Sur de la Florida

Pintor cubano estuvo a punto del desalojo en Miami. Hoy su vida se recoge en un documental

El pintor cubano Orlando González Naranjo cuenta una vida de triunfos y altibajos, incluyendo la pérdida del que fue su estudio por casi 30 años en Miami, en el documental ‘Naranjo’, que se estrena el viernes 22 de mayo en el Ciclo de Cine Cubano del Miami Dade College, en el Koubek Center.
El pintor cubano Orlando González Naranjo cuenta una vida de triunfos y altibajos, incluyendo la pérdida del que fue su estudio por casi 30 años en Miami, en el documental ‘Naranjo’, que se estrena el viernes 22 de mayo en el Ciclo de Cine Cubano del Miami Dade College, en el Koubek Center. adiaz@miamiherald.com

Los ojos en los cuadros en el estudio de Orlando González Naranjo miran acusadores. Hay calma y dolor, como ha dicho el escritor Reinaldo Arenas del rasgo más distintivo de la pintura de Naranjo. Todo está amontonado en un espacio muy pequeño para pintar. Unos pocos muebles de anticuario que una vez tuvo en su estudio de la calle Flagler son las huellas de tiempos mejores en la vida de un artista de 89 años que conoce múltiples altibajos.

En mayo del año pasado, a Naranjo le dijeron que tenía que abandonar el local donde trabajó y vivió durante casi 30 años. Siempre pagó el alquiler a tiempo, incluso mandaba $50 de más todos los meses, pero aun así, de repente, vinieron y le dijeron que se tenía que ir, que si no lo hacía, lo iban a desalojar.

Naranjo está triste, deprimido, así lo reconoce en el documental que ha hecho sobre él el cineasta cubano Jorge Soliño, quien, junto con la actriz y directora de teatro Flora Lauten, se han convertido en sus salvadores. Pero no es en lo absoluto un hombre derrotado, es lo que vamos descubriendo en una mañana soleada de ese Miami que tiene también su lado cruel.

El arte es duradero, pero el ser humano es frágil, es quizás una de las ideas que nos llevamos del documental Naranjo, que se estrena el 22 de mayo en el Koubek Center como parte del Ciclo de Cine Cubano del Miami Dade College, que dirige el crítico de cine Alejandro Ríos.

Ver al artista en la sala del pequeño apartamento donde apenas caben el caballete y unos cuantos cuadros, recuerda que Naranjo somos todos, que en cualquier momento cualquiera de nosotros puede quedarse en la calle. Con la diferencia de que él tiene su pintura.

Soliño se conmovió la primera vez que vio a Naranjo. Se había acabado de mudar, y estaba perdido entre cajas en este nuevo lugar donde reside en el noroeste de Miami. Entonces Naranjo y Flora Lauten se abrazaron, y de alguna manera la historia se convertía también en un canto al poder de la amistad. Flora llegaba para ayudarlo a ponerse de pie y había pedido ayuda a un documentalista.

“Los cuadros estaban más o menos amontonados y esas caras me miraban diciendo: ¿y qué tú vas a hacer al respecto? ¿Cómo puedes ayudarnos? Era como si todos me estuvieran reclamando”, recuerda Soliño, que cuando Naranjo no podía pintar por el dolor le traía una medicina que lo aliviaba.

El cineasta Jorge Soliño con Orlando González Naranjo, en el estudio del pintor en el noroeste de Miami, el 15 de mayo del 2026.
El cineasta Jorge Soliño con Orlando González Naranjo, en el estudio del pintor en el noroeste de Miami, el 15 de mayo del 2026. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

Poco a poco Naranjo tomó de nuevo el pincel y volvieron a surgir sus “guajiras” —es conocido por captar con una sensibilidad especial la belleza de la mujer cubana. Por allá se ve un arlequín de su “período azul”, porque su obra, llena de colorido, como el campo de Calabazar de Sagua donde nació, a veces se torna monocroma.

Un cubano atípico

Naranjo no edulcora lo duro de su pasado en la Cuba precastrista. Su familia era pobre y creció en un bohío de piso de tierra. Había días que no podía ir a la escuela porque no tenía almuerzo que llevar ni tampoco zapatos que ponerse. Se ganaba cinco centavos llevándole el almuerzo a los trabajadores del central Purio. Era mandadero de su maestra, quien le hizo los primeros calzoncillos que usó en su vida cuando estaba en cuarto grado de primaria, el último año que cursó.

“En el 1953 fue mi maestro quien me regaló el primer libro, Camino del saber”, dice Naranjo, que a veces se traba recordando algún episodio de su vida, pero después lo retoma con lujos de detalles hasta con el nombre y apellido de los involucrados.

Nunca tuvo juguetes industriales, solo aquellos que le fabricaba su papá. Tampoco lápices de colores y mucho menos pinceles, pero siempre lo mandaban a dibujar con tiza en la pizarra y ganó varios concursos de escritura.

“Mi primera poesía la publica el periódico El Comercio de Cienfuegos, yo tenía 14 o 15 años”, dice Naranjo, que atribuye sus habilidades artísticas a su curiosidad. “Eso está dentro de ti. De niño era un loco corriendo por todos lados, me gustaba ir al pueblo”.

Quizás las raíces de un artista autodidacta como él están en recordar la escena de su abuelo —que era casi ciego porque tenía cataratas y no había dinero para operarlo— sentado en un taburete a la entrada del bohío, tomando el fresco, antes que llegara el sol del mediodía.

“A veces me da tristeza porque yo le hacía muchas maldades, le movía las cosas para que no las encontrara, pero también pienso que yo era el único que lo notaba porque él estaba muy solo”, recuerda.

