Sur de la Florida

‘No es imposible’, estudiante desamparado se gradúa del Miami Dade College

El día que estaba llenando su solicitud para entrar a la universidad, en la primavera del 2015, Enrique Sepúlveda se encontró en una encrucijada al tratar de responder sobre su dirección.

Para muchos es una respuesta sencilla. Para Sepúlveda, que entonces tenía 19 años, representaba la situación más complicada de su vida. ¿Debía escribir la de la casa de su novia, la de su antiguo hogar, o la de la vivienda abandonada donde ahora se estaba quedando?

Desde hacía casi dos años, vivía ilegalmente en una casa de un barrio de Miami que estaba en ejecución hipotecaria, luego de que su madre los botara a él y a su hermana a la calle. Sepúlveda decidió arriesgarse y escribir la dirección de la casa abandonada.

Hoy piensa que entrar a Miami-Dade College (MDC) ha sido la mejor decisión de su vida.

El sábado, luego de dos años de estudios en el recinto Wolfson de MDC, Sepúlveda, que hasta hace unas semanas vivía en el refugio Camillus House, se graduó con un diploma de Asociado en Artes, con especialización en Ciencias Políticas. Y eso es apenas parte de lo que ha logrado.

Sepúlveda fue electo vicepresidente del gobierno estudiantil del recinto Wolfson el pasado marzo, y obtuvo una beca para estudiar en Indonesia este verano. Ahora planea transferirse a una universidad estatal (probablemente Florida State University) para obtener su licenciatura. Después quiere estudiar una maestría en administración pública o ingresar al ejército.

“He tenido que superar muchos obstáculos”, contó Sepúlveda, de 22 años y nativo de Miami. “Pero la gente necesita saber que mi historia no es única, hay muchos en la misma situación que yo”.

Entre el 2011 y el 2017, más de 770 estudiantes que califican como desamparados se han inscrito en Miami-Dade College. Esa cifra incluye personas que duermen a la intemperie, los que viven en albergues, pasan las noches en el sofá de la casa de un amigo o familiar (couchsurfing), o pasan las noches en sus vehículos.

A nivel nacional, más de 56,000 estudiantes universitarios que presentaron la solicitud de ayuda financiera federal (FAFSA) en el 2014 declararon ser desamparados, según un reporte del Washington Post. De acuerdo con un estudio nacional publicado en marzo por el Wisconsin Hope Lab, el 14 por ciento de los estudiantes de colegios universitarios comunitarios (community colleges) son desamparados. El estudio en el que participaron 33,000 estudiantes de 70 universidades, reveló que un tercio no tiene la comida diaria asegurada.

Sin embargo, representantes de organizaciones nacionales que ayudan a los jóvenes sin hogar calculan que podría haber más. Muchos no buscan ayuda por vergüenza debido al estigma asociado con ser desamparado o porque desconocen de los recursos disponibles.

Por ejemplo, en Florida existe una exención en el pago de la matrícula universitaria para estudiantes que puedan mostrar evidencia de que son desamparados. También bajo los reglamentos federales, los estudiantes sin vivienda estable podrían calificar para recibir un descuento en sus matrículas.

Sepúlveda, quien ahora vive con su novia, dijo que al principio se avergonzaba de contar su historia y que conoce a otros jóvenes que se sienten igual.

“Definitivamente hay vergüenza asociada con ser desamparado”, dijo. “Yo he conocido mucha gente a quienes echan de su casa simplemente por ser quienes son, muchachos que son gay o lesbianas y sus padres no los quieren”.

Otros terminaron en la calle luego de que sus padres murieran, o porque sus familiares tienen problemas, como abuso de drogas, y viven en un ambiente conflictivo, contó Sepúlveda, quien vivió en el albergue por 7 meses, con otros 11 jóvenes de entre 16 y 24 años.

“El proyecto es relativamente nuevo, se inició en octubre y la meta es ayudar a nuestros jóvenes a ser financieramente independientes”, explicó Katherine Martínez, directora de vivienda de Camillus House. “La mayoría se quedó sin hogar por asuntos relacionados con su identificación de género. Sus familias no entienden. Muchos han sufrido abuso físico y emocional”.

