Cuba

Ex agente de CIA habla del viaje a Cuba de ‘Musculito’, cubano condenado por Watergate

Eugenio Rolando Martínez no informaba sobre comunidad cubana en Miami, según dijo a El Nuevo Herald Félix Rodríguez, ex agente de la CIA.
Eugenio Rolando Martínez no informaba sobre comunidad cubana en Miami, según dijo a El Nuevo Herald Félix Rodríguez, ex agente de la CIA. Getty Images

Por décadas, el cubanoamericano de Miami Felix Rodríguez ha sido identificado como un hombre de la CIA que perteneció a la Brigada de Asalto 2506 y realizó misiones de infiltración a Cuba después de la debacle de Bahía de Cochinos. También como pieza clave en la captura del líder guerrillero Ernesto “Che” Guevara en Bolivia.

Pero en una reciente entrevista, Rodríguez también emergió como amigo y confidente de Eugenio Rolando Martínez, alias Musculito –un cubano de Miami que participó en el allanamiento ilegal en 1972 de una oficina del edificio Watergate en Washington, incidente que desató el escándalo que eventualmente provocó la renuncia del entonces presidente Richard Nixon.

Aunque han pasado 44 años, Martínez surgió de nuevo en los medios en agosto cuando la organización Judicial Watch en Washington dio a la publicidad un documento de la CIA hasta entonces secreto. El documento por primera vez identificaba a Martínez como informante de la CIA “sobre la comunidad de exiliados en el área de Miami” al mismo tiempo que irrumpía como “ladrón” en la oficina del Comité Nacional del Partido Demócrata en el edificio Watergate.

No era espía de la CIA en Miami sino que tripulaba barcos de infiltración a Cuba,

Felix Rodríguez

ex agente de la CIA

Esta referencia trajo a colación el menos conocido papel que Martínez posteriormente jugó en un viaje a Cuba en el que se reunió con altos funcionarios del régimen después de salir de la prisión federal tras cumplir 15 meses de su condena de 40 años por su rol en Watergate.

Martínez se ha negado a hablar con el Nuevo Herald, pero en una conversación telefónica el jueves pasado dijo que pronto fijará una entrevista.

Mientras tanto, otras fuentes han añadido detalles de ese misterioso viaje que ocurrió después de que Martínez salió libre en 1975 y sobre lo que este hacía cuando era agente de la CIA en Miami y devengaba el pago de un llamado retainer o anticipo mensual.

La presencia de Martínez en el viaje a Cuba fue revelada en un libro que publicó el afamado escritor cubano Norberto Fuentes en 1999.

Al principio, Martínez negó lo que decía el libro Dulces guerreros cubanos, aunque en una conferencia de prensa en el restaurante La Habana Vieja de Miami, en noviembre de 1999, el cubano se rehusó a confirmar o negar que había viajado a Cuba, como decía el libro de Fuentes.

Rodríguez, que asistió a la conferencia de prensa, dijo en entrevista con el Nuevo Herald que había hablado sobre el viaje durante el evento en La Habana Vieja. No fue sino hasta el año pasado en una comparecencia en el programa de televisión El espejo (América Tevé), del presentador Juan Manuel Cao, que Martínez finalmente confirmó el viaje a Cuba y dio algunos detalles, que en ciertos aspectos difieren un poco de lo que recuerda Rodríguez que le dijo después que regresó de la isla.

No informaba sobre cubanos de Miami

En primer lugar, Rodríguez dice que la información contenida en el documento desclasificado de la CIA que describe a Martínez como informante de la agencia sobre la comunidad cubana en Miami es errónea.

“Eso es totalmente falso”, dijo Rodríguez, que como Martínez en esa época también tenía vínculos con la CIA.

Lo que en realidad hacía Martínez, y por lo que recibía un retainer o anticipo de la CIA por $200 al mes, recordó Rodríguez, era ir como tripulante de embarcaciones que la agencia utilizaba para transportar equipos de infiltración a Cuba después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos –operación financiada y organizada por la misma agencia en 1961. Rodríguez y Martínez participaron en la operación.

