Sur de la Florida

Wish Book: Estudiante de Southridge High necesita una computadora y acceso a internet

Varias veces a la semana Stephanie Flores se queda en la escuela hasta tarde, hasta que los empleados que trabajan en la noche o los custodios la acompañan fuera de la oficina. Si algún maestro o un empleado tiene el día libre, es muy probable ver a la estudiante de 18 años de la secundaria Southridge High inclinada sobre el teclado de una computadora.

Stephanie no tiene computadora en la casa, así como tampoco acceso a internet ni una cuenta de Facebook. No tiene tampoco un teléfono inteligente, una tableta o un e-lector, ninguna de estas maravillas electrónicas. Todo esto hace que hacer proyectos de investigación y solicitar ayuda financiera para entrar a la universidad le resulten cosas sumamente difíciles, toda vez que para hacerlos se necesita una gran cantidad de organización, paciencia y planificación.

“No me importa qué tipo de computadora tenga”, dijo Stephanie. “Cualquier sistema me va a servir siempre que tenga internet. Podría facilitarme mucho las cosas y podría hacer mucho más”.

A la madre de Stephanie, Alba Flores, le preocupa que su única hija pueda perder importantes fechas para solicitar la entrada a la universidades por no tener una computadora. “Nos las arreglamos sin muchas cosas, pero me da mucha pena ver todo el trabajo que pasa mi hija”, dijo Flores con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos. “Es una muchacha muy buena y muy dedicada a sus estudios. Se le puede olvidar comer, pero nunca olvida hacer la tarea”.

Stephanie tiene un horario muy cargado de clases difíciles, entre ellas dos cursos de Advanced Placement. A pesar de algunos obstáculos financieros, ha logrado mantener una excelente calificación promedio de 3.4 y un GPA de 4.4. De igual modo, ha acumulado más de 3,000 horas de servicio comunitario en los cuatro años que lleva en la secundaria.

Este verano, Stephanie asistió al Programa Partners in Progress de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), una colaboración entre FIU y las escuelas públicas de Miami-Dade que le enseñan a los estudiantes de 11no. grado cómo es la vida universitaria ofreciéndoles cursos remediales universitarios. Con la ayuda del director del programa de FIU, Stephanie pudo terminar su solicitud para entrar en FIU. La jovencita también solicitará la entrada en otras universidades del área, entre ellas la Universidad de Miami (UM). De lograr entrar, sería la primera de su familia en asistir a la universidad, un triunfo que su madre valora muy bien.

“Esto es importante para ella, pero también para nosotros”, dijo Flores. “Estamos muy orgullosos de ella”.

Como estudiante de primer año, la dedicación de Stephanie captó atención de Darlene Plummer, especialista en participación comunitaria de la escuela Southridge. Plummer presentó a Stephanie Flores al club Esencia de Hermandad /Mujeres de Mañana. Stephanie no tardó mucho en convertirse en un miembro activo de la Sociedad de Honores Ingleses. Es Plummer quien se asegura que su “niña” tenga acceso a la computadora de la oficina durante las noches y los días feriados.

“Los maestros le asignan proyectos en los días libres, y ¿qué puede hacer ella para investigar e imprimir los trabajos?”, dijo Plummer. “Es triste que no tenga este tipo de cosas, porque realmente es una chica muy trabajadora”.

La atención y la motivación de Stephanie para superar los obstáculos también llamó la atención de Brandy Dávila, consejera de ayuda financiera de uAspire, una organización sin fines de lucro que está asociada a secundarias, organizaciones comunitarias, y universidades y ofrecer consejos de disponibilidad a los jóvenes y sus familias. Dávila fue quien nominó a Stephanie para el Wishbook de The Miami Herald, con la esperanza de que los lectores cumplan con su sueño navideño de tener una computadora, impresora y acceso a internet.

“Ella tiene notas muy buenas, participa mucho en las actividades de la escuela, es una candidata magnífica para ir a la universidad. Lo que necesita es que le den oportunidades. Sin embargo, está limitada por no tener acceso a la tecnología”, dijo Dávila.

La familia de Stephanie siempre ha enfatizado la importancia que tiene la educación. Sus padres, Alba y Nelson Flores, ambos de 56 años, en una ocasión trataron de que fuera a una escuela privada porque querían tener una alternativa a la atestada escuela primaria que había en el barrio donde vivían.

“Siempre he querido que tenga un buen futuro”, dijo Flores, “y creo que eso se obtiene a través de la educación”.

Sin embargo, una serie de despidos laborales terminaron por devastar las finanzas familiares. Nelson Flores no ha podido encontrar un empleo fijo durante casi 10 años, y en la actualidad él y su esposa tienen un pequeño negocio donde venden artículos de piel en un mercado de pulgas. De igual modo, por la noche limpian oficinas y casas. Alba vende productos de Avon y flores. “Hacemos cualquier cosa que haya que hacer”, dijo Alba.

Hace tres meses Alba consiguió un trabajo en la cafetería de la secundaria Coral Reef. Esa entrada monetaria estable es suficiente, “de modo que no tenemos que estar constantemente preocupados en perder la casa”, agregó.

Stephanie quiere estudiar Biología en la universidad y también ser maestra. Le gusta enseñar a sus compañeros. Cuando obtienen una buena calificación, se siente especialmente satisfecha.

“Es un formidable sentimiento explicar algo paso a paso y luego ver que alguien lo entiende”, dijo Stephanie. “Es como abrirles un mundo nuevo”.

Tener internet en la casa le abriría también otro mundo a Stephanie, dijo Dávila de uAspire. “Si hay alguien que puede beneficiarse de una computadora y acceso a la internet, de seguro es Stephanie”.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2013 a las 0:00 a. m..

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