Sur de la Florida

Oportunidades y retos en las finanzas personales de Marco Rubio


El senador Marco Rubio habla en Waukee, Iowa el sábado.
El senador Marco Rubio habla en Waukee, Iowa el sábado. AP

Marco Rubio casi abandonó la política.

Estaba tan necesitado de dinero en el 2001 que, justo cuando comenzó su ascenso en la Cámara de Representantes de la Florida, él y su esposa tuvieron que mudarse a casa de la madre de ella. Rubio decidió abandonar Tallahassee y dedicarse a trabajar a tiempo completo como abogado.

Entró en su auto y acabó en la Iglesia Little Flower en Coral Gables, donde se había casado tres años antes. Allí se arrodilló a rezar. “¿Por qué Dios me había permitido llegar tan lejos para entonces dejarme fracasar?”, recordó en sus memorias, publicadas en el 2012.

“Me imaginé diciendo algún día a mis hijos que yo había sido el líder de la mayoría en la Cámara de la Florida, pero que había perdido mi trabajo y había tenido que dejar la política para ganarme la vida… Salí de la iglesia aún preocupado, pero resignado a aceptar lo que viniera. De regreso a casa de mi suegra, mi teléfono celular sonó”.

Un cazatalentos le propuso un puesto en un bufete judicial del condado Broward. El sueldo de $93,000 permitió a Rubio llevarse a su familia a su propia casa, y salir adelante con su carrera política.

Como candidato presidencial republicano, Rubio, de 43 años, se presenta a sí mismo como alguien que comparte los problemas y aspiraciones de muchos estadounidenses. No se trata sólo de unas palabras bonitas sobre el fardo que representan los préstamos estudiantiles; él lo ha vivido. El ha sentido el peso de pagar una hipoteca y mantener a cuatro hijos.

Pero la historia de Rubio provoca asimismo las viejas críticas de que él no ha sido disciplinado en sus finanzas, que recibió favores financieros especiales y abusó de los fondos de su campaña. La misma revela cómo los ingresos de un político de carrera aumentaron con el aumento de su influencia en Tallahassee, incluyendo un trabajo de $300,000 al año en un bufete colectivo que le llegó al mismo tiempo que él se aseguraba el puesto de Presidente de la Cámara.

En la actualidad, Rubio no es un millonario como muchos de sus colegas del Senado o algunos de sus rivales de campaña presidencial, y su perfil es enormemente diferente del último nominado republicano, Mitt Romney. Pero ese golpe divino de suerte hace 14 años –“¿Sería un milagro?”, escribió Rubio– lo ha puesto en el camino del confort.

De hecho, el libro en que él revela que casi tuvo que renunciar a la política le ha dado ganancias netas de casi $1 millón, permitiéndole pagar finalmente más de $100,000 en préstamos estudiantiles.

“El puede representar los dos extremos de la paradoja. Nosotros queremos a personas que salgan de la nada, mucho mejor si tienen raíces inmigrantes. Y luego, si les va bien, tendemos a resentir su éxito porque ese es el Sueño Americano que todos quieren para sí mismos y para sus hijos”, dijo Barbara Perry, investigadora principal del Programa de Historia Presidencial Oral del Centro Miller de la Universidad de Virginia.

“El tiene que desarrollar una historia atractiva sobre realizar el Sueño Americano sin hacer que parezca que él se ha separado de las personas comunes”, agregó.

Para Rubio, eso viene con sus muy mencionados préstamos estudiantiles y la característica historia de sus padres, los inmigrantes cubanos que trabajaron como empleada de tienda y barman.

“Ellos nunca se hicieron ricos”, dijo en el discurso de anuncio de su campaña presidencial el 13 de abril en Miami. “Pero ellos éxito. Dos inmigrantes con poco dinero y menos educación encontraron trabajos estables, se retiraron con la vida asegurada y dieron a sus cuatro hijos una vida mucho mejor que la que ellos tuvieron…

“Pero ahora, demasiados estadounidenses están empezando a dudar de si todavía sea posible alcanzar ese sueño. Familias laboriosas que viven al día, y a las que un gasto inesperado puede llevarlos al desastre”.

Su labor como abogado

Rubio, quien estudió en la Escuela de Derecho de la Universidad de Miami, quería hacerse fiscal pero sabía que eso no pagaba bien. En 1996, Al Cárdenas, benefactor que Rubio había conocido en la campaña de Bob Dole, le ofreció trabajo en su bufete de Miami. Las leyes de uso de terrenos y zonificación no eran muy interesantes para Rubio, pero el puesto le pagaba $57,000, y él tenía préstamos estudiantiles que pagar, deseos de casarse y de ayudar a retirarse a su padre.

