Sur de la Florida

Un carnet, 5 mudas de ropa y llamadas de 10 minutos: así viven los niños migrantes en albergue de Homestead

Niños inmigrantes no acompañados en el Homestead Temporary Shelter for Unaccompanied Children juegan fútbol el 18 de junio del 2018.
Niños inmigrantes no acompañados en el Homestead Temporary Shelter for Unaccompanied Children juegan fútbol el 18 de junio del 2018. erua@miamiherald.com

La mañana del viernes, en el albergue temporal para niños migrantes que reabrió recientemente en Homestead, un grupo de niñas con camisetas rosadas y pantalones cortos azules, caminaba en fila hacia la cafetería. Allí las esperaba el desayuno —huevos revueltos, papas, carne, bísquets y una manzana— servido en bandejas amarillas alineadas sobre un mostrador de metal, al estilo de un comedor escolar.

Good morning”, dijeron entre risas algunas de las chicas, saludando en inglés a un grupo de periodistas que caminaba por el recinto.

Docenas de adolescentes, la mayoría vestidos con camisetas grises y pantalones cortos azules, jugaban futbol en una cancha. Al otro extremo del complejo, unos cinco niños tomaban turnos intentando encestar un balón de basketball mientras una instructora los animaba con aplausos y gritos de “¡Muy bien!”

Son apenas las primeras actividades del horario que comienza a las 6:30 a.m. —la hora de levantarse— e incluye educación física, clases de Inglés e Historia, terapia de grupo y, como es viernes, un show de talento y la oportunidad de ver los partidos de la Copa Mundial.

El viernes, cerca de 20 periodistas de medios locales y nacionales, incluidos reporteros de el Nuevo Herald y el Miami Herald, recorrieron el Homestead Temporary Shelter for Unaccompanied Children. La visita fue guiada por la directora del albergue, Leslie Wood, y no fue permitida la entrada de cámaras u otros aparatos de grabación, ni que los periodistas interactuaran con los menores o los empleados.

El complejo en Homestead es el segundo albergue más grande del país y es administrado por la compañía Comprenhensive Health Services, bajo un contrato de al menos $30 millones. El recinto aloja a 1,179 niños migrantes (792 niños y 387 niñas) de entre 13 y 17 años de edad que esperan reunirse con familiares o guardianes. La mayoría provienen de El Salvador, Guatemala y Honduras, dijo Wood.

Unos 70 de los menores en el albergue fueron separados de sus padres al cruzar la frontera bajo la política de “cero tolerancia” que fue implementada en abril por el gobierno del presidente Donald Trump. A principio de la semana, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) reportó que 94 de los niños en el complejo de Homestead habían sido separados de sus padres. El resto de los niños en el recinto entraron a Estados Unidos solos.

Wood dijo que la cantidad de menores fluctúa a diario, mientras los chicos son entregados a sus familiares. El albergue tiene capacidad para 1,350 menores.

Algunas imágenes del albergue fueron publicadas en días recientes por el HHS. La última vez que los medios entraron al recinto fue en el 2016, en otro recorrido restringido.

Durante el gobierno del presidente Barack Obama, la instalación, un antiguo campo de Job Corps, el programa de educacion del Departamento del Trabajo, albergó a menores que ingresaron ilegalmente al país sin sus padres durante el éxodo del 2014. Los menores estuvieron ahí desde junio del 2016. El albergue fue cerrado en abril del 2017, cuando la cifra de personas que cruzaba la frontera disminuyó significativamente tras la elección de Trump.

Sin embargo, el albergue fue reabierto discretamente el 29 de marzo de este año, poco antes de que el gobierno anunciara la implementación de la política de cero tolerancia.

Las autoridades insisten en que los albergues no son “centros de detención”. Pero los niños y adolescentes no pueden salir hasta que los familiares o guardianes que los vayan a recibir en EEUU completen un extenso proceso que incluye la toma de huellas digitales, revisión de antecedentes y, debido a cambios reciente, verificación del estatus migratorio. Bajo una nueva medida del gobierno de Trump, esa información ahora será entregada al Departamento de Seguridad Interna, una práctica que ha disuadido a familiares indocumentados de reclamar a los menores.

De acuerdo con Wood, un chico trató de escapar en meses recientes. El muchacho corrió por el recinto hasta que miembros del personal lograron detenerlo. Según Wood, el joven “estaba ansioso” pero luego se calmó y pidió disculpas.

El recinto está rodeado de vallas de metal, con una lona verde cubriendo partes de la cerca. También hay guardias vigilando el complejo.

Todos los chicos tienen un carnet que deben pasar por un escáner para entrar y salir de cada uno de los edificios.

El tiempo promedio que un menor permanece en el albergue de Homestead es 25 días, según Wood.

A nivel nacional hay cerca de 12,000 niños y adolescentes en circunstancias similares y el tiempo promedio bajo custodia del gobierno, antes de reunirse con sus familiares, es de 57 días, dijo un vocero de HHS a el Nuevo Herald. En el 2016, el tiempo promedio era 32 días.

