Sur de la Florida

Iglesia de San Judas en Brickell es patrimonio histórico

La iglesia Melquita de St. Jude en Brickell está sujeta a una amarga disputa entre feligreses y autoridades eclesiásticas.
La iglesia Melquita de St. Jude en Brickell está sujeta a una amarga disputa entre feligreses y autoridades eclesiásticas. Archivo Miami Herald

Obligada de nuevo a resolver una disputa dentro de una casa de Dios dividida en contra de sí misma, la Comisión de la Ciudad de Miami acordó, por segunda vez, declarar la iglesia melquita católica de St. Jude en Brickell monumento histórico.

Los comisionados votaron la semana pasada 4 a 1 a favor de preservar el santuario, recubierto de piedra caliza y situado en el 1501 Brickell Ave., el presidente de la Comisión, Keon Hardemon, estuvo en contra. La votación – a la que la Comisión se vio obligada cuando los tribunales derogaron una decisión anterior de los comisionados de la Ciudad – tuvo lugar horas después de testimonios encontrados de expertos y mordaces protestas de parte de dignatarios de la iglesia que dijeron que la Ciudad estaba restringiendo su libertad de religión.

“Por favor, déjennos en paz”, dijo el párroco de St. Jude, Damon Geiger.

Si la decisión de los comisionados se mantiene, el exterior de la iglesia, construida en 1946, sería protegida por la Ciudad, y todo cambio, reparación o plan de demoler el edificio de forma cruciforme tendría que ser especialmente aprobado por una junta de arquitectos y preservacionistas de Miami. Pero ya existen especulaciones de que la iglesia volverá a apelar la decisión ante los tribunales como lo hicieron en el 2013 cuando la comisión votó por primera vez a favor de preservar el santuario.

“Yo creo que esto va a regresar a los tribunales y va a ser apelado, así que voy a limitar mis comentarios”, dijo el comisionado Frank Carollo antes de la votación.

La controversial batalla por la pintoresca iglesia cuyo estilo imita el románico, y que fuera construida como academia para las Hermanas de Nuestra Señora de la Asunción, ha durado años, y se remonta a cuando empezaron a esparcirse “rumores” de que los dignatarios de la iglesia estaban pensando en vender el edificio a un urbanizador. Un grupo de parroquianos presentó una petición a la Ciudad para salvar el edificio, poniendo al descubierto una lucha intestina sobre el destino de la institución y empujando a la Ciudad en medio de una acalorada disputa con implicaciones tanto históricas como constitucionales.

Los comisionados votaron en el 2013 a favor de preservar el santuario, pero la Iglesia Melquita apeló y ganó cuando el Tribunal de Apelaciones del Tercer Distrito apoyó en octubre el fallo de un tribunal de primera instancia de que la Ciudad no había aplicado los estándares apropiados según las leyes de Miami en su designación de historicidad de la iglesia. Los tribunales ordenaron a la Ciudad que reconsiderara el tema en base específicamente a si la iglesia era más significativa como monumento histórico que como institución religiosa.

La funcionaria de preservación, Megan Cross Schmitt, obedeció y llegó a la misma conclusión, aunque admitió el jueves que era “incómodo” alegar que una iglesia era más importante en el sentido arquitectónico que en el religioso. Algunos miembros y líderes de la iglesia consideraron que la premisa era insultante.

“Si se está adorando a Dios, no hay nada más importante que eso”, dijo Geiger.

Geiger acusó a los parroquianos que firmaron la petición, algunos de los cuales tienen intereses inmobiliarios, de estar más interesados en preservar la vista de los condominios que rodean el santuario que en el mismo. Él testificó el jueves que, al declarar el santuario como histórico, Miami estaría restringiendo la libertad religiosa de la Iglesia y forzándola a operar dentro de un edificio en el cual algunos elementos iconográficos y arquitectónicos todavía están en conflicto con las creencias de la Iglesia Melquita, la cual compró el santuario a fines de la década de 1970.

Geiger dijo que la Iglesia salvó el santuario en ese entonces de que fuera vendido a urbanizadores de condominios, y que ha hecho grandes esfuerzos por preservar el edificio. Pero los firmantes de la petición acusaron a la Iglesia de destruir o esconder objetos importantes, tales como un crucifijo colgante, y de permitir que el edificio se deteriore.

“Esa iglesia se está desmoronando delante de nuestros ojos. Hay rajaduras en la piedra caliza. Hay goteras en todo el edificio”, dijo el ex parroquiano Andrew Korge. “Yo juré que nunca pondría el pie de nuevo en esa iglesia. Eso me revuelve el estómago”.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de febrero de 2016, 8:56 p. m. with the headline "Iglesia de San Judas en Brickell es patrimonio histórico."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA