Eduardo Padrón, el campeón de los alumnos menos afortunados
Cuando la madre de Eduardo Padrón lo puso en un avión en Cuba con destino a Miami en 1961, le dio un consejo: “No importa lo que suceda, tienes que estudiar. Tienes que ir a la universidad”.
Padrón, que en ese momento tenía 15 años y a quien el martes le otorgarán en la Casa Blanca Medalla de la Libertad, cumplir el sueño de su madre fue un reto. Como muchos cubanos jóvenes a quienes sus padres enviaron solos en una ola migratoria conocida como la Operación Pedro Pan, Padrón llegó sin dinero y hablaba poco inglés, estaba desorientado en un lugar extraño y batallaba con responsabilidades por encima de su edad. Cuidó de su hermano menor y trabajó mientras cursaba estudios secundarios —repartiendo periódicos, sudando durante largas horas en una tintorería sin aire acondicionado, lavando platos y cortando hierba— todo con la esperanza de ahorrar dinero suficiente para matricularse en una de las principales universidades del país.
Pero Padrón fue rechazado en todas las universidades en que solicitó el ingreso, excepto el colegio comunitario local, el precursor del Miami Dade College. Y aunque no era la institución prestigiosa a la que Padrón había aspirado, la escuela fue una revelación, y una inspiración para toda la vida.
“Yo no entendía nada sobre la universidad, pero veía oportunidades en todas partes” recordó Padrón.
Excepto los pocos años que dedicó a su licenciatura y doctorado en otras casas de estudios de la Florida, Padrón, de 72 años, nunca abandonó el Miami Dade College, del que es presidente desde 1995. Graduado de Economía, ha rechazado empleos lucrativos en el sector privado para dedicar su vida a desarrollar la escuela y convertirla en lo que es hoy. La institución, que tiene ocho recintos, más de 165,000 estudiantes y es la mayor escuela de estudios superiores medios de la nación, es también la más diversa. En el proceso, Padrón ha dejado una marca indeleble en Miami y en el corazón y la mente de las decenas de miles de estudiantes que han pasado por las aulas del MDC. También ha ayudado a cambiar la forma en que Estados Unidos piensa sobre educar a sus jóvenes más vulnerables.
El martes, el presidente Barack Obama entregará a Padrón el reconocimiento civil más elevado de la nación, como parte de un grupo de estrellas que incluye a Tom Hanks, Bill y Melinda Gates, Michael Jordan, Bruce Springsteen y otras 15 personas. Es el logro supremo de una larga lista de homenajes y cargos de liderazgo, que incluye nombramientos nacionales por parte de seis mandatarios estadounidenses y como presidente en las principales asociaciones de educación del país.
Sin embargo, Padrón ha permanecido centrado en sus estudiantes y en usar su plataforma nacional para defender la ampliación de las oportunidades de estudios universitarios para jóvenes de bajos ingresos, de minorías e inmigrantes.
“Este es el lugar que abre las puertas y que me dio la confianza y la autoestima”, dijo Padrón. “En esta comunidad, esta es la escuela que ha tocado a casi todos”.
Eso incluye a bancos, empresas e instituciones de gobierno de la Florida, que están llenas de personas —muchas veces a los niveles más elevados— de personas que se han beneficiado de la política de puertas abiertas del MCD. La institución cuenta a legisladores estatales y federales, presidentes de bancos, actores de Hollywood y estrellas de la música entre sus graduados.
“El Miami Dade [College] hace esto de una manera increíble y ofrece a todos una oportunidad”, dijo César Alvarez, alto ejecutivo de Greenberg Traurig, una de los mayores bufetes jurídicos de Estados Unidos. “Allí uno tiene la oportunidad de salir adelante”.
Y Alvarez sabe lo que dice. Cuando se graduó de la secundaria North Miami High a mediados de los años 1960, sus perspectivas de estudiar en la universidad eran lejanas.
“En la secundaria presté mucha atención a las habilidades interpersonales, pero no los estudios. Esa es una manera de decir que era un fiestero”, dijo, riendo. “A final de cuentas llegué al Miami Dade, donde alguien me dio la oportunidad de desarrollar el intelecto. Pero si Miami Dade no me hubiera dado la oportunidad, no sé qué estaría haciendo hoy”.
No todas las ciudades son tan afortunadas de tener una fuerza ecualizadora como el MDC, o un defensor de sus jóvenes menos afortunados.
“El Miami Dade [College] es especial” dijo Donald Graham, ex editor y presidente de The Washington Post. En otras ciudades “no hay una institución de estudios superiores con ese precio, ese índice de graduación y calidad de la educación”.
Padrón, dijo Graham, “es un héroe para todos los que se preocupan por la educación en todo el país”.
En medio de un diálogo nacional sobre cómo hacer la educación superior asequible —un tema que se ha vuelto cada vez más político durante las campañas electorales estatales y nacionales— el MDC es un modelo la educación superior asequible a gran escala.
En otra época una institución con programas de dos años, el MDC ofrece ahora licenciaturas, además de carreras técnicas y programas a corto plazo. Casi tres cuartas partes de los alumnos son de núcleos familiares con ingresos de menos de $36,000 al año. Casi la mitad no creció hablando inglés en casa y muchos son los primeros en su familia en cursar estudios superiores.
El MDC invierte muchos recursos en ayudar a estos alumnos, que con frecuencia no tienen la preparación adecuada, para salir adelante, ofreciéndoles clases intensivas de Inglés, horarios flexibles para acomodar a los que trabajan, y los ayuda a solicitar asistencia financiera para cubrir la matrícula anual, que oscila entre $3,500 y $3,800.
