Venezuela

¿Puede Maduro comprar a los ‘rebeldes’ con 5 centavos de comida al mes?

Guaidó muestra la primera entrega de la ayuda humanitaria que llegó a Venezuela

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, posó el 11 de febrero de 2019 junto a la primera entrega de ayuda humanitaria que entró en el país, consistente en 1.700.000 porciones para atender a embarazadas y niños desnutridos.
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El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, posó el 11 de febrero de 2019 junto a la primera entrega de ayuda humanitaria que entró en el país, consistente en 1.700.000 porciones para atender a embarazadas y niños desnutridos.

Varias veces al año, Kelvin obtiene una bonificación en efectivo del régimen de Nicolás Maduro. Es una suma que aparece de repente en su identificación emitida por el gobierno, conocida como “Carnet de la Patria”, que también funciona como una tarjeta de débito.

El último beneficio, anunciado este mes, se llama “Bono febrero rebelde”, y se espera que unos seis millones de personas lo reciban.

“Los pobres también tenemos derecho a algo”, dijo Kelvin, un trabajador comunitario en Caracas que defiende las políticas de Maduro.

Recibir donativos del gobierno no suena particularmente rebelde, sobre todo cuando el bono es menos de $4 y se paga a capricho del gobierno. El dinero “no es suficiente para vivir”, dijo Kelvin, quien, como otros en este artículo, habló con el Miami Herald siempre y cuando no se usara su apellido por temor a represalias.

Aun así, las bonificaciones, beneficios y subsidios se han convertido en un salvavidas para los más pobres de la nación, quienes han visto su poder adquisitivo diezmado por la inflación más alta del mundo. Los precios aumentan un 3.5 por ciento diariamente, según la Asamblea Nacional liderada por la oposición.

Mientras tanto, los críticos dicen que los beneficios se han convertido en las herramientas del régimen para ejercer “control social” y la razón por la que Maduro ha mantenido índices de aprobación de alrededor del 20 por ciento a pesar de la crisis económica y el caos político.

Una de las principales iniciativas del régimen son las cajas CLAP de alimentos subsidiados que, según el gobierno, se distribuyen a 13.3 millones de personas.

Kelvin dice que la oposición llama a las bonificaciones “comida para perros”, pero los únicos que no están tan desesperados para aceptarlas lo hacen principalmente porque “odian al gobierno”.

Se estima que la comida que se entrega trae una pérdida abrupta a la administración de Maduro. La gente está pagando 150 bolívares solidarios, o aproximadamente 5 centavos de dólar, por el desembolso de alimentos de este mes.

“Eso ni siquiera es suficiente para pagar la caja de cartón en la que vienen los productos”, dijo Kelvin. Esa misma cantidad de dinero te alcanza para tres viajes en autobús o media taza de café.

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Pared de una casa de uno de los beneficiarios del programa de alimentos subsidiados en Venezuela, adornada con fotos de Hugo Chávez, Simón Bolívar y Ernesto “Che” Guevara. CARLOS CAMACHO. ESPECIAL PARA EL MIAMI HERALD.

Sin embargo, incluso los que no están de acuerdo con Maduro necesitan la ayuda. La última encuesta ENCOVI, que realizan las universidades para evaluar las condiciones socioeconómicas en Venezuela, encontró que el 91 por ciento de los venezolanos clasifican en la categoría de pobres.

Kelvin dijo que de las 600 personas que reciben la caja CLAP en su comunidad “solo un puñado son chavistas” o simpatizantes del gobierno, un indicador de que el régimen de Maduro no discrimina al otorgar ese beneficio. Suponiendo que la cifra de Kelvin es precisa, también sugiere que las encuestas son correctas en su evaluación de que la popularidad de Maduro es extremadamente baja.

“La situación se le ha salido de control a Maduro “, dijo Kelvin sobre la hiperinflación y los aumentos constantes en los precios de los alimentos. Pero él culpa a la oposición por los problemas de la nación.

¿Se rebelarán los rebeldes?

El “Bono rebelde” es solo uno de los varios pagos en efectivo que el gobierno realiza todos los años. Hay bonificaciones especiales que se destinan a ciudadanos discapacitados, niños, ancianos y todos los que portan el “Carnet de la Patria”.

