Sur de la Florida

Mexicana mantiene la tradicional venta de frutas en la calles de Miami

Hay sabores que tienen historia. Un recuerdo se activa, una nueva sensación se presenta, la presencia de alguien que es querido se traza. Con las frutas puede suceder eso. María Vithe, con su negocio andante, activa la nostalgia con los generosos envases de frutas que vende todos los días. La bocina de su motora anuncia su llegada y de pronto, el calor se disuelve un poco ante las frutas que se acercan.

Es otro jueves por la Calle 20 del Noroeste y la Avenida 18 y al filo de las 12:00 p.m., la motora de María se aproxima a los negocios del área. La corneta avisa a lo lejos. “Una vez escuchamos ese ‘beep’ todo el mundo corre afuera a comprarle frutas”, comenta Stephanie Feldman, codueña de la tienda de carteras y zapatos Belle Marie.

Pero la de ella no es una simple motora. María lleva en ella una nevera donde tiene los envases que horas atrás preparó en su casa junto a su esposo Juan Pablo Silva, quien también vende frutas por la Avenida 5. Melón, piña, mango, cantaloupe, papaya y uvas están entre las frutas que compra diariamente y que prepara a gusto de sus clientes. La nevera, una suerte de vitrina, las exhibe adornadas de pedazos de hielo que preservan su frescura.

“Esta moto tiene apenas como un año. Empecé con un carrito de esos que van ‘puchando’, pero el primer día me rendí porque estaba bien duro hasta que compramos un triciclo para poder trabajar. Pero batallaba mucho, me caí y me quebré la mano. Me costó como seis meses que no pude trabajar aunque le ayudaba a mi esposo a picar frutas”, relata quien celebra su motora porque en ella se siente más segura. “Gracias a Dios ya estoy bien”, dice contenta porque estar bien equivale a poder trabajar.

Basar su negocio en las frutas le produce orgullo a María. El negocio les da, como comenta, “unos billeticos” y, a su vez, le permite ofrecerles a sus clientes “un buen alimento”. Vende las frutas en envases de 32 onzas y por $3 el cliente puede optar por un envase de una sola fruta o “la mixta” de dos o más frutas como mango, piña y melón.

“Las frutas son bien saludables. ¡No sabe uno los beneficios que dan! Pero toda fruta tiene beneficios para el cuerpo”, cuenta mientras elige el envase de piña para Feldman, una de sus clientas asiduas. “La piña le ayuda a adelgazar, le saca mucho líquido del estómago. Es, cómo le diré, una fruta que a la gente le fascina”, indica al darle los toques finales a la piña con un limón que exprime y la sal que le echa.

En una esquina de su motora, junto a las bolsas de limones que tiene para la venta, María tiene distintos frascos con condimentos como sal, comino, pimienta y chile. Es el toque que le da a sus frutas aunque explica que hay clientes que prefieren comérselas sin esos pequeños adornos para la vista y el gusto. “A los de México les gusta este chile”, comenta al enseñar un frasco de este condimiento esencial de la cocina mexicana que compran en Houston donde por un tiempo vivió y vendía paletas y frutas. Según María, en México muchos consumen las frutas acompañadas de sal, chile —o picante— y limón. “Los de Honduras usan la pimienta y el comino, pero para el mango verde”, aclara.

María continúa su rumbo por el “fashion district” de la NW Calle 20. Toca la corneta, se baja de la motora, toma la orden, y regresa a su moto a preparar las frutas. A veces no hay ninguna orden y sigue la travesía. La corneta vuelve a sonar. Así salen a su encuentro clientas como Diana Mitrani, dueña de la tienda Belle Marie, que cuando no ve a María no titubea en llamarla a su celular. Mitrani al igual que otras clientas como María Martínez y Regina Benhabib resaltan la frescura de las frutas que vende María Vithe, “lo trabajadora que es” y su servicio limpio y afable. Festejan, a su vez, tener una merienda saludable. “She’s the Mango Lady”, la describe Mitrani.

Faena y recuerdos

Las jornadas de María y su esposo comienzan al levantarse a las 5:00 a.m. para comprar las frutas en el mercado que se encuentra en la 12 y la 20. “De ahí vamos a casa a picarlas. Terminamos como a las 10:30 a.m. y a lavar la vitrina para echar todas las frutas”, explica la mexicana de 51 años, natural de Matamoros, quien alrededor de las 11:00 a.m. comienza su tránsito a través de la Calle 20.

“Es que hay que trabajar todos los días porque con un día que falte se siente, y la gente me espera. Y cuando no voy, la gente trae frutas para el siguiente día y esos $3 pesitos ya me hicieron falta a mi bolsa”, subraya.

Su faena diaria va, en gran medida, por sus ocho hijos en México. No los ve hace siete años, sostiene, pero cuenta entusiasmada que bajó una aplicación de teléfono para verlos.

“¿Contempla regresar alguna vez a México?”, le pregunto. “A veces padezco de mucho dolor de cabeza y quisiera irme. Si no puedo trabajar pues qué hago aquí, si no puedo ver a mis hijos. Depende de lo que me digan, si es grave me regreso. La verdad no me quisiera ir porque desde aquí puedo ayudar a mis hijos para que sigan estudiando, más por los más chiquitos. Los quiero ayudar hasta que Dios me deje”, expresa.

Ella, entre fruta y fruta, se acuerda de sus hijos a quienes les envía fotos de la moto con las frutas. “El más chiquito dice que quiere venir a vender también frutas”, relata. Algunos de sus clientes, quizás sin que María lo intuya, también se acuerdan de los suyos por medio de las frutas que les vende.

“Me encantan sus frutas porque me acuerdan a mi abuela”, expresa Stephanie Feldman. “Mi abuela es colombiana y de pequeña comía frutas con limón y sal, y cuando las como, la recuerdo”. Es curioso lo que nos dejan los sabores y lo que María y su motora con frutas provocan en sus clientes. Los recuerdos sí que pueden ser refrescantes.

Siga a Carmen Graciela Díaz en Twitter: @carmen7graciela

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de septiembre de 2015, 5:42 p. m. with the headline "Mexicana mantiene la tradicional venta de frutas en la calles de Miami."

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