Los pavos reales, un bello dolor de cabeza para los vecinos de Coconut Grove
A la sombra de los robles, los residentes que han vivido durante décadas en una esquina acogedora, pacífica, perfumada de jazmines del norte de Coconut Grove, paseaban a sus perros, cultivaban sus jardines, se intercambiaban recetas y seguían el viejo mandamiento de amar a tu prójimo.
Y en eso llegaron los pavos reales. Y se multiplicaron. Cuando no andaban abriendo en abanico su majestuoso plumaje, producían prodigiosos montones de heces. Chillaban las 24 horas de día. Picotean la reluciente pintura de los autos, porque sus cerebros de pajarito confunden su propio reflejo con rivales. Se comen las flores. Arrancan tejas. Se pasean por las calles en bandadas. Anidan en los árboles y excavan huecos polvorientos en el césped. Tienen crías, que crecen defecando, chillando, arañando y acabando con todo.
Autobuses de turistas con dos niveles atraviesan las frondosas calles, sueltan pasajeros que toman fotos y echan colillas de cigarro en el césped de las casas.
En estos momentos, el vecindario está dividido. Una profunda enemistad divide a quienes adoran y alimentan con comida de gatos a los lindos pavos reales los que llaman Cookie y Peg Leg Pete de los que detestan y mantienen alejados a esos pájaros molestos. Han llamado a la policía y acusan a sus vecinos de envenenar o maltratar a los pavos reales. Los han denunciado al departamento de cumplimiento de códigos en venganza.
“Discusiones, insultos, peleas a puñetazos, la cosa está descontrolada, de la misma manera que la población de pavos reales está descontrolada”, dijo Frank Cabreja, ex presidente de la Coalición de Calidad de Vida de Coconut Grove que vive en Natoma Street. “Nuestra calle es un ejemplo del conflicto entre las personas que los encuentran lindos y personas como yo que los consideramos un problema serio de salubridad e higiene públicas. Si estuviéramos hablando de ratas inmundas en lugar de aves hermosas, ya se hubiera hecho algo. No deberíamos esperar a que suceda un horrible incidente entre vecinos apasionados”.
Todo esto ha sido causado por el pavo real, que es el ave nacional de la India, una criatura espectacular con sus tonos de azul y verde iridiscentes, colas con largas plumas marcadas con diseños distintivos en forma de ojos y una cabeza coronada que la hace parecer un invitado cubierto de joyas a un baile imperial.
El pavo real fue probablemente introducido en Coconut Grove por propietarios de viviendas que querían un adorno deslumbrante en sus jardines. Pero se han extendido a Coral Gables, Key Biscayne, hacia el norte hasta El Portal y hacia el sur hasta Palmetto Bay, causando tensiones dondequiera que aterrizan.
Nadie en los gobiernos de la Ciudad de Miami, el Condado Miami-Dade o el estado parece saber qué puede hacerse acerca de ellos debido a que la ciudad se considera un refugio para las aves y las leyes del Condado prohíben tocar los huevos o atrapar y sacar a los pavos reales a menos que sean transferidos a un lugar protegido.
Hasta Ron Magill, el director de comunicaciones de Zoo Miami, que no mata ni una mosca –y que probablemente construiría una zona de conservación de las moscas si pudiera– no entiende la obsesión con alimentar a los pavos reales silvestres, algo que no debe hacerse bajo ninguna circunstancia. Los mismo que la serpiente pitón y el pez león, los pavos reales son una especie no nativa que ha roto el equilibrio de la naturaleza, y de los vecindarios.
“El sur de la Florida es como un Club Med para animales exóticos e invasivos”, dijo. “La gente piensa que en vez de un flamenco plástico pueden tener un pavo real vivo en su jardín. Pero los pavos reales no son de aquí. Son vectores de transmisión de enfermedades y parásitos, dañan las propiedades y causan contaminación de ruidos. No tienen depredadores naturales aquí. Las aves son los vertebrados más agresivos del planeta. Aunque no sea culpa de ellos, estos hermosos pájaros se han convertido en una plaga.
“Yo entiendo que las personas los quieran, pero hasta los amantes de los animales perderán la paciencia cuando resbalen en las heces de los pavos reales y se caigan”.
Cathy Moghari es una amante de los animales. Sus vecinos le llaman la Intérprete de los Pavos Reales. Al menos una docena de pavos reales se han asentado en su casa en Crystal Court. Comen semillas de girasol de su mano y se le acercan cuando ella chasquea la lengua.
“Pienso que es una bendición despertar y verlos por la mañana”, dijo Moghari, llamando a Blue por su nombre. “Esto es como un paraíso, y si no puedes entrar en comunión con la naturaleza en Coconut Grove deberías vivir en un rascacielos”.
Moghari ha llevado pavos reales atropellados por los carros o heridos a pedradas a la Estación de Aves Marinas de Pelican Harbor. Ella ha visto gavilanes y zorros capturar a los pichones. Ella estima que en el vecindario viven alrededor de 60 pavos reales.
“A mí me siguen hasta 20 por la calle”, dijo, mientras los chillidos de las aves la interrumpían. “Tienen 15 formas diferentes de voces, y te responden cuando los llamas. Aquí tenemos muchos robos en los autos, y funcionan como centinelas, gritando para alertarte”.
¿Y toda esa caca? Se encoge de hombros y sonríe: “Todas las criaturas lo hacen”.
Gerry Smith, amiga de Moghar, también trata a los pavos reales como mascotas, y alimenta a Cutie, Cuckoo y Cookie con semillas y galletitas para animales en la entrada de su casa, donde les ha puesto un cuenco con agua.
“Con los pavos reales no hay nada a medias”, dijo Smith. “O los adoras o los detestan. Pero ellos son como Coconut Grove: ellos tienen carácter”.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de abril de 2017, 7:47 p. m. with the headline "Los pavos reales, un bello dolor de cabeza para los vecinos de Coconut Grove."