Los carnets, habilitados con tecnología QR (respuesta rápida) del gigante tecnológico chino ZTE, se han emitido a 17 millones de personas, y los miembros de la oposición y los medios locales dicen que pueden seguir los movimientos de los dueños de las tarjetas con rastreadores GPS integrados, indicar por quiénes votaron e incluso saber si son dueños de una mascota.

Otros dudan que las tarjetas sean tan sofisticadas, pero el sentimiento general en Venezuela es que aquellos que tienen las tarjetas y las ventajas que ellas aportan están sacrificando su privacidad.

Maduro ha estado luchando por la supervivencia política desde el 23 de enero, cuando Juan Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional, se juró como presidente interino, afirmando que era su deber constitucional hacerlo y convocar nuevas elecciones.

Maduro, quien insiste en que ganó el derecho a gobernar hasta el 2025, acusa a Guaidó de ser un títere de Washington y parte de un complot mayor para derrocar a su administración.

Si bien Guaidó tiene un amplio apoyo popular y el respaldo de gran parte de la comunidad internacional, Maduro todavía parece tener la lealtad de los militares.

Recientemente, Maduro rechazó una vez más los planes de Guaidó para traer ayuda humanitaria internacional al país.

Comuna Tocome

El principal punto de recogida de las cajas CLAP en el este de Caracas es en una antigua fábrica textil, que ocupa varias cuadras y la tiene ahora un notorio grupo progubernamental llamado “Comuna Tocome”.

La fábrica se encuentra en el corazón de Los Ruices, un barrio de clase media muy afectado por la crisis económica. Muchos en el vecindario le temen a la fábrica, que está llena de ocupantes ilegales y es notoriamente violenta.

Pero a Mike, un chofer, no le importa la reputación de la fábrica. Tres veces el año pasado llevó su camioneta al edificio para recoger 389 cajas CLAP y luego entregarlas a un centro preescolar donde los beneficiarios las van a buscar.

“Al principio no quería que me dieran la caja, pero todo es muy caro”, dijo. La última caja que recibió tenía dos kilos (aproximadamente cuatro libras) de harina de maíz de México, un kilo de leche en polvo, frijoles negros, lentejas y azúcar, dos paquetes de pasta, salsa de tomate, mayonesa y cuatro latas de atún.

“Eso es... menos de 15 días de comida”, dijo Mike, que vive con su madre enferma. “Lo que realmente quiero es poder comprar lo que quiero, no lo que te obligan a comer”.

Pero Mike es uno de los afortunados: su caja CLAP viene con atún, un lujo en un país donde la carne escasea y se necesita un salario mínimo de un mes para comprar un kilo (alrededor de dos libras) de carne.

Virginia, una organizadora del gobierno en Los Teques, dijo que su comunidad estaba “luchando” para obtener cajas CLAP con leche y otros productos básicos. “Solo nos dan harina, arroz, aceite y azúcar”, explicó.

Las ventajas de los militares

Fransheska es la hija adolescente de un oficial de la Fuerza Aérea y, como la mayoría de los adolescentes, pasa mucho tiempo en las redes sociales. Así es como un periodista la contactó por primera vez.

El ejército es clave para el apoyo de Maduro y el criterio popular es que reciben los artículos más selectos en sus cajas CLAP.

Fransheska dijo que su familia recibió esa caja por última vez en diciembre, pero no le impresionó su contenido.

“La leche que viene en la caja es súper mala, es salada y te da diarreas”, dijo. Una vez, toda la caja consistía en ocho kilos (casi 18 libras) de lentejas.

Bela, una cajera de unos 20 años, dijo que las dádivas del gobierno enmascaran el hecho de que la vida se ha vuelto inaccesible para la mayoría de los venezolanos.

“La gente espera ayuda del gobierno, y creo que eso es malo, depender de una bolsa”, dijo. “Trabajo en un supermercado como cajera y hay artículos que cuestan más de un mes de salario mínimo”.

Pero para muchos, las bonificaciones y los subsidios son una de las ventajas de vivir en Venezuela bajo la “Revolución Bolivariana” de Maduro. Kelvin llamó a los subsidios alimentarios “un derecho adquirido”.

Emanuel, que trabajó como mensajero, dijo que renunció a su trabajo mal pagado cuando comenzó a recibir la comida y los bonos.

“Es mejor que trabajar por un salario mínimo”, dijo. “Usted no gasta dinero en el pasaje del autobús y no tiene que levantarse temprano”.

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