Venezuela

Mientras el país se desintegra, piratas venezolanos amenazan el Caribe

Varios pescadores en una embarcación el 12 de julio del 2018, en aguas donde piratas venezolanos han robado a algunos y matado a otros. Muchos pescados han quedado afectado por las actividades de piratería en aguas cerca de Venezuela y Trinidad.
Varios pescadores en una embarcación el 12 de julio del 2018, en aguas donde piratas venezolanos han robado a algunos y matado a otros. Muchos pescados han quedado afectado por las actividades de piratería en aguas cerca de Venezuela y Trinidad. The Washington Post

En medio del parpadeo de la luz del sol sobre el azul del mar Caribe, el barco se destacaba en el horizonte. Entonces se acercó, pero la tripulación del Asheena no le dio mucha importancia.

“Nosotros estábamos pescando, así que pensamos que ellos estaban pescando también”, dijo Jimmy Lalla, de 36 años, miembro de la tripulación que había lanzado sus sedales en aguas trinitarias en abril pasado, a pocas millas de la costa de Venezuela, donde el imperio de la ley no existe.

El otro barco siguió acercándose. “A lo mejor necesitan asistencia”, recordó Lalla, cuando la embarcación de 28 pies de eslora se colocó a su lado. Un hombre delgado saltó abordo y comenzó a dar órdenes gritando en español, con una pistola en la mano.

“Entonces nos dimos cuenta”, dijo Lalla. “Eran piratas”.

Siglos después que los cañones del pirata Barbanegra quedaron en silencio en la región, los que navegan esas aguas tienen que enfrentar una nueva y menos romántica era de piratas.

Todo tipo de crisis económicas y políticas están explotando desde Venezuela hasta Nicaragua y Haití, lo que impulsa la anarquía y la criminalidad. Y en momentos que el imperio de la ley se desmorona, expertos dicen que en ciertos lugares del Caribe se están volviendo más peligrosos que en los últimos años.

Con frecuencia, dicen los observadores, las actividades delictivas parecen realizarse con la complicidad de funcionarios corruptos, particularmente en aguas territoriales venezolanas.

“Es un caos a lo largo de la costa venezolana”, dijo Jeremy McDermott, codirector de Insight Crime, una organización sin fines de lucro que estudia la delincuencia organizada en el Caribe.

No hay mucha información precisa sobre la piratería en América Latina y el Caribe. Pero un estudio de dos años de la entidad sin fines de lucro Oceans Beyond Piracy registró 71 incidentes graves en la región en el 2017, como robos de barcos mercantes y ataques a yates, un aumento del 163 por ciento en comparación con el año anterior. Los incidentes ocurrieron en lo fundamental en aguas caribeñas.

Los incidentes van desde robos en altamar hasta ataques bárbaros dignos de los piratas del siglo XVII.

Por ejemplo, en abril hombres enmascarados abordaron cuatro embarcaciones de pesca guyanesas a 30 millas de ese país sudamericano. Las tripulaciones, según versiones de los sobrevivientes, fueron rociadas con aceite caliente, heridas a machetazos y las echaron por la borda, para después llevarse los barcos. De las 20 víctimas, cinco sobrevivieron; el resto murió o se desconoce su destino.

David Granger, presidente de Guyana, dijo que lo sucedido fue una “masacre”. Las autoridades guyanesas han sugerido que lo ocurrido pudo estar relacionado con la violencia de las pandillas en la vecina Surinam.

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Varios pescadores en una embarcaci’on en aguas donde piratas venezolanos han robado o matado a colegas, en una imagen del 12 de julio del 2018. Las aguas entre Venezuela y Trinidad se han vuelto en extremo peligrosas. Jahi Chikwendiu The Washington Post

“Dijeron que se llevarían la embarcación y que todos debían saltar al agua”, declaró a la agencia de noticias Reuters el sobreviviente Deonarine Goberdhan, de 47 años. Después de golpearlo y lanzarlo al mar, dijo: “Traté de mantenerme a flote, pero tragué mucha agua salada. Me puse a mirar la luna y las estrellas, y a rezar”.

Ha habido reportes de piratería en los últimos 18 meses cerca de Honduras, Nicaragua, Haití y Santa Lucía. Pero en ninguna parte ha sido tanto, dicen los analistas, como en la costa de Venezuela.

La crisis económica en el país sudamericano ha disparado la inflación, que se proyecta llegue este año a 1 millón por ciento, además de la fuerte escasez de alimentos y medicinas. La malnutrición se extiende, hay enfermedades por todas partes, las redes de agua potable y electricidad están por colapsar ante la falta de piezas de repuesto y personal calificado. La policía y las fuerzas armadas están desertando de sus puestos en momentos que sus salarios han perdido casi todo su valor. Bajo el gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro han aumentado la represión y la corrupción.

Así las cosas, las condiciones impulsan a los venezolanos a tomar medidas desesperadas.