“A él lo mantenían con las tripulaciones de barcos”, recordó Rodríguez, que pertenecía a los equipos de infiltración en ese momento. “Inclusive, recuerdo uno de los viajes en que lo vi. Había una operación en Cuba de un team infiltrado en la isla que la Agencia pensaba que estaba cogido por los cubanos y no sabían si era verdad o mentira. Lo que ellos hicieron fue agarrar un barco, prepararlo y me pidieron que fuera como conejillo de Indias a probar si las instrucciones que ellos les daban para el que no conoce ni de barcos ni de motores podía arrancar el barco.

“Entonces, [Martínez] fue el que me llevó en el barco de él a unos mangles para que yo bajara, cogiera las instrucciones y, efectivamente, logré arrancar el barco”.

En última instancia, dijo Rodríguez, el anticipo que la CIA le pagaba a Martínez era por su disponibilidad para operar los barcos, no para espiar a la comunidad cubana de Miami.

“Si [la CIA] necesitaba en un momento determinado hacer una operación de emergencia a Cuba, tenían un barco disponible con tripulación y él [Martínez] es el que estaba disponible”, apuntó Rodríguez.

Para cuando Martínez se involucra con Watergate, Rodríguez había partido de Miami y se había incorporado más de lleno en las actividades clandestinas de la CIA a nivel mundial, participando en operaciones en Vietnam y en la captura del Che Guevara en Bolivia.

Cuando la policía de Washington fue notificada del allanamiento en el Watergate a las 2:19 a.m. del 17 de junio de 1972 y arrestó a Martínez y otros cuatro “ladrones”, Rodríguez estaba trabajando para la CIA en Vietnam, donde fuerzas militares estadounidenses combatían a guerrilleros apoyados por Hanoi.

El FBI le dijo que no fuera a Cuba

Por ende, dice Rodríguez, no jugó ningún papel en el escándalo de Watergate. No fue sino hasta después de que Martínez salió de prisión en 1975 por la condena de Watergate que este reanuda su contacto con Rodríguez. Fue sobre un contacto que había tenido desde Cuba.

“Me llama y me dice: “Félix, tengo un problema. De Cuba me han pedido que vaya allá, y estoy tratando de contactar a la [CIA] para pasar la información, pero no puedo empatar con nadie’ ”.

Rodríguez le dijo que iba a llamar a sus contactos en la Agencia.

“Entonces llamé a mi contacto allá, de operaciones de la agencia, y le dije lo que [Martínez] me dijo”, recordó Rodríguez.

Se enteró entonces que la CIA no le había respondido a Martínez por lo de Watergate.

“A Rolando no lo podemos tocar con un ten-foot-pole", Rodríguez dice que su contacto de la CIA le dijo. “Pero dile que vaya al FBI, que trabaje con ellos. Le digo: ‘Rolando, habla con el FBI”.

Eventualmente, Martínez acepta viajar a Cuba a pesar de los temores de sus contactos del FBI de que ir a la isla podría ser problemático dado los antecedentes anticastristas del exiliado, su vínculos con la CIA, su rol en Watergate y su participación en operaciones relacionadas con la fallida invasión de Bahía de Cochinos.

“Hablamos cuando regresó, que el FBI no quería que él fuera porque tenía miedo que lo fueran a meter preso”, dijo Rodríguez.

El viaje de Martínez a Cuba, que este confirmó el año pasado en su entrevista con El espejo, fue detallado en el libro de Fuentes.

Dice que Antonio de la Guardia, un coronel del Ministerio del Interior (MININT), ejecutado en 1989 en el caso del también fusilado general Arnaldo Ochoa, fue quien recogió a Martínez en una playa de Jamaica en una balsa y lo llevó al yate El Pajaro Azul, de Fidel Castro, abordo del cual viajó a Cuba.

“De ahí lo llevan en avión a La Habana, y lo hospedan en una casa de Seguridad del Estado en Santa María del Mar, y esa noche por televisión, según el me contó, vio una pelea de boxeo en que estaba Fidel Castro con varios generales y que uno de esos generales vino a hablar con él”, dijo Rodríguez. “Fidel nunca lo vio”.

