Cuba

Amada y odiada, el legado de Alicia Alonso deja luces y sombras en la historia de Cuba

Alicia Alonso, una de las más grandes bailarinas del siglo XX cuyo arte sirvió de modelo para una escuela de ballet, falleció este jueves en La Habana a los 98 años.

Su fallecimiento fue informado a el Nuevo Herald por fuentes cercanas a la familia.

Alonso fue una figura controversial con una “historia oficial” llena de relatos que se sitúan de forma imprecisa entre el mito y el suceso verídico.

Se dice, por ejemplo, que ella y el Ballet Nacional de Cuba (BNC) sirvieron con frecuencia como grupo de avanzada para sanar heridas diplomáticas y abrir nuevas vías de comunicación.

Alonso fue la “artista oficial” por excelencia de la revolución cubana. Su muerte es un acontecimiento político.

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel lamentó en Twitter el “enorme vacío” que deja Alonso, al tiempo que celebra su legado. “Ella situó a Cuba en el altar de lo mejor de la danza mundial”, dijo.

En Miami, Alonso ya comienza a recibir homenajes de algunos de sus seguidores, en quienes dejó huella.

“Alicia llenaba completamente el escenario. Cuando la veías bailar, desde que se abría la puertecita de Giselle, no tenías ojo para nadie más”, señaló a el Nuevo Herald el crítico y autor Baltasar Martín, refiriéndose a uno de los roles más icónicos de la bailarina cubana, el ballet Giselle.

Martín la vio bailar por primera vez cuando él tenía 7 años y desde entonces la disfrutó prácticamente en todas las piezas que ella interpretó.

“No hay bailarina que borre el recuerdo de Alicia, su gran creación es Carmen. Ahí está esa sensualidad nuestra, que ella capta de una manera muy fina, con un erotismo de muy buen gusto”, explicó Martín, que está escribiendo una novela inspirada en la vida de Alonso.

Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo (Alicia Alonso es su nombre artístico) nació el 21 de diciembre de 1920. Empezó sus estudios de ballet a los 9 años de edad en la Sociedad Pro-Arte Musical donde tuvo como compañero de clase a Fernando Alonso y bailó con el nombre de Alicia Martínez. La madre de Fernando y Alberto Alonso fue presidenta de Pro-Arte de 1934 a 1948. En 1935 asumió su primer rol protagónico, Swanilda, en el ballet Coppelia, junto a Alberto Alonso como Franz.

Alicia se marchó de Cuba sin tener que pedir permiso al gobierno (eran otros tiempos) y se mudó a Nueva York (sin tener que pedir asilo político) en 1937. Se unió a Fernando y se casaron. Recibió clases en la School of American Ballet fundada en 1934 por George Balanchine y Lincoln Kirstein. Después tomó un breve descanso en 1938 para tener a Laura —su única hija— participó en dos comedias musicales en Broadway y en 1939 se unió al Ballet Caravan de Balanchine.

Probablemente Alicia se inclinó hacia la izquierda desde entonces, porque era algo de moda en los círculos artísticos neoyorquinos de la época.

En 1940 se incorporó al recién formado Ballet Theatre (American Ballet Theatre desde 1957), pero al cabo de un año se vio obligada a separarse del grupo para atenderse problemas de la vista que eventualmente la dejarían casi ciega.

Regresó al Ballet Theatre en 1943 y el 2 de noviembre protagonizó la famosa sustitución en Giselle, cuando Alicia Markova no pudo bailar el rol protagónico. El enorme triunfo que obtuvo, con matices a la All About Eve, fue el nacimiento de su leyenda como intérprete.

Giselle estaría por siempre ligado a Alicia como bailarina y coreógrafa. Su versión fue una de las primeras cosas que montó en 1948 con el recién creado Ballet Alicia Alonso, luego Ballet de Cuba y antecedente directo del BNC.

Alicia llevaría Giselle al cine en 1963 bajo la dirección de Enrique Pineda Barnet (dramaturgia enriquecida incluida) y alcanzó la cima del reconocimiento mundial al montarla en 1972 en la Ópera de París, el mismo teatro donde fuera estrenado el original en 1841.

Giselle y Carmen, en la obra creada orignalmente por Alberto Alonso para Maya Plisetskaya en 1967, fueron los personajes que cimentaron la leyenda, pero su reaparición en escenarios de Estados Unidos en 1975, acompañada por Jorge Esquivel, fue su lacrado como mito. Leyenda y mito son dos cosas diferentes, pero Alicia consiguió ser ambas.