Un funcionario portuario venezolano, quien habló con la condición de no ser identificado para declarar acerca de la corrupción oficial, dijo que los oficiales de la guardia costera venezolana han abordado barcos y exigido dinero y comida. Agrego que, como respuesta, los barcos comerciales ahora echan anclas más lejos de la costa y apagan los motores y las luces para evitar que los vean de noche.

Pero eso no funciona siempre.

En julio, un barco de la empresa local Conferry, que ofrece servicios de carga a islas venezolanas cercanas, fue abordado por tres hombres armados cerca del puerto de Guanta. A cuatro tripulantes los dejaron varias horas atados y se robaron alimentos y equipos electrónicos.

En enero, en Puerto La Cruz, también en la costa noreste, siete hombres armados abordaron un tanquero anclado, ataron al guardia de la embarcación y robaron muchas cosas. Incidentes similares se han reportado en los meses transcurridos desde entonces, según la división de investigaciones de la Cámara Internacional de Comercio, en Londres.

Trinidad y Tobago, una isla nación de 1.4 millones de personas muy cerca de la costa de Venezuela, está preocupada desde hace tiempo por la delincuencia que sale de vecino. Desde los años 1990, los traficantes han enviado marihuana y cocaína colombiana desde puertos venezolanos a Trinidad, de donde sale entonces con destino a países caribeños y de otras regiones.

La gente del lugar dice que el narcotráfico y la piratería se han extendido últimamente y se están volviendo actividades más violentas. Cinco pescadores trinitarios en el sureño puerto de Cedros, quienes hablaron con la condición de no ser identificados por temor a su seguridad, dijeron en entrevistas que habían visto grupos de embarcaciones venezolanas llegar en meses recientes con cargamentos de armas militares y drogas, mujeres y animales exóticos.

“Algunas veces, esos venezolanos están dispuestos a cambiar las armas y animales por comida”, dijo un pescador de 41 años.

Otro pescador dijo que piratas de habla hispana lo habían mantenido cautivo varias horas mientras contactaban a su hermano para que pagara un rescate de $500.

Una patrullera de la guardia costera trinitaria fue despachada a esas aguas este año ante varios incidentes de tráfico y piratería. Pero la gente del lugar dice que los delincuentes sencillamente esperan a que la patrullera pase entonces hacen lo suyo.

Las autoridades trinitarias no respondieron a repetidas solicitudes de comentario.

Pero los políticos de la oposición critican el aumento de la piratería y dicen que el flujo de armas automáticas desde Venezuela —algunas de las cuales parecen venir de las fuerzas armadas— contribuyen al aumento de los homicidios en Trinidad.

“Esto me recuerda la forma en que empezaron los problemas frente a la costa de África Occidental”, dijo Roodal Moonilal, legislador del oposicionista partido Congreso Nacional Unido, refiriéndose al fuerte aumento en los ataques a barcos frente a la costa de Somalia hace varios años. “Lo que estamos viendo, la piratería, el contrabando, es el resultado del colapso político y económico de Venezuela”.

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Varios pescadores observan una embarcación, que sospechan es usada por traficantes, avanzar a toda velocidad desde Trinidad con destino a Venezuela. Jahi Chikwendiu The Washington Post

Para los que se ganan la vida en las cálidas aguas del Caribe, la piratería es una nueva fuente de temor. Por estos días, la gente pesca más cerca de tierra, y algunas veces de noche, para reducir el riesgo de los ataques.

La tarde de abril en que abordaron al Asheena, dijo Lalla, él estaba aterrorizado.

“El hombre que hablaba español me apuntó con un arma”, dijo.

Así que saltó al agua. El primer oficial, Narendra Sankar, de 22 años, lo siguió momentos después. Los hombres nadaban hacia una plataforma petrolera cuando Sankar sufrió un calambre.

“Yo había llegado a la plataforma, así que tuve que volver a lanzarme al agua para ayudarlo porque se iba a ahogar”, dijo Lalla”.

Observamos como los piratas se apoderaban del barco, que tenía dos motores fuera de borda costosos. El capitán, Andell Plummer, todavía estaba en el barco. Los dos hombres fueron rescatados por un barco pesquero que pasaba por el lugar. Cuando reportaron el ataque a las autoridades, dijo Lalla, les respondieron: “No tenemos en qué perseguirlos, no podemos hacer nada”.

No se sabe qué pasó con el capitán Plummer, dicen los hombres. El Ministerio de Seguridad Nacional de Trinidad no respondió a una solicitud de comentario sobre este caso.

“Se lo llevaron”, dijo el padre del capitán, Deoraj Balsingh, de 58 años, de pie en un atracadero trinitario, rodeado de embarcaciones.

“No sabemos”, dijo Balsingh. “No sabemos si está vivo o muerto”.

Rachelle Krygier, redactora de The Washington Post, contribuyó a este artículo desde Caracas, Venezuela.

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