Al preguntársele qué querían los funcionarios cubanos de Martínez, Rodríguez dijo que este le contó que el régimen de La Habana deseaba convencerlo de que se convirtiera en cabildero a favor del levantamiento del embargo económico estadounidense contra Cuba, que aún sigue vigente a pesar del reestablecimiento de relaciones con la isla por el presidente Barack Obama.

“Como él tenía tan buena reputación y, vaya, todas las misiones que había hecho, que ellos querían que hiciera lobby para que levantaran el embargo, que reestablecieran negociaciones con Cuba, que él le dijera a la gente: ‘Caballero, ya han pasado muchos años, todos somos cubanos’, ese tipo de retórica”, recordó Rodríguez.

“No le pidieron ser espía para la inteligencia cubana”, preguntó el Nuevo Herald. “No”, replicó Rodríguez.

El libro de Fuentes dejaba entender que De la Guardia consideraba a Martínez como agente de la inteligencia cubana desde antes de Watergate, cosa que Martínez específicamente negó en su comparecencia en El espejo. Agregó Martínez que cuando estuvo en Cuba, los funcionarios cubanos que hablaron con él trataron de “captarme” pero no dijo para qué.

El dinero de la inteligencia cubana

Otro dato intrigante que recordó Rodríguez de su conversación con Martínez cuando este regresó de Cuba es que mencionó que los funcionarios cubanos le habían dado una cantidad de dinero que a su llegada a Miami entregó de inmediato al FBI.

Rodríguez dijo que no sabía cuánto dinero había recibido Martínez o para qué.

El episodio solo empezó a causarle problemas a Martínez cuando se publicó el libro de Fuentes en 1999. Debido a que los periodistas empezaron a bombardear a Martínez con preguntas, este decidió –en conversaciones con Rodríguez– dar una conferencia de prensa en el Restaurante La Habana Vieja en Coral Way.

Aunque en la conferencia de prensa, el 19 de noviembre de 1999, Martínez no quiso dar detalles del viaje a Cuba, Rodríguez le dijo a el Nuevo Herald que él habló sobre el viaje con los periodistas que estaban ahí.

“Yo fui el que hablé de que había ido a Cuba”, recordó Rodríguez. “Aclaré bien la cosa”.

Para darle credibilidad al evento, dijo Rodríguez, había dos agentes del FBI retirados que acompañaron a Martínez.

En una nueva comparecencia en El espejo la semana pasada, Martínez describió a los dos agentes como funcionarios de la CIA, pero Rodríguez dijo que los dos hombres habían trabajado para el FBI, no la CIA.

En última instancia, dijo Rodríguez, aunque el viaje causó polémica en la comunidad de cubanos exiliados en Miami, resultó ser beneficioso para Martínez.

La razón, explicó Rodríguez, fue que un informe que elaboró el FBI sobre la información que proporcionó Martínez a la agencia cuando retornó de Cuba convenció al presidente Ronald Reagan de otorgarle un perdón presidencial por su rol en Watergate.

Aunque Martínez no ha dicho qué información sobre Cuba le entregó al FBI, Rodríguez sugirió que posiblemente el ex ladrón de Watergate describió con lujo de detalles a quién vio, qué le dijeron los funcionarios cubanos y qué tácticas usaron para llevarlo a Cuba.

“Todo el mecanismo que ellos usaron, cómo lo llevaron allá en el barco, quién lo recogió, cómo llegó al avión, qué avión utilizaron, cuál era la dirección de la casa de la Seguridad”, explicó Rodríguez. “También, cómo es el mecanismo completo, quién lo atendía cuando llegó. Todo es de interés para ellos”.

Siga a Alfonso Chardy en Twitter: @AlfonsoChardy

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2016, 5:20 p. m. with the headline "Ex agente de CIA habla del viaje a Cuba de ‘Musculito’, cubano condenado por Watergate."

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