Sur de la Florida

Miamenses ayudan a conservar Iglesias de Santiago de Cuba

Parroquia del Caney
Parroquia del Caney Carlos Domenech

El pasado 15 de octubre, la World Monuments Fund (WMF) anunció la inclusión de 12 iglesias de Santiago de Cuba (ocho urbanas y cuatro territoriales) y sus plazas, en el emblemático programa World Monument Watch (www.wmf.org/watch/watch_year/2016) para la promoción y defensa patrimonial. Esta declaratoria gratifica los desvelos y aspiraciones del arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García Ibáñez, de sus feligreses y, por extensión, de los santiagueros, para quienes estas construcciones son parte de su memoria colectiva. A la vez, la designación recompensa el extraordinario apoyo que brinda un grupo de profesionales miamenses a la conservación arquitectónica en esta Arquidiócesis, empeño que ha servido para tender nuevos puentes de acercamiento y reafirmación ciudadana, colaboración cultural y celebración de la nacionalidad.

Las iglesias urbanas incluidas en la lista son: la catedral de Santiago de Cuba, Nuestra Señora de la Asunción (1526-1810); Santa Lucía (1701); Santo Tomás (1715); Nuestra Señora de los Dolores (1722); San Francisco (1745); Nuestra Señora del Carmen (1766); Santísima Trinidad (1787) y Cristo de la Salud (1827). Los templos rurales son: San Luis Obispo, en El Caney (1691); Santiago Apóstol, en El Cobre (1638); El Cristo (1878) y San José y Rafael, en Cayo Granma (1878).

El origen de este singular intercambio –que data de hace más de 5 años– surgió de una conversación entre Manny García-Tuñón, propietario de una compañía de ingeniería de construcción en Miami y miembro de la Catholic Association of Latino Leaders, la cual tiene un historial de cooperación con la Iglesia cubana. De inmediato, en el 2010, García-Tuñón comenzó a trabajar uniendo esfuerzos con Alfredo Mesa, vicepresidente y director ejecutivo de Marlins Foundation, “hijo y nieto de santiaguero”, quien vio este vínculo como “una labor muy personal que no está conectado a algo oficial ya que yo tengo mi trabajo, y esto es una colaboración debido a la cercanía que tengo con la iglesia de Cuba”, dijo Mesa.

Hace dos años, estando de visita en Miami el arzobispo García Ibáñez, García-Tuñón le presentó al arquitecto Jorge Hernández, profesor de arquitectura de la Universidad de Miami (UM), que además tiene una oficina de arquitectura en la ciudad de Coral Gables.

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“Cuando él me habló del proyecto de las iglesias me fascinó”, explica Hernández, quien fue miembro de la junta de National Trust for Historic Preservation. “Monseñor es ingeniero y nos pusimos a hablar en términos técnicos. Me contó de los trabajos en la catedral y entonces le dije, ‘bueno, lo mejor sería dar a conocer esta labor y, mejor aún, hacer una nominación a la World Monuments Fund’”.

La difusión de los valores arquitectónicos, históricos y perceptivos de las obras es fundamental a la hora de sumar voluntades y, en el caso de este conjunto de iglesias, había mucho trabajo por hacer. “Nos hace falta documentar bien las estructuras”, explicó Hernández a García-Ibáñez y agregó, “conozco un fotógrafo de fine arts y arquitectura que es amigo mío, Carlos Domenech, y le pediré que lo haga”. Y así fue que el azar volvió a unir a García-Ibáñez y a Domenech, amigos de la infancia y separados por más de cuatro décadas.

El paso nefasto por la provincia más oriental de Cuba del mega huracán Sandy, en octubre del 2012, fue el incentivo que definió un nuevo enfoque hacia la restauración en la diócesis. García-Tuñón recuerda una visita que hizo a la isla junto a Hernández convocados por el arzobispo para evaluar los daños. “Fuimos con ingenieros estructurales. En esta ocasión monseñor nos invitó a todos a una celebración muy especial en Bayamo por la terminación de los trabajos de restauración de su catedral. Cuando vimos el trabajo tan espectacular de preservación y restauración, fue que se nos ocurrió que en Santiago debería hacerse lo mismo”.

Estructuras en peligro

La solicitud a WMF se hizo este año. “Monseñor Dionisio estuvo aquí en enero y trabajé con él para redactar la solicitud”, recuerda Hernández. “La mandé y se anunció el 15 de octubre. En el jurado hay un panel de arqueólogos, antropólogos, arquitectos, gente que está en la conservación, sociólogos a nivel mundial, expertos en asuntos de patrimonio mundial y ese equipo lo eligen para un ciclo de dos años”.

La acertada filosofía que animó la petición fue reconocer el papel que ha jugado un grupo de iglesias y sus espacios urbanos aledaños en la vida social, cultural y religiosa de la ciudad y su relación con el medio ambiente y el territorio que aún pervive como escenario de intercambio social. Por lo particular del relieve descendente de la ciudad hacia la bahía, se puede hacer una lectura del desarrollo urbano en diferentes períodos históricos, de la estructuracion de los espacios de participación social, del papel de la iglesia en el desarrollo de la ciudad y de los vínculos territoriales, algo a lo que se refiere Hernández como “un teatro de la memoria”.

En la catedral de Santiago, que sirve como modelo de intervención a las demás iglesias incluidas en la lista de WMW, se hizo una combinación de conservación y restauración. “Se trató más como un preservation project”, aclara Hernández. La catedral está erigida sobre una gran plataforma elevada, encima de un edificio que abre de manera rítmica a la plaza, haciendo el conjunto tipológicamente peculiar.

La incorporación de estas iglesias y sus plazas en el WMW –que en su portal de internet afirma “han sufrido el impacto de los desastres naturales y en la actualidad están en peligro por la falta de recursos que puedan ser dedicados a la conservación”– no significa que dispondrán de todo el capital necesario para los trabajos constructivos. No obstante, constituye una herramienta que brinda la posibilidad a organismos, instituciones y personas para donar a travez de su sitio web. (www.wmf.org/project/colonial-churches-santiago-de-cuba). “Ves la iglesia donde te bautizaste, quieres colaborar y puedes hacer ahí mismo tu donación –explica Mesa– gracias a esta designación, dondequiera que haya un santiaguero se puede ver identificado porque nos une en un propósito genuino. Hace un enlace con todas las generaciones y es incluyente”.

A modo de colofón, el arzobispo García-Ibáñez opinó: “Se trata de un grupo de personas de buena voluntad que nos hemos unidos en un bien común, que es salvar edificios que son patrimonio del pueblo, en este caso de Santiago, pero también de toda la humanidad. No somos un mundo aislado porque lo que nos representa a nosotros también tiene un valor. Creo que si hay algo de agradecer es conocernos y ayudarnos mutuamente”.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2015, 6:50 a. m. with the headline "Miamenses ayudan a conservar Iglesias de Santiago de Cuba."

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