Una Cuba sin esperanza: documentales, ficción y cortos cubanos en el Festival de Cine de Miami
Nadie está nunca preparado para regresar a La Habana en ruinas, más si el viaje cinematográfico requiere que el espectador deje por unos 42 minutos todos sus recuerdos personales de Cuba para empezar a vivir a través de los ojos de los cubanos de hoy.
Eso es lo que consigue el documental Coquito con Mortadella, que forma parte del programa Spotlight on Cuba, que se presenta como parte del Festival de Cine de Miami del 9 al 19 de abril. El programa, coordinado por el crítico de cine Alejandro Ríos, elige lo mejor de la producción cinematográfica reciente de realizadores cubanos. En este caso la mayoría vive fuera de Cuba, porque los artistas, productores, directores y técnicos son reflejo del éxodo que ha llevado a casi dos millones de cubanos a vivir lejos de su país, por una razón fundamental, en la isla la vida y, sobre todo, la creación en libertad, es demasiado difícil y arriesgada.
Ana Victoria Pérez, directora de Coquito con Mortadella, tiende una trampa por la que recomiendo dejarse llevar gustoso. Abre con una vista plácida del Malecón: tonos rojizos en el horizonte y un barco a lo lejos; un hombre pesca tranquilo, en un tiempo que se antoja circular; el Cristo de Jilma Madera sigue cuidando la ciudad, sereno, con ojos largos y vacíos, blanquísimo, como una imagen de ensueño. Los fanáticos disfrutan de un juego en el estadio Latinoamericano de El Cerro, como en los tiempos en que la mayor preocupación de la tarde era quién ganaría.
Pero La Habana ya tiene demasiadas odas, ya ha sido vista con complacencia por tantos extranjeros, que Pérez –hija de Fernando Pérez, uno de los directores cubanos más importantes, si no el más importante vivo– no puede cometer el mismo error. A partir de esas imágenes, viene “el coquito con mortadella”, la vida diaria del cubano, que certeramente, puede describirse como aperreada. El cubano no puede buscarse la vida porque está vigilado constantemente por la policía. No hay comida, solo colas. La ciudad es un largo pasillo apuntalado, donde los transeúntes arriesgan todos los días la existencia esquivando el derrumbe.
Las personas que cuentan sus penurias no se corresponden con las imágenes que muestra la cámara. Esta estrategia tiene varios efectos, en primer lugar protege al que habla con la verdad en un país en que la crítica y la sinceridad pueden costar muchos años de cárcel. En segundo lugar, crea un efecto “Fuenteovejuna”, el abuso es contra todos, todo el tiempo.
“Esa idea me parece maravillosa. Las personas hablan libremente sobre la represión, la libertad”, dice Ríos, indicando que el tono confesional le recuerda a Suite Habana (2003), de Fernando Pérez.
“Coquito con mortadella” es una frase popular cubana, que puede significar lo mismo algo muy bueno, que algo malísimo, pero siempre administrado con exageración. Sin embargo, en este documental, hasta los que cuentan su vida, lo hacen con la falta de asombro que nace del cansancio cotidiano, de la ausencia de esperanzas. Este es un sentimiento transversal a muchas de las películas, documentales y cortos que se muestran en Spotlight on Cuba.
Coquito con mortadella se filmó en el 2024, pero la situación de esos cubanos es tan grave como la de los últimos tres meses de apagones de 20 horas y paralización casi total del país. El documental prueba que la crisis –como trata de argumentar el régimen cubano y sus voceros– no empezó con el bloqueo de combustible de la administración Trump. Este, sabemos, es relativo porque ya entró un tanquero ruso a la isla y, además, las mipymes pueden importar combustible desde Estados Unidos.
Norheimsund y otros cortos
Lo que no se puede importar es esperanza, porque el cubano siempre está en fuga de su país. Y ese es el tema, más bien el sueño, de la madre y la hija que sobreviven en un cuarto destartalado de La Habana Vieja, esperando que Sven, el viejo extranjero que pretende a la joven, venga a llevársela para el idílico Norheimsund. El nombre de esa ciudad de Noruega, a casi 20 horas en avión y autobús de La Habana, es también el de este corto de la directora Ana A. Alpízar, una obra maestra que estuvo primero en la Muestra de Venecia y el Festival de Sundance.
“Los festivales tienen que proteger al género que, al igual que el cuento, tiene que ser fulminante”, dice Ríos. “En un corto no puede haber mucha meditación, tiene que cogerte por el cuello”.
