Los desamparados, asignatura pendiente para las autoridades de Miami
Los compradores salían del supermercado Publix en la calle 3 del suroeste, en la frontera entre la opulenta zona de Brickell y el humilde barrio de La Pequeña Habana, con las manos llenas de bolsas.
Caminaban la tarde del 24 de diciembre hacia sus carros, muchos sin notar que a unos pocos pasos, detrás de la verja de alambre del estacionamiento, más de una docena de desamparados acomodaban sus cartones y sábanas para pasar ahí la noche. Para estas personas sin hogar, era una noche como cualquiera de las otras que pasan debajo de la carretera Interestatal 95, en la avenida 4 del suroeste.
“No sabía que durmieran personas ahí, y eso que vengo a este supermercado siempre”, dijo una mujer que realizaba sus compras. “Nunca los he visto”.
Es una de las grandes paradojas de Miami-Dade, un condado donde viven personas extremadamente ricas y otras muy pobres. Un área en la que decenas de personas duermen en las calles, cerca de torres con apartamentos vacíos. Esa realidad es evidente, por ejemplo, en el downtown de Miami, donde a diario hay gente que pasa la noche en las entradas de las tiendas y oficinas cerradas. También cerca del Centro de Gobierno condal, por el centro de la ciudad, donde personas sin hogar cuelgan sus ropas a secar en las verjas de alambre debajo de la carretera Interestatal 95.
Debajo de la I-95 (2nd ave and 2nd st SW) conté al menos 12 desamparados. Usualmente muchos más se refugian ahí #Matthew @elnuevoherald pic.twitter.com/x9QXmbOjaP
— Brenda Medina (@BrendaMedinar) October 6, 2016
De acuerdo con cifras de agosto del 2016, del Fideicomiso para los Desamparados del Condado Miami-Dade, en las calles de esta comunidad hay unos 1,126 desamparados, 59 más que en agosto del 2015. Esa cifra es mucho menor que en la década de los 1990. En esos años más de 6,000 personas llegaron a vivir en las calles del condado, antes del llamado Acuerdo Pottinger, que protege algunos derechos de los sin hogar, y llevó a la creación de albergues con miles de camas y otros recursos. Tras el acuerdo, que fue el resultado de una demanda federal, se creó el fideicomiso, que hoy cuenta con un presupuesto de millones de dólares.
Pero el desamparo continúa siendo un reto para Miami-Dade. De acuerdo con especialistas, un alto porcentaje de esas personas que viven en las calles son desamparados crónicos, que se niegan a aceptar albergue porque ya no se acostumbran a estar entre cuatro paredes. Otros tienen problemas de adicción o de salud mental. Y hay quienes están desempleados, o no pueden pagar las rentas, en un condado que regularmente está incluido en las listas de las áreas de Estados Unidos con los costos más altos de vivienda.
Mientras que el Fideicomiso de los Desamparados no puede controlar el mercado inmobiliario, nuestra meta es hacer del desamparo una situación poco común
Ronald Book
director del Fideicomiso de los Desamparados de Miami-Dade“Mientras que el Fideicomiso de los Desamparados no puede controlar el mercado inmobiliario, nuestra meta es hacer del desamparo una situación poco común, breve y que no se repita”, dijo en una declaración escrita Ronald Book, director del Fideicomiso. “El año pasado, invertimos bastante en recursos adicionales para crear hogares permanentes para familias y los más vulnerables y asistencia con la renta”.
Al principio del 2016 hubo un aumento entre las familias que entraron al sistema de asistencia de desamparados, según cifras que el Fideicomiso dio a el Nuevo Herald en julio. Apenas en el primer trimestre del año, unas 488 familias habían contactado a las líneas de ayuda para pedir asistencia, casi la mitad del total del año 2015.
“Yo sé que no es políticamente correcto decir que es una crisis”, dijo en ese entonces Sergio Torres, Coordinador de Servicios para los Desamparados de la Ciudad de Miami. “Pero no sé de qué otra forma llamar la situación que se está viviendo en Miami con las familias desamparadas. Cada vez son más”.
Book dijo que en los últimos dos meses el Fideicomiso pudo acomodar a más familias en hogares, que las que entraron en el sistema de asistencia. La agencia tuvo un año difícil, tras perder $6 millones en subsidio federal, aunque en diciembre anunciaron que este año no enfrentarán recortes de los fondos del gobierno federal.
El numero de personas sin hogar, pero que duermen en albergues es de 2,927, de acuerdo con las cifras de agosto del Fideicomiso, que hace un reporte dos veces al año. En agosto del año pasado 3,000 personas dormían en albergues.
Una de las familias que recibió asistencia para desamparados en el 2016, fue la de Modesta Mederos, de 83 años, su hija Zurama, de 50, y su nieta Erika, de 19. La familia Mederos se preparaba para pasar la noche en una parada de autobús cerca de un cementerio de Miami, junto a sus mascotas, cuando un equipo enviado por la agencia de ayuda las recogió y las llevó a un motel.
Zurama dijo a el Nuevo Herald que aunque su familia recibe dinero mensual por ayuda del gobierno y el retiro de Modesta, no podían encontrar un hogar porque no les alcanzaba para pagar las altas rentas.
“Esto es imposible, todo está muy caro, tienes que tener crédito, hasta para alquilar un efficiency te piden miles y miles de dólares”, se quejó Zurama, en una entrevista con el Nuevo Herald en julio.
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Esta historia fue publicada originalmente el 1 de enero de 2017, 1:33 p. m. with the headline "Los desamparados, asignatura pendiente para las autoridades de Miami."