Trabajar para el influyente Cárdenas tenía además otra ventaja: Rubio sabía que podía incursionar en la política.

Cuando Rubio llegó a Tallahassee en el 2000, no era dueño de una casa, tenía pocas posesiones y ganaba $72,000 tras mudarse a Ruden McClosky, otro bufete judicial. Su formulario de divulgación financiera mostraba $30,000 en “deudas de variadas tarjetas de crédito” y préstamos universitarios.

Su foco constante en la política hizo tirantes las relaciones de Rubio con sus asociados del bufete, y él se puso en contacto con el cazatalentos para que lo ayudara a buscar trabajo en una firma a la que “no le importe que yo esté ausente la mitad del año”.

Eso lo llevó al puesto de $93,000 al año con Becker & Poliakoff, un bufete con una fuerte presencia de cabildeo en Tallahassee. Rubio dijo en su libro que la firma quería expandir una oficina dedicada a casos de uso de terrenos en Miami-Dade.

Para el 2005, cuando Rubio había asegurado su papel como futuro presidente de la Cámara, él tenía un trabajo de $300,000 en otro bufete con fuertes vínculos políticos, Broad & Cassel. La firma había ganado millones de dólares haciendo trabajo legal para el estado y representaba a numerosos intereses de negocios.

Rubio dijo que su sueldo hubiera aumentado de todos modos a medida que su carrera como abogado avanzara.

“No podría decirles qué estaría haciendo si no me hubiera postulado para un cargo público. Hubiera empezado mi propio negocio, o sería socio gerente en un bufete judicial”, dijo al Tampa Bay Times en el 2010, cuando se postulaba para el Senado federal.

La campaña de Rubio se negó a ponerlo disponible para una entrevista con objeto de este artículo, señalando que él ya había hablado de esos temas en su libro. Un representante de Broad & Cassel dijo que la firma sólo podía confirmar las fechas del tiempo que había trabajado Rubio con ellos como “asesoría judicial”, la cual duró cuatro años.

La campaña al Senado llevó a que Rubio fuera sometido a un intenso escrutinio por parte de la prensa y de su rival Charlie Crist, quien vio los problemas financieros de Rubio como una oportunidad de desacreditar su imagen como conservador fiscal de línea dura.

Mucha tela por donde cortar.

Cuando hacía campaña para convertirse en presidente de la Cámara, Rubio creó un comité político para financiar sus viajes y para ayudar a otros republicanos y obtuvo el respaldo que buscaba. Según documentos financieros, la mayor parte del dinero se gastó en costos de oficina y administrativos. Su esposa era quien manejaba las cuentas desde su casa en West Miami.

En un período de 18 meses, Rubio gastó cerca de $90,000 en consultantes políticos y $51,000 en pagos de tarjeta de crédito. Sólo contribuyó con $4,000 a los candidatos. Reportes del Tampa Bay Times y del Miami Herald revelaron que Rubio no informó otros $34,000 en gastos.

Rubio formó otro comité y tuvo más gastos en consultantes. Fue entonces que logró tener acceso a otra fuente de dinero: una tarjeta de crédito que le dio el Partido Republicano de la Florida. Rubio le cargó a la tarjeta más de $100,000 desde noviembre del 2006 a noviembre del 2008, principalmente en viajes y comidas. En una ocasión utilizó la tarjeta para pagar un arreglo de $1,000 para la minifurgoneta de su familia que según dijo, dañaron los parqueadores en un evento político.

Rubio insiste que no obtuvo ninguna ganancia personal. Culpa sus errores a no estar preparado para llevar todos los papeles y también a su propio desorden. “Por ejemplo, una vez saqué la tarjeta equivocada de la billetera”, escribió. En otra ocasión dijo: “Mi agente de viajes utilizó por error la tarjeta que no era para pagar una reunión familiar en Georgia”.

“En cada ocasión, identifiqué los cargos y pagué los costos yo mismo, directamente a American Express. El Partido Republicano de la Florida no pagó ni una sola cuenta. Sin embargo, pensándolo bien, hubiera deseado no haber pagado nada con las tarjetas”.

En el 2012, la Comisión de Ética de la Florida desestimó una queja ciudadana, basada en informes noticiosos, de que Rubio había usado erróneamente dinero republicano y de campaña “para pagar el estilo de vida que llevaba”.

Una verificación a fondo del uso de Rubio de la tarjeta de American Express se desconoce ya que nunca dio a conocer los estados de cuenta entre el 2005 y el 2006. Los otros estados de cuenta se filtraron a los reporteros.

Para el 2005, Rubio estaba muy endeudado: más de $1 millón por hipotecas en tres casas, préstamos estudiantiles y otras obligaciones.