Los menores pueden hacer dos llamadas de 10 minutos cada semana para comunicarse con sus familiares u otros contactos.

Las visitas solo son permitidas una vez se haya completado el proceso para establecer un vínculo familiar, y no son muy comunes.

La polémica

La reapertura del albergue se dio a conocer el lunes, cuando la congresista demócrata de Florida Debbie Wasserman Schultz habló sobre la posibilidad de que el gobierno de Trump estuviera enviando menores separados de sus familiares al sur de Florida.

El martes, el HHS les negó la entrada al recinto a Wasserman Schultz, al senador demócrata Bill Nelson y al representante estatal Kionne McGhee, cuyo distrito incluye Homestead. Los legisladores intentaron ingresar al recinto seguidos de varias cámaras de televisión, y dijeron que las autoridades inicialmente les habían dicho que podrían entrar.

En un correo electrónico enviado el martes, HHS anunció que los legisladores podrían visitar el recinto el viernes y el sábado. El viernes estaba pautado que el Senador republicano Marco Rubio recorriera el recinto mientras que Nelson lo haría el sábado.

Mark Weber, un vocero del Departamento de Salud, dijo el viernes que esa agencia trabaja con legisladores para coordinar recorridos, pero que necesitan tiempo para organizarlos de manera que no interfieran con las actividades de los niños.

“No te puedes presentar de la nada y esperar entrar”, dijo Weber. Los legisladores habían criticado que se les impidiera la entrada a un albergue subsidiado con dinero federal y sugirieron que el gobierno de Trump estaba “escondiendo algo”.

El viernes, los periodistas tuvieron acceso a dos dormitorios de niñas, la cafetería, el centro de cuidados de salud, un salón multiuso y aulas escolares que funcionan en grandes tiendas de campañas equipadas con aire acondicionado. Varios de los adolescentes vestían o llevaban en sus manos abrigos. Wood explicó que muchos de ellos no están acostumbrados al aire acondicionado.

Los periodistas no vieron ninguna área dividida con verjas de alambre que asemejen jaulas, similares a las de las fotos de los recintos donde las autoridades de inmigración han retenido a menores en Texas.

“Aquí no operamos así”, dijo Wood.

En los dormitorios había seis camarotes de dos camas cada uno, cubiertas por sabanas blancas y cobijas. Debajo de cada camarote había dos cajas de almacenamiento donde las niñas guardan las cinco mudas de ropa de la semana. Hay un baño por dormitorio. Wood dijo que los menores son divididos por edades en grupos de doce.

Los edificios del complejo están decorados con dibujos hechos por los adolescentes, muchos de ellos de símbolos patrios estadounidenses, como la bandera, el águila y la estatua de la libertad.

Una de las paredes de un pequeño cuarto de entretenimiento en el ala de las niñas - amueblado con un par de sofás negros, un televisor y una mesa con papeles y crayolas- está decorada con un gran dibujo de una niña pelirroja con dos coronas en la cabeza y una camiseta verde con las palabras “Dios te ama”.

También en las paredes de cada edificio hay varios carteles de advertencia con información sobre cómo denunciar el abuso sexual.

Wood dijo que la compañía administradora del albergue contrata al personal para impartir clases, y que no todos los instructores son maestros certificados por el estado de Florida. Durante el gobierno de Obama, el sistema escolar de Miami-Dade proveyó educación para los jóvenes retenidos en ese recinto.

La directora explicó que muchos de los adolescentes llegan huyendo de la violencia en sus comunidades y que al principio muestran mucha ansiedad.

De acuerdo con Wood, desde que los adolescentes entran al recinto, los miembros del equipo que se encargan de sus casos empiezan a trabajar para ubicar a sus familiares e iniciar el proceso de reunificación.

Un bajo número de chicos no tiene ningún familiar esperando afuera. En ese caso son transferidos a albergues permanentes. Algunos serán deportados.

“La mayoría se queda en el país [Estados Unidos] pero no todos”, explicó Wood.

Para los poco más de 70 niños que terminaron en el albergue tras ser separados de sus padres al entrar a EEUU, el futuro es incierto.

Aunque el presidente Trump firmó una orden recientemente para detener a los inmigrantes juntos con sus hijos y no separarlos, funcionarios gubernamentales han dicho que no tienen un plan claro para reunir a los más de 2,000 menores que ya habían sido separados de sus padres.

Incluso en los casos en los que los padres saben donde están sus hijos, no saben cuándo podrán reunirse con ellos.

Siga a Brenda Medina en Twitter: @BrendaMedinar y en Facebook @BrendaMedinaJournalist.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de junio de 2018, 0:18 p. m. with the headline "Un carnet, 5 mudas de ropa y llamadas de 10 minutos: así viven los niños migrantes en albergue de Homestead."

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