Arte callejero en Miami, iniciativa de integración
La palabra “grafiti” es todavía para muchos sinónimo de vandalismo o ilegalidad. Pero dos artistas callejeros locales de origen latinoamericano quieren demostrar que una cosa no tiene que ver con la otra.
Se trata de los puertorriqueños Rey Jaffet, de 20 años, y Enrique “Sero” Cruz, de 45, quienes en un trabajo conjunto de más de 200 horas, pintaron dos murales de entre 5 y 8 pisos de alto cada uno en las paredes del hospital Miami Jewish Health Systems.
“El grafiti ha evolucionado hasta convertirse en una forma de arte urbano legítimo, y ha llegado a Miami para quedarse como un emblema de su riqueza cultural”, dice Enrique, quien tiene una experiencia de más de 30 años en el arte callejero.
El Hospital contrató a los jóvenes artistas para darle otra cara a sus instalaciones y crear una conexión con los barrios aledaños de Wynwood y La Pequeña Haití. “Queremos volvernos una extensión de nuestro vecindario. Muchos de nuestros pacientes son personas mayores con problemas de memoria, y para protegerlos nos valemos de muros gigantes. Este proyecto busca derribar estos muros simbólicamente, y convertirlos en un vínculo estético entre nuestro campo y la comunidad”, dice Dana Kulvin, vocera del Miami Jewish.
Para Enrique y Rey esta es una oportunidad de establecerse profesionalmente dentro de los círculos comerciales del arte que son tan difíciles de penetrar en Miami, y demuestra como ha cambiado la percepción hacia el arte callejero en la ciudad.
“Que nos aprecien comercialmente es una de las muestras de que el grafiti y el arte callejero son tan competentes y especializados como cualquier otro tipo de arte”, dice Rey.
La iniciativa del hospital se une a la idea principal del distrito artístico de Wyinwood de crear una ciudad más incluyente; la estrategia de transformar zonas anónimas, o a veces marginales, en espacios de esparcimiento artístico ha traído al sector de Wynwood grandes oportunidades comerciales y lo hace un epicentro del arte callejero en el mundo.
¿ARTE O VANDALISMO?
Enrique y Rey reconocen que el tagging, como llaman a las particulares firmas de los grafiteros en espacios privados, se gestó desde la clandestinidad y algunas padillas los usan para marcar su territorio.
“Es como una iniciación; gana más nombre el que llega pintar en un lugar de difícil acceso, o que esté muy custodiado por la policía. Es la forma en que un grafitero se puede dar a conocer dentro de su gremio” cuenta Enrique. “Pero también por su técnica; nadie va a pintar encima de un trabajo bien realizado y superior, luciría ridículo”.
Si bien el factor de lo intrépido y lo prohibido es un elemento recurrente en los grupos de grafiteros y en su sistema de estatus, tener el permiso de los dueños de espacios privados para pintar en sus paredes contribuye a que los escritores de grafiti embellezcan sus obras con más elementos de diseño, muchos de ellos tomados de la cultura popular.
“La mayoría de las personas no saben sobre la preparación que hay detrás de un buen grafiti, o yendo más lejos, de un mural urbano; son horas de dibujo, de elegir la técnica, los materiales y colores adecuados. Todo eso lo tiene preparado el grafitero o artista callejero antes de llegar a una pared. La ilegalidad es entonces un inconveniente, porque necesitas el tiempo para hacer las cosas bien”, dice Rey.
El joven de 20 años, que comenzó a pintar hace más de cinco, resalta la importancia que ha tenido para él hacer trabajo de investigación y educarse en varios tipos de arte, como el clásico y el industrial. “Así encontré mi marca personal”, dice.
Ahora es alumno de primer año en la escuela de arte The New World School of Arts, en Miami Dade. Pero según él, “jamás hubiera podido aprender el manejo del aerosol y los métodos del arte callejero en la escuela. El que quiera dedicarse a esto, debe entregarse por completo, sin más opción que aprender por su cuenta”.
Rey menciona que optó por buscar la instrucción de Enrique para aprender a grafitear, ya que ninguna escuela oficial de arte enseña dentro de sus programas académicos las técnicas del grafiti, lo que alimenta la idea de que el arte callejero es una práctica informal.
“Tiene mucho que ver con la estigmatización que carga todavía el grafiti y el arte callejero dentro de las academias. Es visto más como un fenómenos social de tribus urbanas y no como lo que realmente es, un fenómeno artístico”, dice Rey.
Una galería en las calles
Más allá de sus niveles de sofisticación, los trabajos de los grafiteros experimentados tienen un elemento común que los separa del resto de las expresiones artísticas: su carácter netamente público.
“Muchas veces la gente no entra a las galerías, no tienen acceso, porque esta limitado a unos cuantos, puede ser hasta elitista. El arte callejero en cambio es para todos, las calles son una galería gratuita abierta al público las 24 horas”, dice Enrique.
De ahí la importancia de crear espacios de promoción de este tipo de arte; los artistas callejeros tienen la oportunidad de salir del anonimato y que su mensaje tenga un impacto más amplio, más allá de sus propios círculos; “esto crea comunidad”, agrega.
Cuando el arte callejero se incluye en la dinámica de la ciudad, ya sea con proyectos como Wynwood, o por iniciativas comerciales, se crea una conexión entre la comunidad y los artistas. Las reglas del juego cambian, la gente se ve identificada con el trabajo de estos jóvenes, que deja de ser visto como algo ilegal, para ser un elemento de integración.
Según Enrique “hay que convencer a Miami de alimentar a sus artistas callejeros, porque su trabajo puede lograr un impacto de enganche con el vecindario; además es bueno para los negocios y el desarrollo de la comunidad”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 14 de marzo de 2015, 5:25 p. m. with the headline "Arte callejero en Miami, iniciativa de integración."