El empleo en Broad & Cassel le permitió construir una casa más grande en West Miami. Mantuvo la vieja casa para tener una entrada de alquiler y luego compró una tercera casa en Tallahassee junto a su amigo David Rivera. Dicha casa no tardó en pasar a ejecución hipotecaria en el 2010. Recientemente se puso en el mercado por $10,000 menos que lo que pagaron los dos legisladores cuando la compraron. Rivera lleva años en disputa con la Comisión de Ética, y Rubio se ha distanciado de él.

Unos años después, el Miami Herald reportó que Rubio no reveló $135,000 por una segunda hipoteca. Rubio lo calificó como “descuido”. El préstamo lo obtuvo a través de un banco controlado por algunos de sus partidarios políticos y se basó en ua reevaluación que era más alta que cuando Rubio cerró el negocio por la casa 37 días antes. En su libro explicó que pagó en efectivo algunos arreglos y el valor subió debido al “auge inmobiliario”.

Rubio llegó a Tallahassee básicamente en bancarrota y se fue en el 2008, debido a los límites que imponía su cargo, apenas un poco mejor, con unos $8,332 en el banco.

Las conexiones de Rubio

Sus conexiones lo ayudaron con la transición. Rubio consiguió un trabajo como maestro de Ciencias Políticas en la Universidad International de la Florida (FIU), lo que provocó quejas de que la escuela redujo empleos por cuestiones de presupuesto, si bien su salario provenía de fondos privados. Rubio comenzó un negocio de consultoría en el que le presentaba clientes a potenciales socios empresariales.

Otro negocio le permitió obtener contratos como consultor en los hospitales Miami Children y Jackson Memorial. Para tener ingresos adicionales, Rubio trabajó como analista político para Univisión.

En total, reportó haber ganado unos $318,000 en el 2009, un poco menos con relación a un año antes, cuando ganó casi $400,000.

“Estaba contento por poder pasar más tiempo con mi familia”, escribió. “Sin embargo, extrañaba todo el entusiasmo de la política y la satisfacción del servicio público”.

En su siguiente empleo ganaría menos, ya que los senadores ganan $174,000.

Los ingresos de Rubio no son fáciles de conocer toda vez que a los senadores se les exige reportar poco. El Centro de Política Receptiva calculó que los ingresos de Rubio en el 2013 oscilan entre $57,000 y $830,000, con un promedio de $443,000.

Esto coloca a Rubio en el puesto número 83 de 100 senadores en términos de riqueza. Sin embargo, no es una cifra desdeñable, si se compara los ingresos medios del norteamericano promedio, que están por debajo de $69,000, según datos del Censo del 2011.

En unas semanas, Rubio tiene que presentar una planilla financiera ante la Comisión Federal de Elecciones.

Un portavoz de su campaña dijo que Rubio tiene también planeado dar a conocer su declaración de ingresos anter el IRS (pidió una extensión), lo que podría revelar más acerca de lo que gana su esposa en su empleo en una organización caritativa de Miami.

La organización es financiada por Norman Braman, un empresario multimillonario que respalda la candidatura presidencial de Rubio. En una entrevista, Braman no quiso decir cuánto gana Jeanette Rubio pero la elogió como una trabajadora muy esforzada que se dedica a la misión de la organización.

Las sombras del pasado

El pasado de Rubio no lo afectó en su contienda por conseguir un escaño en el Senado, aunque su caos fiscal chocó abiertamente con sus críticas públicas de los gastos y la deuda del gobierno. Sin embargo, a medida que entra en la arena presidencial y con encuestas recientes que indican que va al frente de los candidatos republicanos, igualmente estará bajo un nivel de escrutinio sin precedentes.

Un dossier que compiló un rival de campaña comienza con una cita de Rubio tomada de una entrevista que se transmitió el pasado 14 de abril por MSNBC. Cuando se le preguntó si estaba preocupado sobre sus problemas financieros del pasado, Rubio respondió: “No tengo ninguna preocupación por mis problemas financieros del pasado”.

Rubio después agregó: “Lo que quiero decir es que, básicamente, he sido un empleado de W-2. No tengo inversiones en el extranjero ni nada por el estilo. Aunque admito que mis finanzas son ahora más grandes, lo que hacen es reflejar a las empresas para las que he trabajado más que la gente para la que trabajo”.

En cierto sentido, Rubio está tratando de ahorrarle a sus hijos las dificultades que él ha debido pasar. De acuerdo con divesos documentos, estableció a nombre de sus hijos Planes Universitarios Prepagados de la Florida.

Puede escribirle a Alex Leary, jefe del buró de Tampa Bay Times Washington a aleary@tampabay.com. También puede seguirlo en: @learyreports.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de abril de 2015, 10:15 p. m. with the headline "Oportunidades y retos en las finanzas personales de Marco Rubio."

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