Los ojos ‘Naranjo’

Si esperas que Naranjo teorice sobre su arte como otros artistas, no vas a conseguirlo. Su gran mérito es poner un sello que hace reconocible cada uno de sus cuadros: esos ojos tristes, un poco caídos, que a veces sueltan una lágrima. Pero Naranjo prefiere hablar de los seis puentes que tenía Calabazar de Sagua, de su iglesia, de su glorieta, y de la primera vez que vio a la niña de cuatro años que con el tiempo se convertiría en su esposa.

“La cogí en la calle y le di un beso”, dice, aclarando que luego lo castigaron.

Pintor autodidacta, Orlando González Naranjo pone un sello a sus cuadros al pintar personajes del campo cubano que se distinguen por los ojos caídos.
Pintor autodidacta, Orlando González Naranjo pone un sello a sus cuadros al pintar personajes del campo cubano que se distinguen por los ojos caídos. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

Naranjo también es un hombre contradictorio, tan pronto recuerda la primera vez que vio el Gran Hotel Santa Clara frente al Parque Vidal, como dice que, con el tiempo, se convirtió en decorador del hotel, y en cada piso, a la salida del elevador había un cuadro suyo.

Naranjo llegó a La Habana a los 18 años, y comenzó su carrera como diseñador y dibujante en proyectos por toda la isla. Trabajó en los talleres de la tienda El Encanto, que fue la más lujosa de Cuba, al punto que Christian Dior vendía allí sus colecciones. Pero para entonces El Encanto había sido destruido en un incendio en 1961.

También dejó su huella en la decoración de interiores en el hotel Capri en el Vedado, y en el hotel Ricardo (hoy Vueltabajo) en el centro de Pinar del Río. De alguna manera su trabajo lo llevó a conocer la isla y hospedarse en los mejores hoteles.

Su deseo de conocer el mundo, de viajar y llegar hasta las pirámides de Egipto, que fue el que lo llevó al exilio en 1984, no se cumplió. El pintor nunca ha conocido Nueva York, pero sí vivió en Tampa seis años, que le parece más tranquila y amistosa que Miami, la que dejó a atrás porque en ese momento la consideraba muy violenta.

Naranjo no escatima con las malas palabras, y no suele dejar títere con cabeza en sus críticas. Reinaldo Arenas, que fue uno de los que escribió elogios sobre sus exposiciones de arte, coge un ramalazo en el documental.

Por otra parte, Naranjo se siente feliz de que se mencione a Víctor Manuel y su famoso cuadro de La gitana tropical cuando se habla de la belleza de las cubanas, al estilo de los sujetos de su obra, pero aclara que no le gusta el título.

“Tuve una gran influencia de Víctor Manuel, pero siempre me ha molestado el nombre de gitana tropical, eso es una guajira cubana que pintó en París”, dice. “Me gustaba su pintura, era muy moderno, pero yo no quería ser tan moderno, yo quería coger de estilos anteriores”.

Retrato de un artista imperfecto

Como muchos artistas, Naranjo prefiere llamar las cosas por su nombre, y reconoce que de alguna manera ha estado contra todas las banderas. Le divierte que un día estaba en el restaurante Versailles de Miami y llegó “un personaje muy famoso” del que no conocía su nombre e hizo un dibujo que no gustó nada porque no era precisamente anticomunista.

Soliño, que ha dirigido documentales sobre leyendas de Cuba y del exilio como Willy Chirino y Paquito D’Rivera, recoge ahora la historia de un artista que no es el retrato clásico de un triunfador. Y en sus imperfecciones está el encanto.

Self-taught painter Orlando González Naranjo, often paints the back of his paintings on display at his home in Miami on Friday, May 15, 2026, in Miami , Florida.
El pintor Orlando González Naranjo comenzó a firmar sus obras al dorso con la imagen de un gran ojo, que a veces echa una lágrima, después que varias personas comenzaron a hacer copias de sus cuadros en Miami. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

Naranjo ha expuesto en incontables muestras en galerías de Miami y Coral Gables, y exposiciones colectivas en La Habana y en Estados Unidos. Al mismo tiempo tiene ese punto de artista marginado que se obtiene cuando pasaste dos décadas sin tener un estatus legal determinado, como aprendemos en el documental.

“Él siempre tuvo muchos planes y la vida le jugó una mala pasada, por mala asesoría, por desconocimiento, por lo que fuera”, dice Soliño, sobre lo que se convierte en la esencia del documental, que se resume en la frase de John Lennon que el cineasta elige como exergo: “La vida es eso que pasa cuando estás ocupado haciendo otros planes”.

Naranjo se define a la perfección en la anécdota de cómo trató a sus “copiadores”. Llegó a tener cinco, y lo dice con cierto orgullo, nada molesto. Uno de ellos era tan flaquito y se enteró además que se le había muerto la mamá, que cuando le vinieron a decir que estaba copiando y vendiendo sus cuadros, respondió: “No le voy a pedir ni un centavo”.

“La humanidad nació conmigo, igual que pintar también nació conmigo”, dice Naranjo. Desde entonces firma sus cuadros por el dorso con un ojo inmenso que a veces llora. Alrededor, pone frases de las noticias, del acontecer de ese momento, porque “el artista es testigo de su tiempo”, dice.

El documental ‘Naranjo’ se presenta el viernes 22 de mayo, 7 p.m., en Koubek Center, 2705 SW 3 St. entrada y estacionamiento gratuito. Confirmar asistencia en https://miamifilmfestival.com/program/event/naranjo/

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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