Jiménez Leal y María Laria, un amor ‘maduro y profundo’ los une para hablar de ‘La otra Cuba’
Es una frase grande para un hombre de 85 años. “Yo nunca me había enamorado y me he enamorado de ella, y es para mí como una especie de renacer, de otra dimensión del conocimiento del amor”.
Lo dice el cineasta cubanoamericano Orlando Jiménez Leal sobre María Laria, figura de los medios y pionera del talk show en español. Forman pareja desde que se reencontraron en el 2020, cuatro décadas después que ella lo entrevistara para el que fue su primer trabajo en TV, en Galavisión, con motivo del documental Conducta impropia (1984), que dirigió Jiménez Leal con Néstor Almendros.
No hay por qué dudar de ese amor “maduro y profundo” –como lo describe María Laria– porque la declaración Jiménez Leal la hace frente a unos retratos en blanco y negro que les hizo a los escritores Guillermo Cabrera Infante, Lydia Cabrera y Enrique Labrador Ruiz. Para cualquier amante de la cultura cubana, esa pared es como un altar ante el que no se habla en vano.
Estos tres grandes son parte del elenco de entrevistados de La Otra Cuba, que Jiménez Leal filmó para la televisión italiana en el año 1983 por petición del periodista y escritor Carlos Franqui. El documental se proyecta este viernes 23 de enero en Miami, en el Koubek Center, como parte del Ciclo de Cine Cubano que coordina Alejandro Ríos.
“Era un deleite oírla hablar. En La Otra Cuba hace un cuento que le contaban sus tatas negras”, dice Jiménez Leal de Lydia Cabrera, al tiempo que busca en los libreros de su oficina una piedra que le regaló la etnógrafa y escritora cubana, pintada por ella, con una dedicatoria para el cineasta.
La tarde en la casa de Jiménez Leal en el suroeste de Miami ha comenzado bien. La vista se ha ido a una esquina donde hay una escultura maravillosa para mí, un exprimidor que el director llama un “objet trouvé” a lo Marcel Duchamp. Nos vamos enterando de sus pasiones, le gusta Duchamp y también Jorge Luis Borges. En una pared tiene una foto con el autor de El Aleph en un café, que debe de ser una de las más bonitas del escritor argentino, quien escucha a Jiménez Leal con atención, haciendo un gesto para inclinarse hacia adelante.
No le pregunto a Jiménez Leal qué estaba hablando con Borges porque hemos venido a hablar de cubanos extraordinarios, de esos que conforman “la otra Cuba” más allá de sus límites geográficos. Pero ya esas paredes me hablan, la otra Cuba está en todas partes porque sus hijos se han hecho cosmopolitas. Han podido experimentar lo último del arte, la literatura y el cine en cada momento, fuera de la isla, y también han sido protagonistas y han dejado huella en el mundo.
María Laria y Jiménez Leal tienen algo en común, aunque quizás no lo hayan hablado así. Ambos fueron expulsados de Cuba, al menos simbólicamente, por Fidel Castro. Uno de los recuerdos que ella guarda de su isla natal es que, de niña, se estaba bañando con su familia en Santa María, una de las playas del este de La Habana, cuando llegaron Castro y su entourage, y los mandaron a salir del agua para que el Comandante se bañara. La impresión que ese gesto prepotente dejó en María Laria tiene que haber sido muy grande, para que hoy lo cuente en esta entrevista, considerando que tenía 5 años cuando se fue de Cuba.
Jiménez Leal se fue de Cuba en 1962, escapándose de la vigilancia castrista por debajo del radar, gracias a que no había computadoras ni los mecanismos de control modernos. Un año antes había dirigido con Sabá Cabrera Infante el corto P.M., una pieza de cine independiente, que enfureció a los censores del gobierno, hasta ese momento medio agazapados.
A Jiménez Leal le habían pedido que filmara cómo se preparaba el pueblo para la invasión de Bahía de Cochinos. Lo hacían bailando, recuerda el director, que filmó el bullicio y la rumba de los bares del puerto de La Habana, una perspectiva que se le ocurrió porque, como era residente de Regla, el pueblo al otro lado de la bahía, solía ver esas escenas populares con frecuencia cuando cruzaba en la famosa Lanchita de Regla.