“Han encontrado varias formas de ofrecer acceso a estudiantes que tratan de combinar el trabajo con las responsabilidades familiares y los estudios universitarios. En la realidad, esto es en extremo difícil”, dijo Molly Corbett Broad, presidenta del American Council on Education. “[El MDC] ha sido un ejemplo que creo es observado y copiado en todo el país. Eso es algo que no se puede decir muchas instituciones”.
Padrón cree que encontrar una forma de ofrecer esas oportunidades es vital para el futuro de la democracia en Estados Unidos. En una era de reducción de fondos para la educación superior, Padrón se preocupa por la capacidad de instituciones como el MDC para financiarse a sí mismos.
“Soy un gran creyente en la idea de que el talento es universal, pero las oportunidades no”, dijo. Ya se acabaron los días de poder mantener a una familia con un empleo de obrero, dijo Padrón. “En la economía moderna, no tener un título de educación superior “es básicamente quedarse en el ciclo de la pobreza”.
Es una causa que Padrón ha tomado no sólo en su papel de presidente del MDC, sino también en su vida diaria.
“El Dr. Padrón recluta estudiantes para la escuela y digo eso con una sonrisa porque a todas partes que va, no importa de dónde sean las personas que conoce, recluta estudiantes”, dijo Malou Harrison, presidenta del Recinto Norte del Miami Dade College. “Cuando yo era su jefa de personal, regresaba de sus almuerzos de trabajo y siempre tenía un pedazo de papel con un nombre y un número de teléfono. Una camarera, alguien en la tintorería, alguien a quien conoció caminando por la calle, regresaba y me decía: ‘Malou, tenemos que conseguirle una plaza en la escuela a esta persona. Necesitan estudios superiores. Por favor, llámalo ahora mismo’ ”.
Para conseguir apoyo, Padrón trabaja con todas las fuerzas políticas y es un maestro de los contactos. La revista del MDC, por ejemplo, por lo general tiene varias páginas de fotos llamadas “Momentos del Presidente”. La edición más reciente incluye una foto de Padrón con Hillary Clinton y otra con Donald Trump, entre numerosos otros poderosos nacionales e internacionales que han visitado la escuela en meses recientes.
Pero a la hora de defender al MDC, no tiene temor en hacer presión o entrar en conflicto.
“Es una de las personas más humildes y abnegadas que conozco, y lo que realmente le interesa son los alumnos, la comunidad”, dijo Armando Olivera, presidente retirado de Florida Power & Light y amigo cercano. “Pero eso no significa que cuando pone la mira en algo no sea incansable”.
Es esa atención especial la que ha traído tantos eventos culturales a Miami e incluso ha ayudado a dar forma a la ciudad. El MDC celebra la Feria del Libro de Miami, festivales de cine y conciertos para los habitantes de la ciudad, y su Recinto Wolfson ha sido un factor en la transformación del centro de Miami en un centro cultural.
Pero eso también ha hecho que en ocasiones se meta en problemas. Hace unos años tuvo que buscar un tono conciliador después de comentarios a la Junta Editorial del Miami Herald sobre cuatro legisladores estatales que él opinaba que estaban tratando de eliminar un proyecto de ley que permitía a los electores decidir si aprobaban un aumento al impuesto local a las ventas para ayudar a financiar la reparación de instalaciones del MDC. Decir que los legisladores se comportaban como “bravucones” y cuestionarse el compromiso de un legislador con la educación superior porque había dejado los estudios universitarios no le ganó amigos a Padrón en Tallahassee. La propuesta fracasó.
Pero su disposición a impugnar a los poderosos y defender a los débiles le ha ganado mucho respeto entre los alumnos.
Uno de estos alumnos es Gaby Pacheco, quien asistió al MDC a mediados de los años 2000 después de emigrar a Estados Unidos desde Ecuador cuando era una niña. Conoció a Padrón a través de su trabajo como presidenta de la asociación de estudiantes y lo considera un mentor y amigo. Cuando la policía registró la casa de Pacheco mientras estudiaba en el MDC, Padrón consiguió que uno de los mejores abogados de la ciudad impidiera que la deportaran.
Pero hay otro momento, quizás menos dramático, del que Pacheco no se olvida.
Cuando cursaba el segundo año, a Pacheco le pidieron que presentara al entonces candidato a la vicepresidencia, John Edwards, quien fue al MDC a hablar en la campaña presidencial del 2004. A última hora, después que Pacheco había escrito y ensayado su discurso, las autoridades de campaña decidieron que el senador Bill Nelson fuera quien presentara al candidato.
Pacheco estaba en un salón con Padrón y otras autoridades del MDC cuando la campaña de Edwards llamó para avisar del cambio. El helicóptero de Edwards ya había aterrizado y cientos de personas estaban esperándolo en el gimnasio para escucharlo.
“Gaby, ¿escribiste tu discurso?”, le preguntó Padrón.
Pacheco le dio que sí, pero que eso no era un problema si no iba a presentar al candidato.
“No”, dijo Padrón. “Te esforzaste en redactar ese discurso. Lo vas a presentar”. Entonces se dirigió al personal y les dijo. “Si Gaby no lo presenta, no hacemos la actividad”.
Eso fue todo. Porque en la “fábrica de sueños” de Padrón, como él mismo dice, todos tienen el mismo derecho al sueño americano.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de noviembre de 2016, 5:56 p. m. with the headline "Eduardo Padrón, el campeón de los alumnos menos afortunados."