Cuba apuesta a su destreza biotecnológica al lanzar la vacuna contra el COVID-19
Soberana es el nombre con el que Cuba ha bautizado a su principal vacuna contra el COVID-19 que acaba de completar la última fase de ensayos clínicos. Otras vacunas se llaman Abdala, en honor a un poema del héroe de la independencia José Martí, y Mambisa, palabra que designa a los insurrectos del siglo XIX en la lucha contra el dominio español.
Los nombres revelan mucho sobre la estrategia política y económica de la isla para centrarse en una solución de producción propia que presumiblemente es más barata y puede garantizar el suministro de vacunas que salvan vidas incluso en medio de los desafíos creados por el prolongado embargo de Estados Unidos. La larga tradición de Cuba en la producción de vacunas, su sólida industria biotecnológica y su masa crítica de científicos la convierten en el primer país de América Latina en producir una vacuna contra el COVID.
Sin embargo, mientras los ensayos se prolongan y los planes de lanzamiento se retrasan, la apuesta de Cuba a la vacuna Soberana podría tener un precio que aumenta día a día: Los casos de COVID-19, que sumaron poco más de 12,200 en todo el año pasado, superaron los 124,000 en lo que va del año. Desde el inicio de la pandemia, Cuba ha registrado 136,628 casos y 912 muertes, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque las cifras siguen siendo bajas para los estándares latinoamericanos, los recuentos de casos diarios se han disparado hasta unos 1,000 en los últimos dos meses, a medida que llegaban más turistas después de que la isla reabriera sus fronteras al turismo en noviembre.
A principios de este mes, las autoridades de salud cubanas comenzaron a vacunar a las personas con las vacunas Soberana y Abdala, incluso antes de que las inyecciones fueran aprobadas por la autoridad farmacéutica local, ante el temor de que la llegada de una variante del coronavirus detectada por primera vez en Sudáfrica pudiera provocar nuevos picos de casos.
“Decidimos empezar a vacunar a la gente donde las tasas de transmisión son más altas porque los riesgos también están aumentando”, dijo esta semana el ministro de salud, José Ángel Portal Miranda, en un discurso por video ante la Asamblea Mundial de la Salud. “Los beneficios de esta intervención superan los riesgos”, afirmó, y añadió que más de un millón de personas han recibido al menos una inyección de las vacunas. Estimó que alrededor del 70 por ciento de la población cubana podría quedar vacunada a finales de agosto.
“Una vez que terminemos todos los ensayos y la aprobación reglamentaria, podremos vacunar a todo nuestro pueblo y también ayudar a otras naciones”, aseguró.
Cuba se apresura a adelantarse al virus, ya que necesita impulsar su economía y reactivar el turismo, una fuente de ingresos clave para la asediada isla que está pasando apuros durante su peor crisis desde la caída de la Unión Soviética. Aplastada por la pandemia y el endurecimiento del embargo de la era de Trump, la economía cubana se contrajo un 11 por ciento el año pasado y la escasez de alimentos y otros productos de primera necesidad son ahora parte de la vida cotidiana. Y las perspectivas a corto plazo siguen siendo complicadas, ya que la administración de Biden no ha hecho de Cuba una prioridad en política exterior.
La muerte a principios de este mes del doctor Gustavo Sierra, uno de los científicos más destacados de Cuba, y las muertes de niños y mujeres embarazadas a causa del COVID-19 en las últimas semanas aumentaron la preocupación en la isla, que durante la mayor parte del año pasado fue capaz de controlar la transmisión mediante estrictas medidas de confinamiento y el monitoreo de la salud pública a través de su amplia red de salud comunitaria.
Los líderes del proyecto de vacunas de Cuba dicen que el lento ritmo de desarrollo fue por diseño, con la intención de garantizar vacunas efectivas que no solo inmunizarán a la mayoría de los 11 millones de habitantes de la nación este año, sino que también protejan a las personas de los países latinoamericanos y africanos que necesitan vacunas. Cuba espera producir 100 millones de dosis de vacunas este año y ya está en conversaciones con posibles compradores como Argentina y México. Incluso ha señalado la posibilidad de ofrecer Soberana a los turistas. Y la producción puede continuar en los próximos años para abastecer una probable necesidad de vacunas de refuerzo.