Sistema de apoyo

Poco después de empezar a estudiar en el recinto Wolfson, Sepúlveda fue a la oficina del programa Single Stop, que ayuda a estudiantes en circunstancias difíciles. Estaba conversando con Wendy Joseph, la coordinadora, cuando el decano del Departamento de Vida Estudiantil, Jaime Anzalotta, pasó a saludarlo.

Anzalotta iba tarde para una reunión.

“Yo estaba corriendo, pero siempre trato de conocer a los estudiantes, especialmente cuando los veo en esa oficina porque sé que si están ahí es porque están atravesando por una situación difícil”, contó Anzalotta. “Cuando escuché un poco de la historia de Enrique [Sepúlveda] le pedí a mi asistente que me cancelara la reunión”.

Terminaron conversando por casi dos horas y el joven le contó sobre su vida.

Su papá se fue cuando él tenía dos años de edad y su hermana Destiny apenas tenía uno; poco tiempo después terminó en prisión. “Hemos hablado pero no tenemos una relación”, contó.

Su madre era muy joven cuando se quedó sola y ellos tuvieron una infancia difícil, mudándose de un lugar a otro en Miami-Dade. De pequeño se quedaba dormido en las clases y entró a la escuela secundaria con un grado promedio de apenas 0.8.

En el 2014, a mediados de su último año de secundaria, hubo una pelea entre su madre, su hermana y su padrastro. Sepúlveda trató de defender a su hermana y la mamá terminó sacándolos de la casa. Se mudaron a la vivienda abandonada y poco después Destiny se fue a vivir con su novio. Luego de terminar la secundaria, Sepúlveda trabajó en la construcción, en jardinería y como vendedor de aparatos de ferretería. Ganaba suficiente para comer y mantener el agua y la electricidad en la casa abandonada.

“Hasta que un día llegaron del banco y cambiaron la cerradura”, recordó. “Me fui a la casa del hermano de mi ex novia, pero después de un tiempo uno se vuelve una carga”.

A pesar de que Sepúlveda insiste en que su situación no es única, para Anzalotta se trata de una historia de superación ejemplar.

“Este muchacho tenía todo en su contra para triunfar y a pesar de ello mira todo lo que ha logrado”, dijo Anzalotta, quien se convirtió en el mentor de Sepúlveda, lo ayudó a conseguir un trabajo a tiempo parcial en la universidad y lo refirió al programa de Camillus House. “Lo que más admiro de él es que quiere ayudar y dar información a otros estudiantes de los beneficios que él ha recibido”.

A través de MDC Sepúlveda se convirtió en participante de Educate Tomorrow, que le dio la beca para viajar este verano. La organización sin fines de lucro de Miami-Dade asiste a jóvenes entre 18 y 24 años que están “en transición” y que buscan continuar estudiando. “En transición” es el término utilizado para los jóvenes que se encuentran sin una vivienda estable por problemas familiares o porque han tenido que salir del sistema de adopción estatal tras cumplir la mayoría de edad.

Pasión por ayudar

Sepúlveda dijo que descubrió su verdadera pasión, que es el servicio público, gracias a su trabajo asistiendo a otros estudiantes. Cambió su especialización de Ciencias Ambientales a Ciencias Políticas y se involucró en el gobierno estudiantil. El mes pasado fue seleccionado por el programa Achieving the Dream Scholar, que reconoce a estudiantes sobresalientes nominados por sus universidades.

Ahora le emociona poder viajar al extranjero este verano.

“Esta semana fui a sacar mi pasaporte”, contó entusiasmado, mientras hablaba sobre su viaje de estudios a Indonesia. “Es algo con lo que antes nunca había soñado. Quiero viajar, irme lo más lejos de Miami posible para aprender y ganar perspectiva de vida”.

Siga a Brenda Medina en Twitter: @BrendaMedinar

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de abril de 2017, 6:06 p. m. with the headline "‘No es imposible’, estudiante desamparado se gradúa del Miami Dade College."

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