Venezuela

Medidas de Maduro amenazan con profundizar el caos económico en Venezuela

Vista externa de la sede principal del “Banco Central de Venezuela” el viernes 17 de agosto del 2018, en Caracas.
Vista externa de la sede principal del “Banco Central de Venezuela” el viernes 17 de agosto del 2018, en Caracas. EFE

Los venezolanos —ya atribulados por el colapso de la economía— ahora esperan con nerviosismo un improvisado paquete de medidas económicas que el régimen de Caracas introducirá en los próximos días, formando desesperadamente largas filas en los supermercados y en las gasolineras como si aguardaran un huracán.

Las medidas —que incluyen la eliminación de cinco ceros de la moneda nacional y drásticos incrementos en los precios de la gasolina y del salario mínimo—, amenazan con acelerar la nefasta espiral hiperinflacionaria que ha destruido la capacidad de compra del venezolano y con forzar a la quiebra a gran parte de las empresas que aún siguen funcionando, dijeron economistas.

Los expertos dijeron que el país enfrenta días mucho más difíciles por delante, marcado por un empeoramiento de las condiciones de vida de una población ya atribulada por constantes interrupciones en el servicio eléctrico y de agua potable, el gradual colapso del aparato productivo y grandes inundaciones en la región sur del país.

Y en lo que amenaza con causar mayores problemas a los venezolanos, Maduro anunció en la noche del viernes un incremento del 3,500 por ciento del salario mínimo (desde cinco millones a 180 millones) que la economía venezolana difícilmente podrá procesar.

“Un salario mínimo de Bs. 180,000,000 en la coyuntura actual implica el cierre de miles de empresas y el desempleo de muchísimas personas”, resaltó en su cuenta de Twitter el economista Luis Oliveros.

Su homólogo Henkel García coincidió, calificando el incremento como “una locura”. “Tendremos la inflación diaria más alta de nuestra historia, no sé si de toda la historia económica del mundo”, señaló.

Los venezolanos ya sentían gran preocupación esta semana con la entrada en vigencia del denominado “Bolívar Soberano”, que pretende remplazar al destruido “Bolívar Fuerte”, que hoy es negociado a una tasa de más de cinco millones por dólar en el mercado negro.


Bajo el esquema anunciado, un Bolívar Soberano equivaldrá a 100,000 bolívares fuertes.

“Hay mucha incertidumbre sobre la capacidad que tiene el sistema financiero y el comercial venezolano para adaptarse de un día para otro al nuevo cono monetario, cuyos billetes y monedas todavía nadie ha visto”, resaltó Víctor Maldonado, ex director de la Cámara de Comercio de Caracas.

Hay muchísimo nerviosismo en las principales ciudades del país, lo cual se está viendo reflejado en un intento de los venezolanos de salir a comprar cualquier cosa “como si fuese la última vez que lo pudieran hacer”, dijo.

“La gente se está preparando para una situación de caos. […] En la ciudad de Caracas, que es una que no está anegada [por la crecida de ríos] y que todavía tiene luz, la sensación que se puede ver en las calles es de histeria colectiva”, resaltó Maldonado.

La nueva moneda, que convivirá por un tiempo con los billetes del bolívar fuerte de más alta denominación, requiere que los equipos de los bancos y los comercios sean readaptadas para poder procesarlo.


Pero un elevado número de ciudades —incluyendo la segunda mayor, Maracaibo— han estado padeciendo de constantes interrupciones en el servicio eléctrico, lo que ha estado generando grandes dudas de que las tiendas estén en condiciones de procesar la reconversión monetaria.

Y en lo que acentúa las preocupaciones, los nuevos billetes no han comenzado a circular aún, generando dudas sobre si el venezolano podrá comprar gasolina a partir de la próxima semana en las estaciones de servicio, donde por lo general no hay equipos para procesar pagos electrónicos.

Los temores de los conductores se ven además alimentados por el anuncio de que el régimen de Nicolás Maduro elevará los precios de la gasolina la próxima semana sin que se sepa en qué proporción.


Rumores de que el régimen piensa colocar el precio del combustible, hoy entregado virtualmente libre de costo, a niveles internacionales tiene asustados a muchos dueños de vehículos, quienes no podrían cubrir ese tipo de costos en un país donde el salario mínimo equivale a un dólar por mes y los ingresos mensuales de un ejecutivo no llega a los $30.

Según un artículo publicado está semana por el diario El Nacional, el régimen contempla un precio de 90,000 bolívares fuertes por litro, lo que elevaría el costo de llenar un tanque de gasolina a unos 3.5 millones de bolívares de los de hoy (35 bolívares soberanos), una cantidad significativa cuando el salario mínimo mensual se encuentra en los 5.0 millones.

El nuevo cono monetario y la decisión de subir los precios de la gasolina forman parte de los intentos de Maduro por contener la hiperinflación que gradualmente ha estado empujando la nación petrolera hacia el colapso económico.

Lamentablemente, el régimen está tratando solo los síntomas y no la enfermedad, y no pasará mucho tiempo en que el nuevo bolívar —que entrará a circular a una tasa que rondaría por encima de los cinco bolívares por dólar— también comience a dar señales de que necesitará que le quiten algunos ceros, coinciden la mayoría de los economistas.

Francisco Ibarra, director de la firma Econométrica, dijo que estas medidas no van a hacer absolutamente nada para contener la hiperinflación, proceso que llevará al país a cerrar este año con una tasa por encima del millón por ciento.

Y al igual que ha sucedido en todos los ciclos de hiperinflación registrados en el planeta, el que padece Venezuela está conduciendo al colapso de la economía.

“Venezuela tiene un colapso económico terrible, que va a continuar porque la hiperinflación hace que la economía se desmorone”, dijo Ibarra. “Hoy en día se están destruyendo una cantidad de cosas y la gente no tiene capacidad de ajustarse”.

Es una situación que está llevando a muchos venezolanos a comer de la basura y muchos otros a morir literalmente de hambre, agregó.

Para el régimen, que parece más interesado en buscar maneras de mantenerse de pie que en encontrar alguna estrategia real para evitar la aparición de la hambruna, las nuevas medidas podrían incrementar el estado de agitación social por el que ya está atravesando el país.

“Son miles las personas que salen a protestar todos los días [...] los venezolanos están tomando las calles de manera permanente”, dijo desde Caracas Marco Antonio Ponce, director del Observatorio de Conflictividad Social de Venezuela.

Y a diferencia de oportunidades anteriores, no lo están haciendo por motivaciones políticas sino para protestar el gran deterioro de sus condiciones de vida, exigiendo mejores salarios, exigiendo el restablecimiento del servicio eléctrico, exigiendo el restablecimiento del suministro de agua potable.

Tan solo en julio, el país registró 2,163 protestas, el equivalente a unas 72 diarias, según datos del observatorio.

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