Sur de la Florida

Viven en Miami, pero Bush y Rubio niegan el cambio climático

Ciertas calles de Miami Beach se inundan con las mareas extremas.
Ciertas calles de Miami Beach se inundan con las mareas extremas. Miami Herald

A menos de 15 millas de las casas de Marco Rubio y Jeb Bush en la península, trabajadores en Miami Beach elevan las calles, convirtiendo de hecho las plantas bajas en sótanos con ventanas, para tratar de mantener a raya la implacable subida del nivel del mar. El poderoso océano continúa alzándose, amenazando a las personas, las propiedades y los suministros subterráneos de agua dulce.

No se puede controlar a la naturaleza, bromea Rubio con una sonrisa. Hay problemas más importantes, insiste Bush con exasperación.

“Yo no tengo un plan para influir en el estado del tiempo”, dijo Rubio con desdén en una reunión parecida a una asamblea de ayuntamiento en Nueva Hampshire el mes pasado.

“Eso no estaría en la primera página de las cosas que me hacen despertarme en medio de la noche bañado en sudor frío”, dijo Bush en ese mismo estado y ese mismo día.

Los dos aspirantes republicanos a la presidencia de Miami no suenan muy preocupados por uno de los problemas medioambientales más urgentes de su área.

Ellos no son “negadores” que cuestionan la existencia de los cambios climáticos, como algunos de sus rivales presidenciales, aunque ambos afirman que se sienten escépticos con relación a qué porcentaje de los mismos son responsabilidad de los seres humanos. Bush ha ido más lejos que Rubio, y ha admitido los efectos a largo plazo del aumento del nivel del mar para Miami. Incluso un aumento de sólo cinco pulgadas “crearía dificultades muy duras”, dijo Bush en Nueva Hampshire.

Pero ellos suenan de un modo muy distinto a los políticos locales que se han resignado a una dura realidad. Aun cuando algunos de ellos no quieren hablar de la responsabilidad que la sed de combustibles fósiles de la humanidad tiene en el calentamiento global, los líderes a nivel de ciudades y condado de ambos partidos políticos ya no discuten si es cierto o no que el sur de la Florida se está sumergiendo.

Yo no tengo un plan para influir en el estado del tiempo

Marco Rubio

“A nivel nacional, los cambios climáticos –con la excepción de algunas regiones del país, como la nuestra– es un tema abstracto. Aquí, en el sur de la Florida, donde sufrimos de inundaciones crónicas y vivimos esencialmente al nivel del mar, no lo es”, dijo al Miami Herald el representante federal Carlos Curbelo, republicano de Miami y partidario de Bush, desde una de las partes más vulnerables de su distrito, Cayo Hueso. “Los políticos, sean o no de Miami, deberían ser sinceros al respecto. Aun si ellos no creen que la mayor culpa sea de los seres humanos, que es lo que dice la mayoría de los científicos, ellos deberían realmente estar buscando soluciones de adaptación”.

“¿Vamos a mudarnos todos del sur de la Florida?”, continuó Curbelo, quien se ha sumado a una propuesta de resolución en el Congreso para reconocer la existencia de los cambios climáticos. “En nombre de sus coterráneos floridanos, ellos deberían estar hablando al país de un modo serio sobre este tema y buscando soluciones conservadoras”.

Los sondeos de opinión pública muestran que la mayoría de los estadounidenses piensa que los cambios climáticos son algo serio, pero existe una clara división partidista sobre qué hacer al respecto, y existe un escepticismo generalizado entre los republicanos con relación a las medidas gubernamentales.

“Esto se ha convertido en un tema partidista”, lamentó la comisionada del Condado Miami-Dade Rebeca Sosa, quien creó un grupo de trabajo sobre el nivel del mar en el 2013 como presidenta de la Comisión, un puesto no afiliado a partidos. Ella es republicana y apoya a Rubio, cuya carrera política ella ayudó a lanzar. “No podemos estar en ninguno de los dos extremos, decir que el mundo se acaba mañana, o no hacer nada. Tenemos que tomar precauciones”.

Aceptar el tema podría ser una prudente atención al medio ambiente, pero no sería popular en las primarias para Rubio y Bush, quienes en lugar de sonar la alarma al resto del país sobre lo que el estado está sufriendo, han restado toda importancia a los cambios climáticos como una amenaza exagerada que no es ni con mucho tan grave como lo advierten los científicos.

Sus planes energéticos continúan promoviendo el uso de hulla, petróleo y gas, las fuentes de energía emisoras de gases de invernadero que están calentando el planeta y empeorando los efectos más drásticos de los cambios climáticos: sequías severas, inundaciones y tormentas.

Ellos se proponen eliminar las rigurosas regulaciones de emisiones impuestas por el presidente Barack Obama a las centrales energéticas, e ignorar o retirarse del histórico acuerdo para reducir los gases de invernadero que 195 países –incluyendo Estados Unidos y China, los mayores contaminadores del mundo– aprobaron el mes pasado en París. Afirman que las regulaciones del Presidente eliminan demasiados empleos, aunque los críticos señalan que están siendo creados nuevos empleos en el campo de la energía limpia. Ambos se burlan de la afirmación de Obama de que los cambios climáticos son la “mayor” amenaza para las generaciones futuras. (Ellos dicen que esa amenaza es el terrorismo).

Eso no estaría en la primera página de las cosas que me hacen despertarme en medio de la noche bañado en sudor frío

Jeb Bush

Los ejecutivos petroleros y las gasolineras siguen siendo los principales contribuyentes financieros de los políticos conservadores. El Centro por una Política Responsable (Center for Responsive Politics), que se dedica a rastrear los gastos políticos, listan a la industria como uno de los tres principales contribuyentes de Bush. Los industrialistas hermanos Koch todavía no han respaldado a ningún candidato a la presidencia, aunque se dice que Rubio está entre sus favoritos.

A Rubio y a Bush les gusta decir que es una mayor dependencia en el gas natural lo que ha hecho bajar ya las emisiones de dióxido de carbono de EEUU, aunque expertos sostienen que en realidad se trata de una combinación de esa tendencia de producción y de regulaciones más estrictas.

No es que Rubio y Bush no quieran que se hagan más inversiones en fuentes energéticas de cero carbón tales como la energía eólica, solar y nuclear. Rubio afirma que él quiere que Estados Unidos sea un líder en todo eso. Bush quiere que el gobierno invierta fondos públicos en investigaciones para desarrollar energía renovable más moderna y barata.

Pero eso no sería suficiente para detener los destructivos cambios climáticos con la rapidez con que se calienta la atmósfera, según los científicos, quienes sostienen que reducir las emisiones de la producción actual de hulla, petróleo y gas es la única manera de nivelar y, con el tiempo, reducir ese proceso.

“Esto me hace sentirme frustrado de un modo verdaderamente fundamental”, dijo Ben Kirtman, climatólogo de la Universidad de Miami a quien le gusta mostrar a los científicos una presentación de diapositivas –y que afirma que en una ocasión presentó un informe a la oficina de Rubio en el Senado– que representa gráficamente el calentamiento global desde la Revolución Industrial. “Basta de negar los hechos. Podemos discutir sobre cuáles son las soluciones políticas apropiadas, y yo puedo votar para a favor de destituirlos de sus cargos si no me gustan. Pero ellos tienen que ser capaces de absorber la mejor información disponible y tomar decisiones en base a la misma.

“Me encantaría que la tecnología pudiera salvarnos en un par de años, pero no es así”.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de enero de 2016, 7:08 p. m. with the headline "Viven en Miami, pero Bush y Rubio niegan el cambio climático."

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