Cómo viven los niños inmigrantes al año de cruzar la frontera
Fue a principios del 2014 que funcionarios federales y activistas que defienden los derechos de los inmigrantes notaron una tendencia preocupante en la frontera de Estados Unidos con México.
Decenas de miles de niños estaban cruzando sin sus padres.
La oleada de menores no acompañados conmocionó al país cuando las cifras alcanzaron niveles récord. En total, más de 51,700 menores de América Central entraron ilegalmente a Estados Unidos durante el año fiscal 2014 – un aumento del 148 por ciento con respecto al año fiscal 2013. Mientras que los menores de edad fueron reasentados en todo el país, un número significativo –más de 3,100– terminó en el sur de Florida.
Ahora que el éxodo ha aminorado, ¿cómo están los niños en la actualidad?, en Miami y en todo el país.
Dependiendo de con quién uno hable, los menores están bien, tienen algunos o muchos problemas o se enfrentan a una crisis.
Para muchos activistas que defienden los derechos de los inmigrantes y que han tratado con los menores por largo tiempo, estos parecen estar adaptándose bien.
Nora Sándigo, líder del grupo Fraternidad Americana, que ayudó a muchos de los menores, dijo que en general a los niños que cruzaron la frontera les está yendo bien.
“Creo que un gran número, el 50 por ciento, han sido capaces de demostrar su situación en tribunales de inmigración, y se les ha permitido quedarse”, dijo Sándigo. “Y no se han convertido en una carga pública o una carga para la comunidad, aunque puede haber algunos casos aislados”.
Sándigo dijo que los problemas principales son la falta de abogados para representar a todos los menores en la corte y que no parece haber suficientes recursos para ayudar a las escuelas públicas a educarlos.
Francisco Portillo, presidente de la Organización Hondureña Francisco Morazán con sede en Miami, se hizo eco de los comentarios de Sándigo. Dijo que los principales problemas que enfrentan los niños son que hay un número insuficiente de abogados que los representen, insuficientes recursos para las escuelas públicas y un aumento de la presión por parte de las autoridades migratorias sobre muchas de las familias de los menores que también están en el país sin papeles.
“Las autoridades de inmigración me siguen exigiendo que me reporte frecuentemente y eso impide que pueda conseguir un trabajo estable”, dijo Cindy Figueroa Castro, madre hondureña cuyo hijo de 4 años de edad fue uno de los miles de niños que cruzaron la frontera el año pasado.
Figueroa Castro, que vivía anteriormente en Carolina del Norte, llegó recientemente a Miami huyendo de su marido, que la golpeó en un intento por quitarle al niño, dijo.
Por su parte, José Cruz, ex sacerdote jesuita cubanoamericano que estuvo involucrado en ayudar a los miles de niños y jóvenes cubanos durante el éxodo Pedro Pan en la década de 1960, dijo que los menores centroamericanos enfrentan a una crisis aquí y en el resto del país.
Como resultado, Cruz y otros dos cubanoamericanos, han formado el grupo Peter Pan Border Operation encaminado a ayudar a los niños en su reasentamiento.
“La organización responde a que el 90 por ciento de los niños y niñas, jóvenes de ambos sexos, porque son de cuatro años a 18 años y están sin supervisión”, dijo Cruz, director ejecutivo del grupo. “También carecen de algún tipo de ayuda económica, y están en manos de personas moralmente muy buenas, pero que son personas muy pobres. Calculo que un 25 al 30 por ciento son ilegales”.
Cruz dijo que también estaba preocupado porque algunos niños pudieran estar viviendo en condiciones de hacinamiento, mientras que otros pudieran verse obligados a trabajar para ayudar a mantener a sus familias. Además, dijo Cruz, algunos enfrentan problemas en la escuela, ya que no saben inglés, o no están bien alimentados.
Cruz dijo que sus sondeos iniciales indican que el 90 por ciento de los más de 68,000 menores que cruzaron la frontera desde el 2013 han escapado supervisión sistemática.
El Dr. Jorge Herrera, presidente del grupo, dijo que también estaba preocupado por la salud general de los niños.
“Estos niños no tienen necesariamente acceso a los sistemas de salud”, dijo Herrera. “No tienen seguro ni tienen ningún tipo de vigilancia médica”.
Debido a los problemas que dicen haber descubierto o a posibles problemas que perciben, Cruz y Herrera han pedido a la Casa Blanca que se le otorgue a su organización la autoridad y los recursos para supervisar a los niños que llearon sin padres desde Centroamérica a nivel nacional. Hasta el momento, la Casa Blanca no ha respondido, dijo Cruz. La funcionaria de la Casa Blanca que Cruz contactó tampoco respondió a un mensaje de correo electrónico enviado por el Nuevo Herald.
Cheryl Little, directora ejecutiva de Americanos pro Justicia Inmigrante, estuvo de acuerdo en que algunos menores centroamericanos han tenido momentos difíciles en adaptarse a su nueva vida en Estados Unidos.
“Mientras que muchos de los niños que vemos están muy contentos por finalmente sentirse seguros y tener oportunidades en las que nunca se atrevieron a soñar, a algunos les vendría bien una ayuda para adaptarse mejor a la vida en Estados Unidos”, dijo Little. “Muchos se vieron obligados a trabajar a temprana edad en su país con el fin de sobrevivir y por ende no tuvieron la oportunidad de avanzar en la escuela. Muchos también ahora sienten la necesidad de trabajar para ayudar a saldar la deuda que tienen con los coyotes que facilitaron su difícil viaje”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de febrero de 2015, 7:04 p. m. with the headline "Cómo viven los niños inmigrantes al año de cruzar la frontera."