José Manuel Carreño, bailarín principal del American Ballet Theater (izq.) y Kevin McKenzie, director artístico, acompañan a Alicia Alonso durante una presentación en honor a los 90 años de la bailarina cubana, en el Lincoln Center de Nueva York, el 3 de junio de 2010.
José Manuel Carreño, bailarín principal del American Ballet Theater (izq.) y Kevin McKenzie, director artístico, acompañan a Alicia Alonso durante una presentación en honor a los 90 años de la bailarina cubana, en el Lincoln Center de Nueva York, el 3 de junio de 2010. Pedro Portal El Nuevo Herald

Giselle y Carmen fueron también por décadas roles deseados por las bailarinas cubanas más jóvenes y abundan las historias sobre los crueles sacrificios y la cantidad de años que varias de ellas tuvieron que experimentar antes de que Alicia diera la autorización para que pudieran interpretarlos.

Alicia permaneció con el Ballet Theatre durante cinco años con papeles principales en obras de Anthony Tudor (Undertow), George Balanchine (Theme and Variations) y Agnes de Mille (Fall River Legend) y comenzó a viajar como estrella invitada, a menudo acompañada por Igor Youskevitch.

De 1955 a 1959, bailó con los Ballets Rusos de Montecarlo, y fue la primera bailarina del mundo occidental en actuar en la Unión Soviética y la primera representante del continente americano en bailar con el Bolshoi y el Kirov en los teatros de Moscú y Leningrado en 1957 y 1958, respectivamente. Para entonces, y tras un fuerte enfrentamiento público con la dictadura del ex presidente cubano Fulgencio Batista, Alicia era ya una artista radicalizada.

Al llegar Fidel Castro al poder en enero de 1959, Alicia regresó a Cuba para formar una escuela y retomar el proyecto de compañía iniciado en 1948.

El gobernante de Cuba, Raúl Castro, junto a Alicia Alonso, durante la edición 22 del Festival Internacional de Ballet de La Habana, el 28 de octubre de 2010.
El gobernante de Cuba, Raúl Castro, junto a Alicia Alonso, durante la edición 22 del Festival Internacional de Ballet de La Habana, el 28 de octubre de 2010. Javier Galeano AP

En 1960, utilizó su poder de convocatoria y el de la revolución de Castro para realizar el I Festival Internacional de Ballet de La Habana. En 1964 llevó por primera vez bailarines del BNC al Concurso Internacional de Ballet de Varna, Bulgaria, y comenzó a hablarse de la Escuela Cubana de Ballet.

Es cierto que la Escuela Cubana se consolidó en condiciones de aislamiento gracias al apoyo que comenzó a recibir en 1959, pero el ballet cubano no comenzó en 1959.

La Sociedad Pro-Arte Musical (1918-1967) con su escuela de ballet (1931-1967) y la propia Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso (1950-1956) le abonaron el terreno. En ambos proyectos se encuentran las raíces del método pedagógico de la Escuela Cubana de Ballet, con fuerte influencia rusa. El libro Pro-Arte Musical y su Divulgación de Cultura en Cuba, de Célida Parera Villalón (Senda Nueva de Ediciones, 1990), es consulta obligada para los interesados en el tema.

En 1970, Alicia y el BNC participan en el VIII Festival Internacional de la Danza celebrado en Francia y obtienen el Grand Prix de la Ville de Paris.

Con 54 años y tras una delicada operación de la vista, Alicia se separa en 1975 de Fernando y un enroque maquiavélico la pone al frente de la dirección general del BNC. Ese mismo año se casa con el crítico de danza Pedro Simón Martínez, que la sobrevive. Con nuevo ímpetu y sin abandonar los escenarios, Alicia se reinventa como maestra y, sobre todo, como gestora de proyectos educacionales.

Tiene lugar entonces el primer intento oficial importante para exportar la Escuela Cubana de Ballet, estableciendo un ambicioso plan de colaboración con México, al que siguieron proyectos con otros países. El más reciente y más exitoso ha sido con España.

Para que no existieran dudas del apoyo oficial, el I Congreso del Partido Comunista de Cuba incluyó entonces en sus Tesis y Resoluciones a la Escuela Cubana de Ballet como uno de los grandes logros de la cultura revolucionaria.

En 1982 se realiza el I Curso Práctico Internacional de la Escuela Cubana de Ballet. En 1987 el BNC contribuye a la creación de la Facultad de Arte Danzario del Instituto Superior de Arte (ISA) de Cuba. En 1993 se crea la Cátedra de Danza Alicia Alonso en la Universidad Complutense de Madrid.

Detrás de cada esfuerzo está Alicia Alonso y la historia oficial que por mucho tiempo intenta borrar los aportes fundamentales de Fernando Alonso, el verdadero maestro de la Escuela.

