Cuba

Cuando el sur se convierte en el norte para los cubanos que huyen de la isla

Decenas de cubanos atraviesan cada día las selvas de Guyana para emigrar a otros países de América del Sur.
Decenas de cubanos atraviesan cada día las selvas de Guyana para emigrar a otros países de América del Sur. Cortesía

El día en que Fidel Castro murió, Widhner J. Ballester ya no creía en él. Durante años trabajó en la sede de un tribunal de Sagua de Tánamo, en la oriental provincia de Holguín, como juez. Según relata a 14ymedio, su actitud crítica ante el sistema le ganó la antipatía de los poderosos.

Obligado a renunciar a su trabajo y sin más oportunidades de empleo por su cercanía a grupos opositores, hoy es uno de los miles de cubanos que han salido rumbo a Sudamérica y buscan en el continente las oportunidades que creían solo podían encontrar “en el norte”.

GRÁFICO: La inmigración cubana hacia América Latina

“Estados Unidos es el sueño de todos los cubanos, pero no tenía ni los recursos ni la posibilidad de hacer el viaje para pedir asilo político en la frontera”, explica Ballester por vía telefónica desde Manaos, en el corazón de la selva de Brasil.

Guyana es el único país del continente que no exige visado a los cubanos. Con el dinero que le prestó un amigo que vive en Estados Unidos, Ballester compró el pasaje y tras aterrizar en Georgetown se embarcó en “una travesía muy difícil”.

Selva y mafias

Caminos intransitables en medio de la selva, mafias y redes de tráfico de personas controladas por cubanos residentes en Guyana, según varios testimonios, canalizan el flujo migratorio en tres direcciones: Chile, Brasil y Uruguay.

Las solicitudes de refugio de cubanos en la frontera brasileña se multiplicaron el año pasado con respecto al 2014, según estadísticas reveladas a 14ymedio por el Ministerio de Justicia y Ciudadanía de ese país. A medida que las entradas de migrantes cubanos cayeron brutalmente en Estados Unidos tras el fin de la política de “pies secos/pies mojados”, han aumentado en las naciones del sur del continente. Solo hasta junio de este año 1,106 cubanos habían solicitado refugio en el gigante sudamericano.

“Después de cruzar la frontera legalmente la mayoría de los cubanos va a Boa Vista y luego a Manaos. Desde esa ciudad se organizan los grupos que van a Chile y a Uruguay”, explica Ballester, de 40 años.

Él y otros tres cubanos vagaron durante algunos días en la capital del estado de Amazonas, pidiendo ayuda en las iglesias locales. Desde entonces se encuentran varados y sin recursos, esperando para continuar el viaje a otro país.

“Pensé que al ser opositor tendría alguna ayuda de los grupos de exiliados en Miami, pero estoy solo, sin ayuda ninguna y empezando de cero en otro país”, lamenta Ballester, que militó en la Corriente Agramontista y en la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu).

Dice que no tiene interés en regresar a Cuba ni marcharse a Estados Unidos atravesando Centroamérica.

“Quiero llegar a algún lugar donde pueda encontrar trabajo. Aquí es muy difícil por la cantidad de venezolanos que están llegando”, añade.

El éxodo venezolano supera al cubano en cantidad de migrantes y titulares. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 2.3 millones de venezolanos han dejado su país desde el 2014, desbordando la región. En el caso cubano se trata de un fenómeno de décadas, absorbido fundamentalmente por Estados Unidos. La OIM destaca en su último informe sobre las migraciones en el mundo que “un mayor número de cubanos, haitianos y dominicanos ha emigrado a América del Sur recientemente”.

Uruguay, Chile, donde sea

Allen Rodríguez tiene 38 años. Lleva viviendo en Uruguay ocho meses después de cruzar de norte a sur toda América del Sur desde Guyana. En Holguín se ganaba la vida como cuentapropista, pero el incremento de restricciones en el sector lo convenció de que emigrar era la única opción para salir de la miseria.

