay nada. Es amor”.
Trump estuvo unos 25 minutos en el Pequeño Haití, que dedicó en lo fundamental a culpar a Clinton por interferir en la política haitiana y no entregar el dinero prometido para proyectos después del devastador terremoto en ese país en el 2010.
“Lo mismo si votan por mi que si no, quiero ser su mayor campeón”, aseveró.
Sin embargo, la forma en que Trump se refirió a los electores negros en general en el mitin a veces pareció condescendiente. Trump dijo falsamente que la mayoría de los jóvenes negros están desempleados y alegó que los afroamericanos “no pueden caminar por la calle” porque les disparan, aunque los delitos violentos en general han bajado en el país.
“A algunos no les gusta eso, pero no me interesa”, dijo Trump, aparentemente al tanto de las críticas a declaraciones parecidas. “¿Qué tienen que perder?”
Jacqueline Charles, redactora del Miami Herald, contribuyó a este artículo.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2016, 4:39 p. m. with the headline "Trump aprende cómo se maneja la etnicidad y la política en Miami."