Alcalde suspendido de Miami Lakes, Michael Pizzi, extraña a ‘su gente’
Michael Pizzi, el alcalde de Miami Lakes que fue suspendido ha tenido una mala racha desde su arresto bajo cargos de corrupción pública el verano pasado – y no sólo porque enfrenta la lúgubre posibilidad de ir a prisión.
No puede ir al Ayuntamiento de la Ciudad, no puede hacer sus asados de cerdo rostizado en la calle para los ciudadanos de la tercera edad y no puede entregar juguetes a los niños pobres en navidad.
Ni siquiera puede enviarle su correo electrónico tradicional a sus partidarios, debido a una orden que emitió un juez federal luego de que Pizzi violara su fianza y casi fuese enviado a la cárcel por contactar a un testigo del gobierno.
Atrapado por su cuenta la mayoría de los días en su townhouse cerca de la autopista Palmetto, el eternamente hiperactivo Pizzi dice que se siente como si hubiese perdido la capacidad de respirar.
“Extraño a la gente”, dijo Pizzi, de 51 años, al Miami Herald. “Me está matando día a día”.
La decisión sobre si el alcalde, que ha servido dos períodos, recobrará su vida pública, dependerá del jurado de Miami-Dade en su juicio por soborno, que comienza el martes en una corte federal.
Pizzi está acusado ofensas por conspiración y extorsión por presuntamente aceptar $6,750, mayormente en sobornos en efectivo, durante una operación encubierta del FBI. A cambio, él apoyo unas propuestas federales falsas, supuestamente para estimular el crecimiento laboral, que según la fiscalía, sólo estaban destinados a llenarle los bolsillos.
Pizzi está acusado de colaborar con quien fuera anteriormente un cabildero de Miami-Dade, Richard Candia, quien confesó antes los federales, se declaró culpable y testificará en contra de Pizzi. Otros dos individuos acusados de cargos similares en agosto – el antiguo Alcalde de Sweetwater Manuel Maroño y el cabildero Jorge Forte – también se han declarado culpables y están presos.
De los cuatro acusados, Pizzi tiene el caso con mejor posibilidades de defensa, y ha sido quien ha abogado más fuertemente por su inocencia. Pero de ser encontrado inocente, aún debe justificarle al jurado por qué presuntamente aceptó los sobornos en efectivo: $1,000 de Candia en un café Starbucks; $2,000 de un par de agentes encubiertos del FBI en un salón de billar; y $3,000 de Candia dentro de un closet de la oficina en el Ayuntamiento de la Ciudad de Medley, donde Pizzi trabajaba como fiscal de la ciudad.
Pizzi presuntamente aceptó sobornos en forma de $750 de donaciones hechas a través de cheques, para su campaña de reelección, de parte de un cabildero de Miami-Dade, Michael Kesti.
Kesti, quien no se supone que testificará en el juicio de Pizzi, recibió $114,000 del FBI, incluido un Lexus alquilado, para hacer el papel de un informante del gobierno durante la operación encubierta de 2011 al 2013.
La pregunta más importante que estará pendiente durante el juicio, es si el volátil Pizzi tomará el estrado como testigo de su propia defensa. “Eso es algo que decidirán mis abogados”, dijo Pizzi
Nacido en Brooklyn, Pizzi se mudó al sur de la Florida en 1988, y se “topó” con la política luego de obtener un título en Derecho de la Universidad de Miami. Con los años, ganó una reputación como activista elocuente que se enfrentó a los poderosos mineros de piedra, a los empresarios de bienes raíces y a los comisionados del Condado Miami-Dade.
“El es uno de políticos más inusuales del Condado Miami-Dade”, dijo Darío Moreno, profesor de ciencias políticas de la Universidad Internacional de Florida y encuestador. “Es un populista, es una figura que divide y es uno de los pocos anglosajones que se ha desenvuelto en el mundo político hispano de Hialeah, lo cual para mi es impactante”.
Su primer enfrentamiento político fue en contra de la industria minera, la cual exasperó a los residentes de Miami Lakes con su explotación en el noroeste de Miami Dade. Pizzi dice que entró en la pelea alentado por su esposa, luego de que la madre de ésta se quejara de que casi se cayó de la cama debido a las retumbantes explosiones.
Pizzi demandó a las principales empresas mineras, al tiempo que lideraba protestas en las cuales los residentes de Miami Lakes se acostaban en frente de los camiones que transportaban las rocas. La batalla legal resultó en la implementación de límites de explotación y una compensación, sin precedentes, debida a los daños causados a los propietarios de hogares de esa comunidad.
El estilo combativo de Pizzi volvió a funcionar cuando se enfrentó con una compañía constructora que quería construir un complejo de apartamentos en terrenos de un cementerio de los indígenas americanos ubicado en Miami Lakes.
Y también funcionó cuando autobuses llenos de personas protestando desembarcaron en el Ayuntamiento del Condado para detener el plan de la Comisionada Miriam Alonso de establecer un vertedero de desechos en Miami Lakes.
Pizzi inició una petición para destituir a Alonso de su cargo lo cual conllevó a que ella lo acusara de aterrorizarla – pero al final ella se rindió y votó al igual que otros comisionados para detener la propuesta del vertedero.
Pizzi, quien se cataloga a sí mismo como un político que va contra lo establecido, fue elegido por primera vez al Concejo de la Ciudad de Miami Lakes en 2000, y al cargo de alcalde ocho años más tarde. Pero mientras más poderoso se volvía como alcalde de una pequeña ciudad, más chocaba con los políticos de Miami-Dade en lo que se refiere a temas importantes, como por ejemplo el despilfarro durante la construcción del estadio de los Marlins.
La amenaza de destitución sería el arma predilecta de Pizzi en contra de sus rivales políticos en los próximos años: la Comisionada del Condado Natasha Sejías, cuyo distrito incluye Miami Lakes y el Alcalde del Condado, Carlos Álvarez.
Pizzi lideró la primera cruzada para destituir a Sejías, la cual no funcionó al principio, pero que fue efectiva en 2011.
Ese mismo año, también batalló para destituir a Alvarez aunque el magnate de automóviles Norman Braman, le robó el protagonismo cuando el alcalde fue destituido de su cargo.
Moreno, el encuestador de FIU, dijo que Pizzi cultivó su talento para la “autopromoción”.
“El adquirió ciertas habilidades para conseguir el apoyo de la gente y capturar la atención de la prensa”, dijo Moreno. “A él le gustaba ver su nombre en los periódicos y le gustaba verse convertido en alguien poderoso, especialmente en territorios controlados por los hispanos. Se volvió adicto a que la gente lo escuchara”.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de julio de 2014, 9:19 p. m..