“No me daba la cuenta. O nos vestíamos o comíamos. Así que le dije a mi mujer que me iba a trabajar a Uruguay”, relata. Rodríguez estudió leyes en Cuba, pero no ejercía su profesión por los bajos ingresos en el sector estatal. Tras conocer los detalles para solicitar refugio en Uruguay, con otros cubanos cruzó la frontera de ese país desde Brasil y actualmente reside en Montevideo.

Para lograr un estatus legal en Uruguay, los cubanos se amparan en la ley 18.076, que obliga a recibir todas las peticiones de refugio en la frontera y enviarlas al Ministerio de Exteriores, encargado de aprobarlas o denegarlas. En el 2015 los funcionarios uruguayos solo recibieron nueve solicitudes de refugio en la frontera; en mayo de este año ya se contabilizaban 2,025 en menos de cinco meses.

Gracias a la flexibilidad de las leyes uruguayas, la mayoría de los cubanos ni siquiera termina su proceso de solicitud de refugio y se asientan en el país legalmente tras conseguir empleo. La llegada de cubanos a Uruguay por todos los puertos de entrada aumentó desde 867 en el 2013 hasta 5,314 en lo que va de año, según dijo la Oficina de Migración de ese país.

“Solicité refugio por motivos económicos. El gobierno de Uruguay simpatiza con el de Cuba. Si llegas diciendo que vienes por motivos políticos no te miran bien”, dice Rodríguez.

El hombre asegura que con la llegada masiva de cubanos la duración de los trámites se ha complicado.

“Los documentos que antes demoraban menos de 90 días hoy necesitan hasta un año”, dice.

Médicos limpiando pisos

Rodríguez lamenta que la mayor parte de los cubanos realiza trabajos poco remunerados a pesar de que viajan con títulos universitarios.

“Es muy común que te encuentres a un médico limpiando pisos o a un abogado de taxista”, añade.

La comunidad cubana en ese país mantiene fuertes vínculos con la isla a pesar de la distancia. Un reciente informe del Banco Central de Uruguay sostiene que que el 9 por ciento de las remesas provenientes de este país van a Cuba, que ocupa ahora el cuarto puesto en este renglón, solo por detrás de Argentina, España y República Dominicana.

“Mi sueño es poder trabajar para reunir a toda mi familia nuevamente y traerlos acá conmigo”, dice Rodríguez.

Otro país de la región que ha acogido el flujo de cubanos es Chile.

En el 2017 las solicitudes de asilo se multiplicaron respecto al año anterior. El alza también se ha visto reflejada en los viajes hacia ese país austral. Según datos del Departamento de Extranjería y de Migración de Chile, 11,119 cubanos llegaron el año pasado a ese país, una cifra que contrasta con los 7,016 que arribaron en el 2016.

“Llegué a Chile hace tres meses. Pedí asilo político en la frontera y desde entonces trabajo como carpintero”, dice a 14ymedio Félix Noriega, un habanero de 31 años. “En Cuba trabajaba haciendo muebles como particular, pero la persecución de los inspectores y el Estado me hacían la vida imposible”, relata.

Según cifras recientes, 5,451 cubanos han pedido ser inscritos en el proceso de regularización que lleva a cabo el Gobierno de Sebastián Piñera. Noriega afirma vía telefónica que su intención inicial era irse a Estados Unidos, donde tiene una hermana, pero la política de “tolerancia cero” del Gobierno de Donald Trump lo disuadió.

“Yo no sirvo para estar trancado. Ya bastante tiempo estuve sin libertad en Cuba”, añade.

Los migrantes que llegan a la frontera de Estados Unidos pidiendo asilo político son detenidos y pueden pasar meses bajo custodia de las autoridades antes de que se decida si se les otorga un parole, la condición de asilado, o son devueltos a sus países de origen.

A pesar de las dificultades, Noriega sigue ilusionado: “Ahora mismo no puedo enviarle nada de dinero a mi familia en Cuba, porque acabo de llegar y necesito estabilizarme, pero en cuanto esté mejor mi niña no tendrá que pasar más trabajo en Cuba”.

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