Sur de la Florida

Futuros pasteleros aprenden más que un oficio


El profesor Pedro Díaz muestra cómo se adorna con crema unas pequeñas tartas. Los estudiantes Camilo Nunez, Sophia Cruz, y Angela Lombardo lo miran con atención, el miércoles.
El profesor Pedro Díaz muestra cómo se adorna con crema unas pequeñas tartas. Los estudiantes Camilo Nunez, Sophia Cruz, y Angela Lombardo lo miran con atención, el miércoles. Miami Herald

Poniéndose chaquetas y gorros de chef, y sonriendo sin parar, los jóvenes adultos con necesidades especiales se reúnen en una cocina industrial y comienzan la travesía de receta a golosina horneada. Bajo la gentil tutela de un pastelero de tercera generación, ellos baten la mezcla, pasan rodillo a la masa, untan el merengue y ponen a hornear todas esas delicias hora tras hora.

En el papel, este es un programa vocacional que entrena a adultos con discapacidades en cómo hornear pastelería. Pero es mucho más que eso, lecciones y aprendizaje para un grupo que no siempre ha conocido el éxito. En alrededor de un año, luego de memorizar los conceptos y aprender destrezas críticas de la vida, los estudiantes estarán listos para un centro de trabajo que valora su eficiencia pero también aprecia cuán diferentes son.

El programa de entrenamiento del Centro de Educación J.R.E. Lee en South Miami, que ya tiene un año, y que es una extensión del sistema de Escuelas Públicas del Condado Miami-Dade, tiene un grupo de 20 estudiantes que están aprendiendo habilidades de pastelería estándares de la industria para trabajar en pastelerías o panaderías.

“Desde el punto de vista técnico, todos están aprendiendo habilidades. Pero, más que eso, esta es realmente una oportunidad increíble para que todos nuestros estudiantes puedan participar en la principal actividad en la vida de todo adulto, que es ir a trabajar”, dijo Robin Matusow, consejero y coordinador del programa de pastelería. “Prácticamente todos y cada uno de nuestros estudiantes han tenido problemas con el entrenamiento tradicional o en un centro de trabajo, pero no sólo por falta de habilidades, sino además por falta de aceptación de parte de la sociedad en general”.

“Yo aprendí a hacer galletitas de chocolate chip. Son mis favoritas. Quiero aprender a hacer un montón de cosas”, dijo Lexus Baker, de 19 años, quien espera algún día trabajar en la pastelería de un supermercado. “Aquí la gente es muy buena. Después de esto, puede que consiga trabajo. Ellos quieren lo mejor para nosotros”.

Todos los estudiantes –que forman parte del programa de la División de Rehabilitación Vocacional de la Florida –tienen alguna discapacidad, ya sea de tipo intelectual, físico, o ambos. Algunos son autistas. Muchos tienen problemas para aprender a leer y escribir. Pero todos tienen la capacidad de aprender en el ambiente adecuado. Los estudiantes, que están entre los 18 y los 30 años, viven todos en Miami-Dade, de Homestead a North Miami Beach.

“Estamos enseñando las mismas habilidades que un programa estándar pero de un modo diferente, para que ellos puedan lograrlo. El objetivo es que todos puedan ir a trabajar”, afirmó Matusow. “Además, les enseñamos sobre la cultura del trabajo, sobre las entrevistas laborales, cómo interactuar apropiadamente con sus compañeros de trabajo y cómo lidiar con sus supervisores”.

Pedro Díaz, de 48 años, un veterano pastelero cuya carrera incluye mucho tiempo trabajando para Publix, es el maestro. Él pasa cinco horas al día, cinco días a la semana, ayudando a los estudiantes a aprender el arte de la pastelería, desde galletitas y tortas hasta tartas y magdalenas. Díaz proviene de una larga línea de pasteleros en La Habana, y en sus recuerdos de infancia hay dulces momentos como cuando él probaba a escondidas el merengue de una torta hecha por su padre. Él vino a Miami hace 35 años, y aprendió la pastelería en su adolescencia. Durante 18 años, él trabajó en un Publix como pastelero y también gerente y entrenador de empleados de la pastelería.

Para enseñar recetas a los estudiantes, Díaz creó un sistema a base de colores usando etiquetas rojas, blancas, verdes y amarillas que ayudan a los estudiantes a memorizar las medidas. Aparte del aprendizaje visual, la clave es la repetición; los estudiantes hacen generalmente un artículo horneado unas seis veces antes de dominar la receta. Además, cada estudiante tiene un plan individual de aprendizaje que combina habilidades tanto sociales como técnicas.

“Me encanta la pastelería. Me encanta crear. Me encanta enseñar. Yo quiero dar una oportunidad a estos estudiantes, entendiendo que ellos aprenden de forma visual. Quiero brindarles esperanza y luz”, dijo Díaz. “Tenemos estudiantes que, si se les pone un libro delante, se aterran. Algunos tienen una historia de no salir bien en la escuela, y tienen miedo. Hay que mostrarles otra manera de aprender. Pero además, en cada faceta de su aprendizaje, estás también ayudándolos a construir su autoestima”.

“Yo me levanto temprano y tomo dos buses para llegar aquí. Me encanta el programa. Significa mucho para mí. El señor Díaz me enseñó a hacer galletitas de chocolate”, dijo Anthony Cazanove, de 22 años. “Yo quiero trabajar en una pastelería, y también quiero hacer cosas en casa”.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de febrero de 2015, 9:50 p. m. with the headline "Futuros pasteleros aprenden más que un oficio."

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