El tema de la prostitución no es ajeno al arte cubano, pero en Norheimsund es devastador. Uno se queda con ganas de más, que es lo mejor que se puede decir de un corto.
También muestra del género del cortometraje es Rancor, del realizador cubano radicado en España Carlos Alejandro Halley que, partiendo de unos videos familiares filmados en 8 milímetros, contrasta lo que fue y lo que es Cuba.
El título, magnífico, nos preguntamos qué significa. Halley da pistas en un post en su perfil de Instagram. “Rancor es la mezcla de dolor y odio acumulados en forma de memoria”.
La distopía, o antiutopía, es un género perfecto para expresar la realidad cubana inefable. El director Daniel Chile lo aborda en otro corto, El último juego, donde en un futuro salir de Cuba sigue siendo el máximo premio. Ríos compara el espíritu del corto con la novela de George Orwell, 1984. Una bocina avisa cuando le toca salir a la familia, y si alguien no está en ese momento, se queda. ¿Qué le pasará al niño de la familia cuando sus amigos lo quieren dejar del lado de allá?
El escritor disidente y periodista independiente Boris González Arenas dirige el corto Noche y niebla (Night and Fog), en el que dos hermanos conviven con el cadáver del padre porque no pueden salir de él. Como cifra de una isla de muertos en vida, donde morir también es un drama —no hay carros fúnebres para trasladar a los muertos, ni paz en los sepulcros porque las tumbas son ultrajadas— es fundamental volver a un tema que tiene un gran historial en el cine cubano. El director Tomás Gutiérrez Alea lo abordó en tono de comedia de humor negro en La muerte de un burócrata (1966) y Guantanamera (1995).
Tres comedias cubanas en Miami
Spotlight on Cuba también ofrece la oportunidad de reírse, a veces incluso del exilio, como invita el director Eliécer Jiménez Almeida con Miami Stories. Ríos describe el filme como un falso documental en el que los personajes se confiesan constantemente. Se cuenta la historia de la Red Mosquito, una referencia humorística a un hecho histórico, la Red Avispa, un grupo de espías cubanos que operaban en Miami y que fueron descubiertos por el FBI en 1998.
Hay que recordar que los cinco oficiales de la inteligencia cubana, condenados por espionaje y luego liberados por Estados Unidos —Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Antonio Guerrero y Fernando González— son responsabilizados por muchos en el exilio cubano de la muerte de cuatro pilotos de Hermanos al Rescate.
En Miami Stories participan varios artistas de Miami como Susana Pérez, Gerardo Riverón, Alberto Pujol y Rosie Inguanzo.
Comandante Fritz es una comedia de enredos muy sarcástica, dirigida por Pavel Giroud, con un elenco de actores cubanos de primera: Yany Prado, Laura Ramos, Alexis Valdés, Vladimir Cruz y Carlos Enrique Almirante —que interpreta a Fidel Castro.
La película parte de la anécdota de que, en 1972, el régimen cubano quiso dedicar una isla del archipiélago al dictador de Alemania Oriental Erich Honecker. A partir de ahí se desata un thriller de espionaje que cuenta también con el actor alemán Dennis Mojen, que interpreta a un oficial de la Stasi.
“Es muy saludable reírse de ese sistema y su aparataje”, dijo Ríos, recordando a Charles Chaplin en El gran dictador (1940), y el escaso sentido del humor que se dice tenía Castro, lo que contrasta con el choteo y la picardía del cubano.
Tío Roly (Uncle Roly) es una comedia hecha en Miami con los Everglades como trasfondo de la búsqueda de un tesoro. El tío Roly, interpretado por Ariel Texidó, es un personaje irreverente y sin filtro, un poco la oveja negra de la familia, que pone en jaque con sus locuras a sus sobrinos cubanoamericanos, quienes lo acompañan en esta suerte de road movie.
El regresado, filmada en Gibara, en la región oriental de Cuba, tiene su estreno mundial en el Festival de Cine de Miami. Dirigida por Armando Capó (Agosto (2019), estrenada en el Festival de Cine de Toronto), El regresado se centra en la historia de un joven pintor rebelde (Julio Hervis) que regresa a su ciudad natal para cumplir con el servicio social. En Gibara se reencuentra con su admirado profesor de arte (Luis Alberto García), quien es víctima de una purga al estilo estalinista por su visión estética y por declaraciones que no se ajustan a la doctrina del castrismo.
