Venezuela

Empresario demandado por fraude dice ser víctima de las intrigas de sus ex socios

Venezuelan businessman Carlos Urbaneja.
Venezuelan businessman Carlos Urbaneja. Photo provided to El Nuevo Herald/Ángel Briceño

El empresario venezolano Carlos Urbaneja, quien fue demandado por sus ex socios por un presunto esquema fraudulento, niega las acusaciones de que el proyecto para construir una cadena de restaurantes vinculado al programa de televisión Orange County Choppers (OCC) no era un plan de negocios legítimo, e insiste en que hubiera tenido éxito de no haber sido por las pugnas e intrigas entre los accionistas.

Urbaneja, quien inicialmente declinó pronunciarse sobre el caso en los artículos publicados por el Nuevo Herald, decidió romper su silencio para explicar su versión de los acontecimientos y acusó a dos de sus socios de provocar el colapso del proyecto al convencer al resto de los inversionistas de que eran víctimas de un fraude.

En dos largas entrevistas, Urbaneja argumentó que no todos sus socios decidieron participar en la demanda presentada en su contra, insistiendo en que algunos de ellos están todavía interesados en desarrollar el proyecto. También negó que estuviese siendo solicitado por la Interpol, tal como señalaron sus demandantes.

“Yo he ido en dos ocasiones al FBI [para hablar sobre el caso]. Si yo estuviera solicitado, si me estuvieran buscando, no me hubieran dejado salir”, dijo.

Uno de los argumentos centrales de Urbaneja es que sus socios fueron presionados o manipulados para que tomaran acciones legales contra él.

Pero sus detractores dijeron que esto no es cierto.

Tras ser contactados nuevamente por el Nuevo Herald, todos ellos reiteraron sus alegaciones que presentaron en los tribunales e insistieron en decir que en ningún momento fueron manipulados bajo intrigas o presionados para denunciar y tomar acciones legales contra Urbaneja.

En la demanda que introdujeron en una corte del Sur de Florida, los ex socios alegan que Urbaneja captó las millonarias inversiones para lanzar una cadena de restaurantes que rivalizaría con Hard Rock Café, y que sería promovido por Paul Teutul Sr., la estrella del reality show.

El proyecto pretendía tener un alto perfil. En un momento dado, mucho antes de su campaña presidencial, los promotores invitaron a participar a Donald Trump, reuniéndose con él en al menos dos ocasiones, pero el futuro presidente estadounidense no entró en el negocio, y el proyecto posteriormente registró una serie de tropiezos que dieron muerte al sueño empresarial.

Y cuando los reclamos de los inversionistas y los problemas se tornaban intolerables, el emprendimiento fue reestructurado con un nuevo nombre y nuevos accionistas. De esa manera, la cadena de restaurantes que comenzó como OCC RoadHouse, luego se convirtió en OCC Café y posteriormente fue nombrada como OCC Fast Food, insistieron.

En las entrevistas con el Nuevo Herald, Urbaneja reconoció que el concepto de establecer la cadena de restaurantes tuvo problemas desde el inicio y debió ser modificado en distintas ocasiones, pero negó que se tratara de un esquema piramidal como alegan los ex socios en la demanda que sigue en curso en una corte del Sur de Florida.

Pero el mayor problema que terminó teniendo el proyecto, no era el concepto en sí, sino los conflictos internos entre los accionistas, señaló Urbaneja.

“Hay una cultura de que si el proyecto no se está abriendo en el tiempo que yo creo que se debería abrir, o si no está costando, en el tiempo, lo que iba a costar, entonces de allí se salta a la conclusión automática de : ‘tu me jod_____’”, dijo.

Esa ‘conclusión automática’ —enfatizó el empresario— se convirtió en un serio problema para el proyecto al provenir de un ex alto funcionario de la policía venezolana, Gabriel Argüello, quien ejercía mucho poder en ese país.

Según Urbaneja, Argüello abusó de ese poder obligándole a entregar activos por un valor mucho mayor de lo que el ex funcionario había otorgado inicialmente y aún insistir en que se le debía mucho dinero.

El empresario también acusó a su ex socio y antiguo amigo, Ángel Briceño, de maniobrar para desacreditarle ante los otros socios, esparciendo información falsa sobre él.

Briceño niega que esto haya pasado, señalando que el único paso que dieron los accionistas fue el de comenzar a contactarse cuando se dieron cuenta que había varios grupos de accionistas que habían pasado por la misma mala experiencia con Urbaneja.

Al final se organizaron, preocupados por los prospectos de perder sus ahorros, acción que Briceño alega es solo natural que lo hicieran. “Éramos 10 personas que debían abrir 15 restaurantes, y solamente está abierto uno, al que nadie tiene acceso”.

