‘Pongan a Kaleb en sus oraciones’: Una madre espera con fe mientras su niño pierde la visión
Kaleb Oliva tenía apenas dos años cuando sus padres notaron la primera señal de alarma: Un movimiento de los ojos, que se desplazaban peculiarmente hacia los lados al mirar.
Había otros indicios tal vez menos preocupantes, como sus choques frecuentes contra objetos de la casa, incluyendo una pared blanca en el área del recibidor. “Venía corriendo y siempre se golpeaba”, explica al Nuevo Herald la madre, Yisel Herrera.
Entonces los accidentes del niño podían relacionarse con su carácter inquieto, algo propio de la edad, hasta que el verdadero motivo salió a la luz para estremecer la vida de la familia en el suroeste de Miami.
Los médicos encontraron un tumor de siete centímetros alojado en el nervio óptico de Kaleb, causando estragos. Pero los padres debían estar preparados para una noticia todavía más preocupante.
La lucha comienza
Poco antes de que el escaneo de MRI detectara el tumor en 2020, la oftalmóloga había advertido que el nervio óptico de Kaleb estaba atrofiado.
Los daños se esparcieron con rapidez entre sus dos ojos. El niño perdió la visibilidad del lado izquierdo, mientras que el derecho conserva solo un 20 por ciento de visión.
Significa que, de una parte, el mundo de Kaleb permanece sumergido en las sombras; de la otra, todavía es capaz de reconocer un rostro siempre que se aproxime lo suficiente.
Su visión periférica, en cambio, la perdió totalmente. Ahora, Kaleb tiene siete años y le gusta pasar el tiempo en la casa, dice Yisel Herrera al Nuevo Herald. Se ha aprendido los espacios, las ubicaciones de cada cosa y ya no sufre los accidentes de antes.
Tras el diagnóstico del tumor, el niño se sometió a quimioterapia durante un año y dos meses para intentar disminuir la masa. El quirófano nunca ha sido la mejor opción.
“Si se opera puede quedar completamente ciego, y los médicos dicen además que su padecimiento no tiene cura”, explica la madre. La quimioterapia logró reducir el tamaño del tumor, casi dos centímetros. Kaleb tuvo alrededor de tres años estables, sin tratamiento.
Pero las cosas cambiaron en enero de este año, cuando se le detectó otra masa dañina en el área del tálamo del cerebro, en la parte izquierda. Ese mismo mes comenzaron con tratamiento, nueve meses con pastillas que no dieron resultados.
Un faro de luz en el camino
A los dos años y medio de edad, Kaleb comenzó a recibir la asistencia de Miami Lighthouse, una organización dedicada al apoyo de personas ciegas y con discapacidades visuales.
La organización ofrece educación y preparación clave a quienes padecen de limitaciones como Kaleb, cuya condición puede empeorar con el tiempo, según los diagnósticos. Desde Miami Lighthouse, Betty Chavarría destacó la trayectoria “realmente inspiradora” del niño.
“Lo que podría haber sido una historia marcada por las dificultades se ha convertido en una historia de resiliencia, fe y esperanza”, afirmó Chavarría en la nominación enviada al Nuevo Herald para el Wish Book.
“Su visión ha seguido deteriorándose y los médicos temen que pueda perderla por completo. Sin embargo, incluso ante tal realidad, Kaleb afronta el futuro con una fuerza extraordinaria.
También asegura que Kaleb “está prosperando en la escuela y adquiriendo las herramientas necesarias para crecer y desarrollar su independencia”. Chavarría subraya del niño “su determinación y positividad”.
Yisel Herrera comenta al Nuevo Herald que su hijo ha comenzado a aprender el sistema Braille gracias a la escuela de Miami Lighthouse. De igual modo, expresa su satisfacción con el apoyo de la organización. “Mi mayor preocupación es que Kaleb salga de ahí a enfrentarse a otra escuela después que termine el tercer grado”, dice Herrera.
Por el momento, el niño cursa el segundo grado. En cuanto al aprendizaje del Braille, le explicaron que es un proceso lento, como si fuera a aprender otro idioma, y Kaleb empezó desde cero. Las clases sobre el sistema iniciaron “hace como un año”, según la madre.
La escuela también le permite a los estudiantes practicar fútbol, un deporte que Kaleb disfruta. Tímidamente, el niño admite que, entre Messi y Cristiano Ronaldo, su favorito es el delantero portugués.
Cuando Yisel Herrera le pregunta a su hijo qué quiere ser cuando crezca, Kaleb le responde arropado por los brazos del padre: “Yo no sé”.
‘Dios va a hacer un milagro’
La pérdida de visión de Kaleb es avanzada, mientras los médicos repiten que su condición no tiene cura. Su madre, originaria de Camagüey, Cuba, lleva 13 años viviendo en EEUU y agradece a “este gran país” por las oportunidades de asistencia que ha tenido el niño.
A pesar de los pronósticos, Yisel Herrera se aferra a la esperanza para el futuro de su niño. “Yo sé que en algún momento Dios va a hacer un milagro y se va a curar”, dice.
Más allá de cualquier apoyo material que le puedan ofrecer, su mayor deseo es que la comunidad la respalde en su fe. “Lo que más quisiera es que pongan al niño en sus oraciones”, dice.
Actualmente, Kaleb recibe inmunoterapias vía IV cada 3 semanas hasta por un año en el Nicklaus Children’s Hospital y, hasta el momento, ha podido contar con la cobertura de seguro necesaria para todos los tratamientos.
“Todo aquel que sienta que la historia de Kaleb ha tocado su corazón, tenga al niño presente en sus oraciones, para que Dios nos siga dando las fuerzas y seguir luchando por nuestro pequeño gigante en esta larga batalla que nos ha dado la vida”, pide Herrera.
Por su parte, Miami Lighthouse pide a la comunidad que apoye al niño con algunos artículos que puede necesitar, entre ellas: unas gafas de sol necesarias para cuando está al aire libre, gorras de béisbol, ropa deportiva (talla 8/10), un iPad con pantalla grande y una máquina Brailler.
Cómo ayudar
Para ayudar a esta persona nominada al Wish Book y a más de otras 150 familias e individuos que necesitan apoyo este año:
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▪ Los artículos más solicitados suelen ser computadoras portátiles y tabletas para la escuela, muebles y furgonetas accesibles
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