Sur de la Florida

Policía de Bal Harbour: Dinero sin límite para gastarlo


La piscina del hotel sea Viewm una de las muchas propiedades relacionadas con las operaciones de la policía de investigaciones de Bal Harbour.
La piscina del hotel sea Viewm una de las muchas propiedades relacionadas con las operaciones de la policía de investigaciones de Bal Harbour. Miami Herald

Tras comenzar su turno como guardia en el Sea View Hotel de Bal Harbour, Wilner Pierre echó una ojeada al grupo de hombres ruidosos reunidos en la piscina, con sus tragos en la mano.

El guardia de seguridad, de 58 años, les dijo que quitaran los vasos del área de la piscina del elegante hotel, construido en la década de 1940. Cuando ellos se negaron, él los amenazó con llamar a la policía.

Y su respuesta fue: nosotros somos la policía.

Los miembros del grupo de trabajo encubierto, una verdadera élite, usaban el hotel de hecho como una especie de base, reuniéndose en la piscina, cenando en el restaurante, pidiendo comidas y bebidas en sus habitaciones privadas.

Para ser un grupo entrenado en mantener un perfil discreto mientras investigaban crímenes financieros, los agentes violaron todas sus propias reglas.

El Equipo de Trabajo de los Tres Condados convirtió una investigación de lavado de dinero en una empresa multimillonaria, gastando a manos llenas en viajes y cenas mientras recogían maletas llenas de dinero de droga en lugares tan lejanos como Los Angeles y San Juan.

Cena en Morton’s

Los agentes viajaron en primera clase por lo menos 21 veces, y a veces se alojaban en hoteles que costaban $350 por noche mientras llevaban a cabo la investigación encubierta a mayor escala del estado desde el 2010 hasta fines del 2012. Hubo cenas en Morton’s en North Miami Beach por $959 y en el Bal Harbour 101 por $1,150.

La administración de Bal Harbour está todavía tratando de rastrear montones de artículos costosos comprados por la policía, incluyendo $100,000 en laptops, iPads y otros equipos electrónicos durante la operación.

“Era un saco de dinero clandestino y sin regulaciones”, dijo Jorge González, quien fuer electo administrador de la villa de Bal Harbour tras la disolución del equipo de trabajo. “Parecía como si tuvieran carta blanca para hacer todo lo que se les antojara”.

La manera que tenía el equipo de trabajo de gastar el dinero es una de las prácticas más preocupantes de la atrevida operación encubierta de la unidad, según descubrió el Miami Herald.

Con escasa supervisión, la unidad especial, compuesta por agentes de Bal Harbour y el Condado Glades, cobraron a grupos criminales un mínimo de $1.7 millones en lo que se convirtió en el fondo de la operación, y un estilo de vida muy lejos del nivel de la mayor parte de la policía.

Desde un simple tráiler a la sombra del centro comercial Bal Harbour Shops, el equipo de trabajo creó una operación que satisfacía la demanda de los grupos criminales. Los agentes podían volar a cualquier ciudad, recoger el dinero rápidamente y mover el efectivo a través de un banco tranquilo y discreto.

Al principio, para pagar por la operación, ellos recurrían a fondos decomisados, obtenidos de confiscaciones de efectivo y otras propiedades y aprobados por los tribunales. Pero, tras meses de recoger el dinero de los grupos criminales, el equipo de trabajo recurrió a una fuente de ingresos que traería cuestionamientos sobre cuán lejos iría la unidad para competir por negocios de lavado de dinero.

Según los poderes que les otorga el Congreso, los equipos de trabajo federales pueden gastar dinero ganado en sus operaciones encubiertas, lo cual incluye usar el dinero que ellos cobran a los criminales por lavar el suyo.

El Equipo de Trabajo de los Tres Condados no era una unidad federal, sino estatal, lo cual significaba que el dinero que usaron era considerado como evidencia. “Ellos hubieran violado la ley”, dijo Pat Franklin, experto de asuntos internos de Miami que en una ocasión llevó a cabo investigaciones para Bal Harbour. “No se puede agarrar ese dinero y gastarlo así como así”.

Sin la aprobación de agencia alguna del gobierno, el equipo de trabajo empezó a usar miles de dólares de las comisiones que cobraba a las organizaciones de narcotráfico.

Luego que varios agentes llegaron a San Juan a recoger $696,000 en el 2010, ellos pagaron por suites en el San Juan Resort & Casino. Los cargos del hotel: $4,536. No está claro cuántos agentes se alojaron en Puerto Rico y por cuántas noches porque los funcionarios de Bal Harbour no consiguen encontrar los recibos.