“Tenemos que hacerlo bien, aunque nos lleve más tiempo”, dijo en YouTube Vicente Vélez Bencomo, uno de los principales científicos cubanos especializados en vacunas, durante una mesa redonda en un canal de televisión estatal a principios de este mes. “No podemos saltarnos ningún paso; optamos por desarrollar nuestros candidatos en plataformas convencionales que requieren más pruebas, más evidencia, más claridad en sus indicadores de seguridad. Tuvimos que esperar, y por eso estamos llegando un poco más tarde a una vacuna”.
Esto es tanto una prueba de la industria biotecnológica cubana como de la actuación del presidente Miguel Díaz Canel durante una transición de poder histórica en el régimen autoritario. Este civil de 60 años se convirtió en la figura más poderosa de la isla el mes pasado, cuando sustituyó a Raúl Castro como Primer Secretario del Partido Comunista. Ahora se esfuerza por afianzar su liderazgo para aplicar las reformas clave que Cuba necesita desesperadamente para estimular el crecimiento económico, incluidas las medidas para ampliar los negocios privados.

La venta de vacunas a otros países en vías de desarrollo pudiera suponer un impulso para la economía cubana, que se encuentra en una situación de escasez de efectivo, incluso si su estrategia consiste en vender las vacunas a precios asequibles. Venezuela dijo que produciría la vacuna Abdala, mientras que México y Argentina han expresado su interés en pedir la vacuna Soberana. Irán, que prohibió las vacunas estadounidenses y británicas, acogió un ensayo de fase 3 de Soberana 2 como parte de un acuerdo que incluye la producción de millones de dosis allí.
Cuba está bien posicionada para producir las vacunas porque tiene una industria biotecnológica establecida que produce muchas vacunas, incluyendo ocho de las 11 vacunas del programa de inmunización infantil del país.
“Tienen bastantes primicias mundiales en biotecnología, incluida la primera vacuna del mundo contra la meningitis B, tienen la vacuna contra la hepatitis B, que se ha exportado a todo el mundo. Y estamos hablando de grandes cifras. Así que tienen la capacidad”, dijo Helen Yaffe, profesora de Estudios Latinoamericanos y especialista en Cuba de la University of Glasgow. La isla también tiene una alta proporción de investigadores científicos en su población, a la par con Europa y Estados Unidos y por encima de la media latinoamericana, comentó.
Cuba pudiera vender su vacuna a la plataforma COVAX, creada por la Organización Mundial de la Salud para garantizar un acceso justo a las vacunas, ayudando a los países más necesitados del mundo a adquirir las inoculaciones contra el COVID-19 a un precio reducido.
Pero las vacunas deben ser aprobadas primero para su uso de emergencia por parte de la agencia reguladora de la isla y luego aprobadas por la OMS. Los científicos cubanos han prometido publicar pronto los detalles de Soberana en una publicación revisada por pares de la American Chemical Society, dijo Vélez Bencomo.
“Todo proyecto de desarrollo de vacunas en América Latina y el Caribe es muy bienvenido. Es muy importante reconocer los esfuerzos de muchos gobiernos e instituciones académicas de nuestra región que están tratando de desarrollar vacunas porque tal vez necesitaremos vacunas contra el coronavirus durante muchos años”, dijo Jarbas Barbosa, director adjunto de la Organización Panamericana de la Salud de la OMS. “Si necesitamos tener refuerzos o vacunas contra las variantes en el futuro, es importante tener más capacidad en la región para producir vacunas”.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de mayo de 2021, 11:41 a. m. with the headline "Cuba apuesta a su destreza biotecnológica al lanzar la vacuna contra el COVID-19."