Ríos apunta que la película, que no se ha estrenado en Cuba, aborda la represión y censura a los artistas. El joven es interrogado por dos “segurosos”, que se comportan como represores, dando golpes en la mesa. “El filme se burla de los comisarios culturales de provincia, que son tan mediocres como el ministro [de Cultura]”, apunta Ríos.
Documentales y denuncias
Otro episodio de represión contra artistas se narra en el documental Cuba y la noche, de Sergio Fernández Borrás, que se centra en la persecución y desalojo contra el grupo de artistas e intelectuales del Movimiento San Isidro, que se unieron en torno al artista multidisciplinario Luis Manuel Otero Alcántara, preso en Cuba por participar en las protestas masivas del 11 de julio del 2021.
El documental, que tiene su estreno mundial en el Festival de Miami, refleja actos de rebeldía como la protesta frente al Ministerio de Cultura en noviembre del 2020 en la que activistas exigieron libertad de expresión, cese de la censura y la liberación de miembros del Movimiento San Isidro (MSI) tras un violento desalojo policial.
El documental Calle Cuba, dirigido por Vanessa Batista, se centra en la vida de varias personas que residen en esa calle de La Habana. Aspiraciones y sueños truncados, enfermedades, falta de medicinas, regreso de una cubana del extranjero después de haber pasado por una cárcel... un abanico de historias que representan un corte transversal a la sociedad cubana.
“Estos documentales están hechos con mucha libertad”, dice Ríos, indicando que eso es posible porque sus directores, Batista, Fernández Borrás y Ana Victoria Pérez, no residen en Cuba.
Desde lejos, como hicieron muchos directores de los antiguos países socialistas cuando pudieron escapar del totalitarismo, estos artistas pueden cambiar el lenguaje metafórico por el de la verdad y la denuncia, dijo Ríos.
La figura de Alina Fernández Revuelta, conocida como “la hija rebelde de Fidel Castro”, es el centro del documental Revolution’s Daughter, del cineasta estadounidense Thaddeus Matula. La historia personal de Alina, incluyendo su huida de Cuba, es un material muy interesante, que cuando se une a las voces de exiliados prominentes y tan diversos como Gloria y Emilio Estefan, el poeta Ricardo Pau Llosa y el humorista Boncó Quiñongo —entrevistados también— ofrece una dimensión más completa de la historia del exilio y sus razones, cuyo trasfondo común es el dictador.
Perseverancia es un documental dedicado al pintor Tomás Sánchez, que deben ver no solo los cubanos, sino todos los amantes del arte. Perseverancia hace referencia al central azucarero en la provincia de Las Villas, Cuba, donde nació Sánchez y donde dio sus primeros pasos en el arte, inspirado por su mamá, también pintora. Para quienes quieren ver al pintor en su estudio en Costa Rica, donde reside desde hace años; para quienes se preguntan por qué su pasión por el yoga, hay que ver esta joya dirigida por el mexicano Juan Carlos Martín Méndez.
El documental, con comentarios del pintor José Bedia y los galeristas y coleccionistas de Miami Jorge Sorí y Ramón Cernuda, entre otros, refleja también la influencia de pintores cubanos que fueron maestros de Sánchez, como Servando Cabrera Moreno y Antonia Eiriz. Contiene además ricas anécdotas de los artistas que fueron colegas y alumnos de Sánchez, como Leandro Soto. Me quedo con esta invaluable de Soto, parado de cabeza, haciendo yoga, frente a la dirección de la escuela de arte. De cabeza pusieron el arte cubano estos artistas, que han vivido a su aire y son libres desde su propio paisaje, más interior que real, aunque sea tan perfecto y deseable que nos deja sin aliento.
Al oeste, en Zapata (To the West, in Zapata) es uno de esos documentales que cautivan por el escenario tan extraño que elige para hablar de Cuba y su gente empobrecida. Uno de los parajes más apartados y difíciles de la isla, la Ciénaga de Zapata, interesó al director español David Bim, alumno primero y ahora profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba, en San Antonio de los Baños. Un cazador de cocodrilos furtivo y su esposa, que tienen un hijo discapacitado, son los protagonistas de este documental. Luchan en medio de la epidemia del Covid y con la ineficiencia del régimen, más dañino y duradero que cualquier pandemia.
“Cuando se haga la historia de esta dictadura hay que regresar al cine”, dijo Ríos. “La imagen vale mil palabras, quién te va a rebatir lo que estás viendo, es un referente que te deslumbra”, concluyó Ríos.
Para horarios y salas de proyección de los filmes en Spoplight on Cuba en el Festival de Cine de Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de abril de 2026, 7:30 a. m..