Sur de la Florida

Odisea de una maestra de Puerto Rico termina en un salón de clases de Miami

Joanyri Hernandez, una maestra de escuela de 40 años, dejó su hogar en Puerto Rico para hacer una nueva vida en Miami, después que el huracán María destruyó gran parte de la isla.
Joanyri Hernandez, una maestra de escuela de 40 años, dejó su hogar en Puerto Rico para hacer una nueva vida en Miami, después que el huracán María destruyó gran parte de la isla. emichot@miamiherald.com

Mientras Joanyri Hernández permanecía de pie al frente de la clase, una docena de alumnos leían La Odisea en sus tabletas y escuchaban la historia de Ulises.

“Los dioses lo habían maldecido, así que nada bueno le esperaba”, le dijo Hernández a los alumnos en la escuela secundaria Barbara Goleman en Miami Lakes. “Va a perder a todos sus hombres, va a terminar navegando solo, y entonces va a llegar a su casa y a encontrarse a hombres insolentes que cortejan a su dama y se comen sus alimentos. Es una odisea, ¿no?”

Sólo dos meses antes, Hernández estaba en medio de su propia pesadilla.

La maestra de 40 años de edad siempre había pensado vivir en Puerto Rico hasta el último día. Su trabajo de maestra de inglés en una secundaria le encantaba y tenía una hija que asistía a la universidad en la isla.

Entonces llegó el huracán María. “Se lo llevó todo”, dijo. “Por donde quiera que uno pasaba solamente había destrucción. En todas partes. Fue horrible. Entonces caí presa del pánico”.

Hernández es una de docenas de maestros puertorriqueños que han sido contratados en escuelas de la Florida en los últimos dos meses, parte de una ola de casi 200,000 personas que han huido de la isla desde que la tormenta devastó a la isla el 20 de septiembre.

El éxodo incluye también a unos 7,200 estudiantes puertorriqueños que se han inscrito en escuelas de la Florida, tras mudarse aquí porque las escuelas en las que estudiaban seguían cerradas.

La mayoría de las familias se han asentado en el centro de la Florida, donde el distrito escolar del Condado Orange ha inscrito a más de 2,100 niños puertorriqueños. El vecino Condado Osceola ha inscrito a otros 1,600.

Otros se han mudado al sur de la Florida. En Miami-Dade hay más de 670 estudiantes puertorriqueños inscritos las escuelas públicas y unos 50 en escuelas católicas locales.

A medida que aumenta la frustración por el alto desempleo y la falta de servicio eléctrico en buena parte de la isla, se espera que la cantidad de refugiados procedentes de Puerto Rico siga aumentando.

Abuela al rescate

Para Eunice González Caro, no fueron los daños que provocó el huracán María —que lanzó un árbol contra el techo de su casa, inundó la cocina y destrozó las ventanas— o siquiera la falta de agua potable, lo que la hizo huir a Miami.

Fue ver a sus tres nietas aburridas y sin poder salir, sin idea de cuándo podrían regresar a la escuela. Una semana después de la tormenta, González Caro comenzó a preocuparse de que Anabel, de 6 años y quien es autista, perdería parte del avance que había logrado con tanto trabajo. Recientemente Anabel pudo trasladarse de un programa especial a una clase normal después de varios años de terapia ocupacional.

Esta semana, dos meses después del paso del huracán, González Caro estaba sentada en el Parque Roberto Clemente de Wynwood, mirando a sus nietas jugar en sus uniformes escolares azules y botas amarillas para la lluvia.

Las tres niñas ya estaban inscritas en la cercana escuela primaria Eneida M. Hartner.

Aunque Gonzalez Caro sólo había planeado quedarse con unos familiares en Wynwood unos pocos meses, temía que regresar a Puerto Rico en medio del curso escolar pudiera afectar más la vida de sus nietas. La escuela de las niñas en la isla todavía seguía cerrada, una de aproximadamente 50 que no habían reanudado las clases para principios de esta semana. Ahora González Caro está buscando trabajo y un lugar permanente para vivir.

“Vamos a tener que esperar a ver qué pasa, tomar las cosas día por día”, dijo.

Se buscan maestros

Para algunos distritos escolares de la Florida, la ola de maestros puertorriqueños llega justo a tiempo. En años recientes, la Florida ha batallado por mantener las plazas de maestros llenas, porque los bajos sueldos han llevado a algunos a buscar otras carreras y a otros a mudarse a otros lugares. El problema se ha exacerbado por el fuerte aumento de la población en el estado.

La profesora Joanyri Hernandez y Joaquín Hernández, director de la secundaria Barbara Goleman de Miami Lakes, hablan con los alumnos el martes sobre la lección del día: La Odisea.
La profesora Joanyri Hernandez y Joaquín Hernández, director de la secundaria Barbara Goleman de Miami Lakes, hablan con los alumnos el martes sobre la lección del día: La Odisea. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Miami-Dade ya ha contratado a 36 maestros puertorriqueños, aproximadamente dos tercios como maestros sustitutos mientras solicitan la plaza fija. En la zona de Orlando, las escuelas públicas del Condado Orange tienen 70 nuevos empleados puertorriqueños, entre ellos 43 maestros. Un puñado de recién llegados han sido contratados en el Condado Osceola.

En un esfuerzo por ayudar a los maestros puertorriqueños a encontrar empleo en la Florida, autoridades estatales han obviado algunas de las exigencias de certificación de enseñanza, como la presentación de transcripciones oficiales de calificaciones universitarias.

El Departamento de Educación de la Florida ha obviado algunas de las reglas para la inscripción en las escuelas y varias instituciones de estudios superiores están ofreciendo matrícula reducida a los puertorriqueños que huyen de la devastación del huracán. Las autoridades estatales también trabajan con el gobierno de Puerto Rico para ayudar a los alumnos de secundaria a recibir un diploma válido en su tierra mientras estudian en escuelas de la Florida.

Pero incluso con esa ayuda, vivir y enseñar en Miami ha sido un gran cambio para Joanyri Hernández. En Puerto Rico, los alumnos de Hernández lo escribían todo a mano y copiaban las lecciones en sus cuadernos según lo que veían en el pizarrón. En la escuela Barbara Goleman, la mayor parte del trabajo se hace en internet y las lecciones se proyectan en un pizarra interactiva. “Mi primer día aquí fue como estar en una escuela en una película”, dijo.

Pero extrañaba a sus alumnos y colegas en Puerto Rico, y también echaba de menos a su hija. Fue difícil acostumbrarse a hablar inglés todo el día. Y la gente de Miami parecía no hablar mucho con los demás.

En Puerto Rico, Hernández solía conversar con extraños en la fila del mercado. Aquí, dijo, “todo el mundo está en lo suyo”.

“Eso me hizo extrañar mi isla”, agregó. “Me hizo extrañar la hospitalidad de los puertorriqueños”.

A pesar de que extraña su tierra, Hernández no planea regresar a Puerto Rico. La isla que conoce y adora ha quedado destruida.

“Puerto Rico nunca volverá a ser igual que antes del huracán María. Nunca”, afirmó. “Y no quiero regresar a eso”.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2017, 8:42 p. m. with the headline "Odisea de una maestra de Puerto Rico termina en un salón de clases de Miami."

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