Sur de la Florida

Guerra en Ucrania impulsa migración rusa a Miami

La periodista Elena Polyakova (derecha) conversa con su amigo Vitaly.
La periodista Elena Polyakova (derecha) conversa con su amigo Vitaly. Para el Miami Herald

En medio de Sunny Isles Beach, mientras buscaba una comunidad rusa local, veo de pronto una mesa con un samovar. Ahora sé que estoy en el lugar indicado.

Un samovar es un equipo tradicional de cocina ruso, un recipiente para hervir agua que se usa para preparar grandes cantidades de té para fiestas y reuniones familiares. Aquí estaba expuesto al frente de una tienda que ofrece toda una variedad de productos rusos: paquetes de granos, salsas, vegetales en conserva, productos lácteos… el tipo de productos que se pueden comprar fácilmente en Rusia en todas partes pero que es difícil conseguir en Estados Unidos.

Inna, una rubia de 32 años y aspecto extremadamente juvenil que es la gerente del deli ruso Matryoshka, aceptó conversar gustosa, pero con una sonrisa tímida se negó a contar detalles de su historia personal. Lo mismo que muchos otros rusos que traté de entrevistar, ella pregunta si el artículo aparecerá en la prensa estadounidense o en la rusa (lo segundo es poco probable).

Muchos inmigrantes rusos no quieren dar a conocer sus historias; algunos no quieren exponerlas a la publicidad en Rusia, y otros se sienten inseguros porque todavía no tienen estatus de residentes permanentes en EEUU.

Hay muchos rusos ricos viviendo aquí.

Inna

gerente de una tienda rusa

“Aquí están viviendo muchos rusos ricos. Mira esos rascacielos de Trump”, dijo Inna.

Sí, el “Trump Palace” está justo al cruzar de la calle del centro comercial donde está situado Matryoshka. Y este podría ser el centro comercial más ruso de Miami-Dade, con tiendas y restaurantes que venden comidas típicas rusas, compañías inmobiliarias propiedad de rusos y donde la lengua rusa es usada con frecuencia para las transacciones verbales.

Pero no son sólo los ricos los que han dejado Rusia por Miami. Los rusos profesionales y de clase media también acuden aquí en grandes cantidades.

En Sunny Isles uno puede encontrarse lo mismo con una estrella pop rusa de las décadas de 1990 o del 2000 que el ex cocinero de una fonda de Moscú. El flujo de gente nueva en la comunidad rusa local ha aumentado significativamente en los últimos dos años, desde que Ucrania entró en una guerra y Rusia apoyó a los separatistas en Ucrania Oriental, provocando toda una serie de sanciones y el aislamiento internacional.

Parece que hay aviones llenos de ellos que están llegando

Inna

gerente de una tienda rusa

“Parece que llegaran aviones llenos de ellos”, dijo Inna. “Muchas vienen a parir aquí porque los bebés se convierten automáticamente en ciudadanos estadounidenses”.

Aunque no hay muchos datos oficiales sobre los inmigrantes rusos que se establecen en el sur de la Florida, el aumento evidente de los que vienen huyendo de Rusia y Ucrania puede ser explicado en parte por los tiempos difíciles que ambos países han enfrentado desde el comienzo de la crisis ucraniana en el 2013.

A fines del 2013 comenzaron las protestas en la plaza Maidan de Kiev. En febrero del 2014, los ucranianos derrocaron al presidente Víctor Fiodorovich Yanukovich, asociado por mucho tiempo del Kremlin. En marzo, tropas rusas aparecieron en la península de Crimea, la cual se convirtió rápidamente en territorio ruso de hecho. Luego, grupos separatistas pro rusos en Ucrania Oriental, inspirados por el audaz golpe de Crimea, se enfrentaron al ejército ucraniano en una serie de sangrientas batallas que devastaron el área de Donbass.

El asunto de Crimea y la guerra en Ucrania, que según se cree ha sido impulsada en gran medida por el Kremlin, llevaron a sanciones y embargos mutuos de exportaciones con Occidente que hicieron que la ya vacilante economía rusa se desplomara en una profunda recesión. Por añadidura, la enemistad con Estados Unidos provocó un aumento de propaganda antiestadounidense en los canales de televisión controlados por el estado y, por tanto, una atmósfera social de ansiedad semejante a la de la Guerra Fría.

Elena Poliakova, periodista ucraniana de 31 años que escribía antes para revistas glamorosas como Cosmopolitan, vivía en Kiev pero nació en Lujansk, un poblado en el área oriental de Ucrania que sufrió mucho en la guerra. Ella contó que vino a Estados Unidos en el 2013 por razones personales, pero también porque ya no se sentía segura en Ucrania. La madre de Poliakova está todavía en Lujansk, controlado ahora por los separatistas, lo cual significa que nadie puede salir del pueblo. Elena está esperando ahora por la entrevista para obtener residencia permanente, y sueña que algún día podrá sacar a su madre de las ruinas de su país natal.

