Cuba

Viuda del Che sobre fusilamientos en Cuba: ‘Fue un legítimo acto de justicia revolucionaria’

Rostros de los fusilados por el castrismo se exhiben en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas

El artista plástico y escritor cubano Juan Abreu, autor de los retratos, estuvo presente en la inauguración de la muestra, a la que asistieron varios parlamentarios y figuras del exilio cubano. Los retratos se hicieron partiendo de las pocas y bor
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El artista plástico y escritor cubano Juan Abreu, autor de los retratos, estuvo presente en la inauguración de la muestra, a la que asistieron varios parlamentarios y figuras del exilio cubano. Los retratos se hicieron partiendo de las pocas y bor

Aleida March de La Torre, viuda de Ernesto Guevara publicó recientemente un libro de memorias sobre los primeros años del triunfo revolucionario y sus vivencias al lado del “Che”. Fragmentos de Evocación, reproducidos en la web oficialista Cubadebate abordan episodios oscuros de la historia cubana como los fusilamientos en La Cabaña, en La Habana, que según March fueron “un legítimo acto de justicia revolucionaria”.

“Este [los fusilamientos] ha sido siempre un tema controversial y tergiversado por nuestros enemigos, a pesar de que representó un acto legítimo de justicia revolucionaria, en el que no medió el ensañamiento ni la improvisación”, aseguró March en su libro.

Según March, Guevara nunca participó en los juicios sumarios contra los “enemigos” ni presenció los fusilamientos, aunque sí se entrevistó con familiares que iban a pedir clemencia para los condenados en correspondencia con su actuar “humanista y de respeto”.

No se conoce de ningún condenado a quien Guevara haya perdonado la vida mientras fue comandante en la fortaleza de La Cabaña.

La cifra de fusilados sin garantías procesales ni juicios justos se desconoce. La ONG Archivo Cuba ha documentado 93 fusilamientos de los cuales se responsabiliza directamente a Guevara. De ellos, 66 fueron durante su comandancia en La Cabaña.

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Cortesía.

“Es cierto que bajo el gobierno de Batista se vivía un clima de violencia extrema en Cuba. También el Movimiento 26 de Julio fue violento y cometió actos terroristas”, afirma María Werlau, directora ejecutiva de Archivo Cuba.

Para Werlau, que ha dedicado buena parte de su vida a documentar los abusos a los derechos humanos bajo el castrismo, los rebeldes tenían como objetivo “instaurar el terror” y “eliminar cualquier disidencia”, para lo cual eran inevitables los fusilamientos.

“Tenemos constancia de que incluso cuando el Che pasa a dirigir el Banco Nacional continúa aprobando los fusilamientos. En 1964, en un discurso en la ONU, lo reconoce abiertamente y dice que continuarán fusilando”, agregó Werlau.

March, madre de los cuatro hijos de Guevara, cuenta en su libro que las fuerzas armadas batistianas no ofrecieron resistencia al ocupar la fortaleza de La Cabaña, dirigida por el teniente coronel Roberto Fernández Miranda, cuñado de Fulgencio Batista, que acompañó al ex gobernante en su huída.

“El Che y todos los integrantes de la comandancia nos ubicamos en la casa de Fernández Miranda y allí amanecimos; la mayoría durmió en el cuarto grande y a mí me dejaron el más pequeño”, relata March, quien confiesa que hurgó en las pertenencias de la esposa de Fernández Miranda y se vistió con su ropa.

La familia Guevara también se quedó con el perro del cuñado de Batista que murió de viejo en su hogar, según March.

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La casa de Fernández Miranda, cuñado de Batista. Granma.

“Éramos los desposeídos, quienes por primera vez nos sentíamos dueños de nuestro destino. Nos enfrentábamos a las primeras brisas. El Che ya había advertido que a partir de ese instante era que comenzaba la verdadera lucha revolucionaria”, agregó.

En marzo, March y Guevara se ven obligados a retirarse a Tarará donde vivieron más de dos meses debido a que el guerrillero tenía síntomas de un enfisema pulmonar.

La casa había sido propiedad de un inspector de aduana que huyó de la revolución al escapar Batista. March se pregunta en su libro de dónde salía el dinero para costear “esos lujos en la playa” y asegura que así vivían “los usurpadores del dinero del pueblo”.

“Se respiraba un aire diferente y más elegante y cómodo que allá [en La Cabaña], al estar la casa rodeada de grandes ventanales con cristales opacos y tener mucha ventilación, porque estaba situada en una pequeña colina”, explica March.

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