“Eran dos visiones, la de esa Cuba solemne que tenían Castro y sus secuaces, y la espontánea y alegre de gente que creía que todavía podía disfrutar de libertad, y no sabían que estaban bailando su último baile”, recuerda Jiménez Leal.
P.M. fue el comienzo de la debacle para los escritores y artistas cubanos, entonces presionados por el miedo. Los que estaban directamente involucrados con la realización de P.M. terminaron despedidos de sus trabajos y perseguidos. Carlos Franqui fue expulsado de la dirección del periódico Revolución; Guillermo Cabrera Infante, de la dirección de su suplemento cultural, Lunes de Revolución, y Jiménez Leal del departamento fílmico de Lunes en Televisión, que dirigía.
Llegó también el discurso Palabras a los intelectuales, en el que Fidel Castro estableció con una frase –“Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho ”– la que sería la política cultural de censura del estado cubano hasta el presente.
Después vinieron los campos de trabajo forzado de la UMAP (1965-1968), donde recluyeron a todo desafecto y homosexual que el gobierno quisiera aplastar. En 1971, fue el puntillazo, la detención, interrogatorios y la confesión forzada del poeta Heberto Padilla, que provocó que numerosos intelectuales del mundo rompieran con la revolución cubana.
De la represión a homosexuales y lesbianas en Cuba se ocupa Conducta impropia, que recoge historias personales y testimonios de denuncia a los que parece no haberle pasado un día, a pesar de que han transcurrido cuatro décadas.
“La fuente del [problema] sigue siendo la misma”, explica Jiménez Leal, con palabras que también emplea para la vigencia de La otra Cuba.
Pero hay mucho más. El director de cine detesta la autocompasión. Sus entrevistados no dejan atrás el humor a pesar de los hechos tristes que cuentan.
“Es un hombre muy filósofo y muy humano”, lo describe María Laria, que cuenta que su historia de amor comenzó cuando ella aún atravesaba el duelo por la muerte de su esposo, y Jiménez Leal venía de un divorcio.
La noche los unió –son muy noctámbulos y conversaban mucho, cuenta ella– y la música también. María Laria es pianista y tiene dos CDs grabados, Pianissimo y Pianissimo II, y Jiménez Leal ama la música popular –le encanta Sinatra, comenta.
Quizás el secreto de esa nueva ilusión es que a pesar de sus largas carreras y logros, ambos tienen planes futuros.
Jiménez Leal está escribiendo sus memorias, y preparando una exposición retrospectiva de su trabajo, que va a presentar en el Coral Gables Museum.
Después de haber triunfado con su talk show en Telemundo, del 1989 al 1992, de haberlo llevado a España, de trabajar durante más de una década con America Tevé, donde presentaba Arrebatados, y de mantener un programa de radio en La Poderosa hasta hace muy poco, María Laria no tiene planes de descansar.
Los que la siguen en sus redes sociales, en forma con su fidelidad a los ejercicios y al gimnasio, pueden esperar ahora un podcast. Ya lo ha hecho antes, pero la entusiasma, dice, confesando que extraña la televisión.
“Yo fui muy transgresora, le daba la espalda a la cámara”, cuenta sobre su estilo.
Como en los filmes de Michael Curtiz, un favorito de Jiménez Leal y de tantos cinéfilos, una frase selló el momento en que se volvieron a encontrar en Miami, después de 40 años sin verse una sola vez.
“She is coming back home [Ella regresa a casa]”, cuenta Jiménez Leal que dijo al ver a María Laria llegar a una fiesta en su casa.
Él nunca la había olvidado, confiesa.
Cada Rick tiene su Ilsa, a veces con mejor suerte que los amantes de Casablanca. El amor nunca es tardío si llega en el momento preciso.
‘La otra Cuba’ se presenta el viernes 23 de enero, 7 p.m., en el Koubek Center del Miami Dade College, 2705 SW 3 St., entrada y estacionamiento gratuito.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2026, 7:15 a. m..