Venir a vivir a Miami-Dade fue difícil para ella. Tenía algunos amigos aquí, pero no tenía trabajo, y su inglés no era lo suficientemente bueno. Pronto, no obstante, encontró trabajo en la revista en ruso SociaLite Magazine, lo cual le permitió seguir haciendo el mismo trabajo que en Ucrania.

no tenía carro, así que recorrí hasta la última milla de este barrio en mi bicicleta

Elena Polyakova

periodista ucraniana

“Yo no tenía carro, así que recorrí hasta la última milla de este barrio en mi bicicleta”, dijo Poliakova, sentada en un café de Miami Beach.

Poliakova dijo que, de todas las personas no rusas que conoce aquí, los latinoamericanos son los más fáciles de tratar.

“Su mentalidad se parece un tanto a la nuestra, sencillos y acomodadizos: nosotros siempre esperamos tener suerte, y ellos siempre están pensando en el mañana. Si los escuchas hablar aunque sea por dos segundos, es seguro que vas a escuchar esa palabra”.

El conflicto ucraniano que ha dividido familias y roto amistades en Rusia ha tenido el mismo impacto aquí, según Poliakova: “Se han roto matrimonios y amistades. Por suerte, no he tenido esa experiencia”.

“Eso resultó una prueba de cordura para muchos”, añadió Vitali, amigo de Elena, quien también vino de Ucrania hace un par de años. “De pronto se impusieron el odio y los prejuicios. Ayer éramos hermanos, y hoy, de pronto, resulta que somos viejos enemigos”.

Vitali, de 40 años, era director informático de una compañía de gran tamaño en Kiev, dijo, pero no quiso dar detalles de su emigración ni su apellido. Explicó por qué muchos inmigrantes no cuentan sus historias públicamente: “Aquí la gente empieza de cero. En la mayoría de los casos, ni tu educación ni tu experiencia laboral te sirven de nada. Cuando vine aquí, tuve que hacer trabajos que nunca había hecho antes en mi vida… no le diré cuáles”.

Algunos que emigraron en los últimos años se las han arreglado para lograr nuevos éxitos.

Sergey Kalvarski, de 51 años, es un prominente productor de televisión ruso y miembro de la Academia de Televisión rusa, quien trabajaba en programas de los principales canales rusos de televisión. Ahora, él está empezando una nueva empresa de modas en el Design District de Miami. Listo para inaugurarlo con su socio estadounidense, él mantiene sus dedos cruzados, pero no quiso revelar nada más.

Kalvarski se estableció con su familia en Allison Island en Miami Beach en el 2013, luego de pasar aquí muchas vacaciones.

Incluso antes de los sucesos de Crimea, sentí que las cosas estaban tomando una dirección que no me gustaba

Sergey Kalvarskiy

productor ruso de TV

“Incluso antes de los sucesos de Crimea, sentí que las cosas estaban tomando una dirección que no me gustaba. Estaba claro que los que están en el poder se están volviendo locos poco a poco debido a su poder, y eso no va a terminar bien, así que necesitaba venir para acá legalmente. Pedí una tarjeta verde y me la dieron”, dijo.

“En Rusia, vi que hasta algunos de mis amigos más cercanos han cambiado. La propaganda que sale hasta de los agujeros más minúsculos afecta incluso a las personas más sensatas. El asunto de Ucrania ha dividido al país en dos, y la gente ya no puede hablar de eso en un lenguaje humano. El crimen principal que este régimen ha cometido es que la sociedad se ha vuelto inmoral: la gente miente, odian a todos, se odian entre ellos por razones políticas. No había tanto odio en el aire ni siquiera en el infierno de los ’90, cuando había tantos pandilleros”.

Kalvarski dijo que él conoce algunas personas de su mismo medio que salieron de Rusia recientemente por esa misma razón. “Yo recomendé mi abogado de inmigración a más de una docena de personas, y todos ellos consiguieron tarjetas de residente. Algunos se mudaron a Nueva York, otros a Miami, y algunos a California”, dijo.

Para Kalvarski y su familia, la adaptación al nuevo ambiente fue fácil. Su hijo adolescente fue el primero en sentirse aquí como en su casa. La idea de establecerse en Miami les vino cuando el muchacho contó a sus padres que quería estudiar en una escuela de la localidad donde ya había estudiando durante las vacaciones de verano. La esposa de Kalvarski entró en un colegio médico con el sueño de trabajar en una sala de emergencia. “Este año, ella terminó con notas de A”, señaló su esposo con orgullo.

Kalvarski dijo que él se siente cómodo en Miami, y no sólo por el clima agradable. “Para mí, Estados Unidos es distinto de cualquier otro país porque aquí todas las ciudades están llenas del ruido de las sirenas y de gente que corre a rescatar a otros. Yo escucho las sirenas día y noche, y, para mí, son un símbolo de Estados Unidos”.

“Muchas veces, he visto a un desamparado sucio caerse en la calle, y enseguida mujeres adornadas de diamantes y con carteras de lujo corren a ayudarlo a levantarse”, dijo. “Para mí, eso es una señal de una nación saludable donde todos están dispuestos a ayudarse mutuamente”.

Anna Baidakova es una periodista rusa que pasó dos semanas en Miami en una beca del Centro Internacional de Periodistas con sede en Washington.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de junio de 2016, 3:49 p. m. with the headline "Guerra en Ucrania impulsa migración rusa a Miami."

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