Richard Weiss, el abogado de Bal Harbour, dijo que él no sabía que el equipo de trabajo se estaba quedando con el dinero que estaban cobrando a los criminales por lavar el de ellos. “Yo ni siquiera sabía que eso [el dinero] existía”, dijo Weiss, cuya firma estableció el acuerdo entre Bal Harbour y el Condado Glades. “Yo no sabía que ellos estaban gastándolo”.

Tom Hunker, el ex jefe de policía de Bal Harbour que creó el equipo de trabajo, dijo que él tenía permiso para gastar el dinero, y que Weiss y el administrador de la villa estaban al tanto de que el equipo de trabajo estaba usando los fondos. “Nosotros no hicimos nada diferente de lo que hacen los agentes federales”, dijo Hunker.

Un estudioso legal de la Florida afirmó que la policía no tiene autoridad para eso. “Ese dinero es evidencia”, dijo George Dekle, profesor de la Universidad de la Florida y ex fiscal del Condado Columbia. “Hay que recurrir a los tribunales para recibir la autoridad para venderlo, convertirlo o destruirlo”. Alfred Treppeda, el ex administrador de la villa que renunció en el 2013, no devolvió llamadas telefónicas.

Durante tres años, los fondos le llovieron al equipo de trabajo, el cual estableció una serie de cuentas de banco encubiertas en SunTrust en Bal Harbour.

El sargento Paul Deitado y el capitán Greg Roye se ocupaban de las finanzas: depositaban efectivo, escribían cheques y, a veces, retiraban dinero para compras en lo que acabaría convirtiéndose en una de las mayores operaciones encubiertas del país.

La mayoría del tiempo, la policía trabajaba enviando el dinero a otros bancos por transferencia bancaria para lavarlo, y quedándose con su porción: 3 por ciento. En una recogida en Nueva York cuatro años atrás — $1.2 millones el Día de San Valentín — la unidad se quedó con casi $40,000 como su porcentaje.

Parte del dinero se dedicó a pagar los costos de la operación: más de $116,000 en pasajes de avión y más de $59,000 en hoteles, mientras los agentes viajaban fuera de la Florida para recoger receptáculos llenos de dinero.

Otros fondos se usaron para compras de lujo: $47,295 en computadoras y otros productos de Apple, $40,000 en computadoras en PNSI, y decenas de miles en armas, incluyendo tres semiautomáticas FN P90 capaces de hacer 900 tiros por minuto. Ellos compraron un nuevo Jeep Grand Cherokee negro, usando un cheque por $42,012.

Retiros de efectivo

Para supervisar los gastos, se suponía que se hiciera una auditoría al equipo de trabajo todos los años, un pase de revista en detalle para detectar cualquier irregularidad financiera. Pero no se llevó a cabo una sola auditoría, a pesar de que las propias regulaciones del equipo de trabajo las exigían. “Ni rastros, ni auditorías, ni controles internos”, dijo González.

La mayor parte del tiempo, los policías usaron tarjetas de crédito para pagar sus gastos. No obstante, ellos empezaron a hacer algo en el 2010 que acabaría causando interrogantes: los agentes sacaban grandes cantidades de efectivo del banco sin dejar registros de dónde iba a parar el dinero.

Una y otra vez, los agentes retiraron efectivo en lo que acabó convirtiéndose en una rutina, por un total de $831,057 en tres años. Una de sus últimas extracciones tuvo lugar cuatro días antes de que se disolviera el equipo de trabajo: $40,000 el 27 de octubre del 2012.

Parte del dinero se usó para “entregas” a exportadores locales que lo lavarían. Pero la mayoría del mismo — $547,000 — se extrajo sin informes escritos. Durante los últimos meses, auditores contratados por Bal Harbour han encontrado otros $800,000 en extracciones, sin documentación que los respalde, dijeron las fuentes.

Roye se negó a ser entrevistado, y Deitado no respondió a solicitudes de entrevista. Hunker dijo que él no estaba a cargo de las operaciones cotidianas del equipo y no estaba al tanto de todas las transacciones, pero dijo que cualquier dinero que se sacó del banco fue por razones legítimas. Documentación, dijo, tuvo que haberse creado para justificar los gastos.

“Yo no sé qué pasó con esos registros”, dijo, pero “es que simplemente ellos no están buscando en el lugar adecuado”.

Mark Overton, jefe de policía actual de Bal Harbour, dijo que los trabajadores han buscado en los archivos para rastrear dónde fue que ese dinero fue gastado por el equipo de trabajo, el cual fue disuelto tres años atrás luego que una pesquisa federal concluyó que Bal Harbour había malgastado el dinero confiscado durante las investigaciones del narcotráfico. “Hemos buscado en todas partes”, dijo. “No los tenemos”.

Joanna Zuckerman Bernstein contribuyó a este reportaje.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de junio de 2015, 8:32 p. m. with the headline "Policía de Bal Harbour: Dinero sin límite para gastarlo."

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