En estos años comienza a perfilarse el tratamiento que recibirían las generaciones de bailarines por venir. El primer grupo de grandes bailarinas cubanas formadas bajo su influencia, Aurora Bosch, Mirta Plá, Josefina Méndez y Loipa Araújo, las llamadas “cuatro joyas”, llegaron hasta donde ella le permitió que llegaran. Después, la tan prometedora “primera generación de bailarinas formadas por la Revolución”, Rosario Suárez, Ofelia González y Amparo Brito, tuvo una vida escénica mucho más breve y un final con menos lustre.

A partir de ahí, la diáspora resultaría ser la nueva característica de la Escuela. Primero, los maestros. Después, los coreógrafos. Luego, el fenómeno de los bailarines autorizados para vivir en el extranjero.

En el otro extremo, el caso de los artistas cubanos abandonando giras internacionales y solicitando asilo, algo que existe desde los primeros viajes del BNC, pero que se ha hecho sumamente frecuente en los últimos años.

La ceguera y la edad no fueron obstáculos para Alicia, que continuaría bailando hasta 1995 en trabajos sofisticados concebidos para hacerla lucir bien, a veces proyectándose como fortaleza ruinosa pero inexpugnable y otras como caricatura involuntaria.

Cuando ya no fue posible mantenerse en escena, Alicia continuó acompañando al BNC en sus giras ofreciendo clases magistrales en algunas de las ciudades visitadas.

En 1998 fue distinguida con la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. La República Francesa le impuso la Orden de las Artes y las Letras, en el Grado de Comendador, y el Consejo de Estado cubano la condecoró con el título de Heroína Nacional del Trabajo de la República de Cuba.

En 1999, la UNESCO le otorga la Medalla Picasso, por su contribución al desarrollo y difusión del arte de la danza en Cuba y el mundo. En el 2000 recibe el Premio Benois de la Danza otorgado en Alemania por la Asociación Internacional de la Danza. La lista de distinciones y reconocimientos parece no tener fin.

Desde el 2011 Alicia tiene en Rivas, España, un Paseo con su nombre. En enero de 2016 el Gran Teatro de La Habana cambió el suyo por el de Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y el Festival Internacional de Ballet de La Habana se llama ahora Festival Internacional de Ballet de La Habana “Alicia Alonso”.

Sus trabajos coreográficos celebratorios del proceso revolucionario son obras muy menores, pero sus versiones de clásicos como Giselle, Grand Pas de Quatre, La Fille mal gardée y La Bella Durmiente son reconocidos internacionalmente y forman parte del repertorio de las compañías más importantes. Sus interpretaciones son inolvidables para los que la vieron bailar en el esplendor de sus facultades.

Mayda Bustamante, una de las promotoras principales del ballet cubano y quien sostuvo una cercana relación de amistad y trabajo con Alonso, expresó en Facebook su agradecimiento por haber compartido su carrera con ella.

“El mejor de mis abrazos, el más profundo beso mío la acompañarán en este vuelo, el más alto, donde estoy segura que usted volverá a reinar”, dijo Bustamante, que preparaba en España un homenaje a Alonso por su centenario.

Por su parte, el diario oficial Granma destacó la labor de Alonso representando a Cuba en el mundo, y la describió como “la Alicia nuestra, que aunque bañada de cosmopolitismo añoró oír los cantos de nuestros gallos, gustar del olor al salitre de su Malecón habanero, valorar la mariposa y el coralillo como las flores más exquisitas, o fascinarse con los adelantos científicos y los misterios del cosmos”.

En Miami, Martín prefirió recordar su humanidad y su tenacidad para superar las adversidades, como la ceguera, el divorcio de Fernando Alonso, con quien estuvo casada 37 años y el mal de Parkinson, que la aquejó en la década del 1990.

“No era la mujer dura que algunas personas, sin conocerla, propagan. Ella tenía una gran sensibilidad, hasta ternura”, dijo. “Fue la diosa de la voluntad”.

En cuanto a los consejos que dejó Alonso para futuras generaciones de bailarines, se cuenta el que dijo a Martín en una entrevista en Nueva York, en el 2010.

“Que amen la danza y le den sus mejores horas, sus mayores esfuerzos. Si no están dispuestos a hacerlo, mejor que cambien de profesión”, dijo la prima ballerina.

Se han escrito numerosos libros sobre Alonso pero todavía queda mucho por decir. Fue muchas cosas a la vez: bailarina irrepetible y “artista oficial” insustituible para la dictadura cubana, leyenda y mito, heroína del establishment y villana para los artistas que buscaron el exilio como única salida. Así las cosas, este largo obituario es solo el comienzo.

La reportera Sarah Moreno de el Nuevo Herald contribuyó a este reportaje.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2019, 0:42 p. m. with the headline "Amada y odiada, el legado de Alicia Alonso deja luces y sombras en la historia de Cuba."

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