Urbaneja alega que Argüello presionó a varios de los accionistas para que se sumaran a la demanda, y que éstos al final aceptaron temiendo posibles represalias en Venezuela.

Argüello y Briceño desmintieron categóricamente esa acusación y los otros accionistas contactados también negaron haber sido presionados por el ex Comisario del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC).

Urbaneja insiste en que nunca hubo mala intención de su parte y que el proyecto fue impactado por una serie de contratiempos que obligó a que fuese relanzado bajo distintos nombres.

En el primero de ellos, señala Urbaneja, el proyecto se vio descarrilado luego que el principal desarrollador desapareció en el 2011 con los cerca de dos millones de dólares que los accionistas habían aportado inicialmente.

Eso puso fin a Road House y condujo a la creación de OCC Café. Uno de los accionistas, Carlos Suárez, allí decidió salirse y sus acciones fueron compradas por otro, Wilfredo González, según el relata Urbaneja.

“Fue una compra directa de acciones, aquí no hay un esquema [de fraude] Ponzi”, dijo el empresario.

Gran parte de la operación consistía en atraer nuevos inversionistas al proyecto, para poder desarrollarlo, actividad que Urbaneja alega fue “satanizada” por sus demandantes como un intento de crear un esquema piramidal.

Pero lo que se buscaba era solo conseguir nuevos accionistas para que compraran las participaciones de quienes querían salirse.

Los inversionistas, por otro lado, sabían que OCC como cualquier proyecto que era desarrollado de la nada, conllevaba cierto grado de riesgo, dijo Urbaneja.

Para ingresar al proyecto era requerido que los potenciales socios fuesen “inversionistas acreditados”, designación que entre otras cosas significa que la persona cuenta con grandes cantidades de dinero, tiene experiencia como para asumir una inversión de alto riesgo y que su sustento no correría peligro si pierde el dinero.

Según Urbaneja, los socios firmaron documentos al entrar en el negocio asegurando que contaban con esa designación, en esencia declarando que conocían y estaban dispuestos a correr los riesgos inherentes del proyecto.

Durante el desarrollo de OCC Café entró en el negocio Briceño, quien estaba asociado con Urbaneja en otros proyectos.

Briceño, quien junto a Argüello encabezan el grupo de demandantes, dijo en una entrevista previa que él había perdido $400,000 en la operación.

Pero Urbaneja alega que Briceño no colocó un centavo en OCC, sino que había invertido en otro proyecto de restaurantes en Miami también promovido por el grupo al que no le fue bien, y para compensar la pérdida Urbaneja decidió costear la participación de quien era un viejo amigo en la nueva iniciativa.

Esa amistad luego se disolvería pero Urbaneja enfatiza que todas las decisiones tomadas en el negocio fueron aprobadas en conjunto por los integrantes de la junta directiva del proyecto, incluyendo a Briceño.

“Tengo por lo menos 50 emails que muestran la participación directa [de los directores] de cada decisión que se tomaba. Para las decisiones que involucraban dinero tenía que haber súper mayoría, y para las decisiones que involucraran cambiar alguna cuestión en la empresa tenía que haber unanimidad”, explicó Urbaneja.

El Nuevo Herald obtuvo copia de decenas de los correos electrónicos mencionados por Urbaneja.

Posteriormente Argüello entró en el negocio para abrir lo que sería el primer local en Miami, pero la relación también se deterioró cuando comenzaron a surgir demoras y problemas que elevaban los costos de apertura. Según Urbaneja, los socios comenzaron a discutir sobre a quienes le correspondía cubrir los cargos adicionales que habrían sido causados por factores externos.

Argüello, sin embargo, alega que él, en un momento dado, descubrió que el dinero que había sido aportado para abrir el local estaba siendo utilizado en otros fines.

Urbaneja dijo que él fue víctima de gran presión por parte de Argüello y que él decidió entregarle propiedades de bienes raíces en Venezuela, vehículos de lujo en Miami y otros activos que él tenía para llegar a un arreglo con Argüello.

Según Urbaneja, el valor de esos activos superaban los montos invertidos por Argüello en el proyecto.

Pero esa versión es desmentida por el ex funcionario de la policía venezolana, quien enfatiza que el monto recuperado al final fue mucho menor y que todos los documentos de traspaso fueron firmados por Urbaneja, o por abogados de Urbaneja, autorizando de esa manera las operaciones.

El caso está siendo tratado en una demanda presentada en una corte de Broward.

Siga a Antonio M. Delgado en Twitter: @DelgadoAntonioM

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2018, 4:22 p. m. with the headline "Empresario demandado por fraude dice ser víctima de las intrigas de sus ex socios."

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