La madre de Oscar Pérez vive días oscuros pidiendo asilo en EEUU
El presidente estadounidense Donald Trump alabó a su hijo como un valiente patriota que sacrificó su vida por la libertad de Venezuela y luego la llevó a ella de la mano para que compartiera con él brevemente el escenario frente a una emocionada comunidad venezolana congregada recientemente en Miami.
Pero a pesar del afectuoso recibimiento presidencial, la madre del asesinado policía insurgente Oscar Pérez ha pasado por algunos de los más angustiantes momentos de su vida en Estados Unidos, obligada a recorrer una dura travesía migratoria que primero la llevó a un centro de reclusión y que luego la mantuvo sumida en la incertidumbre y al borde de la indigencia.
El caso de Aminta Pérez es ilustrativo de la ambigüedad con que el gobierno de Estados Unidos trata la grave crisis de Venezuela, liderando por un lado los esfuerzos internacionales por poner fin a la “narcodictadura” de Nicolás Maduro, pero que por el otro muestra un rostro hostil para los venezolanos que tocan sus puertas solicitando asilo.
En una entrevista con el Nuevo Herald, Pérez dijo estar agradecida con el presidente Trump, y centra sobre él sus esperanzas de poder conseguir ayuda para ella, sus nietos (los hijos de Oscar) y para el único hijo que le queda con vida, Luis Armando Pérez, quien atraviesa hoy por situaciones muy difíciles en un país latinoamericano.
Pero la asistencia ha sido escasa en el caso de Pérez, cuya interacción con las autoridades estadounidenses —excluyendo los de la semana pasada en su breve encuentro con Trump en Miami— ha estado marcada por la hostilidad y maltratos desde que se presentó en septiembre del 2017 ante un funcionario de inmigración al pisar la frontera en el Puerto de San Ysidro, el punto de entrada entre Tijuana y San Diego, para pedir asilo político junto a su nuera y los tres hijos pequeños de Oscar.
Estaba allí porque se lo había pedido Oscar, quien estaba preocupado por la seguridad de su madre, esposa e hijos, aun cuando éstos se encontraban para ese momento en México.
En ese momento, el funcionario de policía y piloto ya había inciado el camino de la insurgencia contra Maduro y temía el alcance que el régimen pudiera tener en México. “Sus vidas corren peligro”, les dijo.
Pero la recepción en Estados Unidos no fue lo que habían estado esperando.
“Me esposaron ante los niños y a mi nuera también la esposaron. Los niños llorando porque no sabían que estaba pasando. Nos pusieron unos grilletes. Después nos amarraron la cintura con unas cadenas y no podíamos ni caminar […] y yo me preguntaba, bueno, ¿pero qué pasó aquí? ”, dijo Pérez en una entrevista con el Nuevo Herald.
Lo que pasaba era que Pérez y su familia estaban siendo sometidas al proceso de detención que hoy es normal para toda persona que se presenta ante una autoridad de inmigración en la frontera y solicita asilo político.
Aun cuando las autoridades de inmigración son rápidas en señalar que la persona solicitando asilo solo es “detenida” y no “bajo arresto”, el procedimiento es en muchos casos virtualmente el mismo.
“El procedimiento no hubiera sido diferente si le hubieran encontrado a ella tratando de cruzar la frontera ilegalmente a media noche con un paquete de diez libras de cocaína metido en su cartera”, explicó Thomas Wright, un abogado de Nueva York amigo de Pérez. “El trato sería el mismo”.
Pérez, quien se encuentra actualmente bajo libertad condicional en el país, en espera de una fecha para presentar su caso de asilo ante un juez de inmigración, dijo que se sintió tratada como un criminal durante el periodo de detención, recibiendo ocasionalmente maltratos físicos.
También fue separada de su nuera y de sus nietos, a quienes no los volvió a ver y no supo más de ellos hasta después que terminó su período de detención.
Y Pérez para ese momento sufría por su familia. Uno de sus hijos, Edgar Alexander, tenías pocos meses de haber sido asesinado en Caracas, mientras que Oscar se encontraba en la clandestinidad y era buscado por todo el país por los organismos de inteligencia del régimen de Nicolás Maduro.
La situación no la dejaba dormir
“Yo estaba totalmente destrozada, no sabía que hacer. Yo no podía dejar de llorar, aparte del asesinato de mi hijo, también estaba mortificada por Oscar, no sabía nada de él. La única manera de saber algo de el era cuando salía en las noticias”.
No pasó mucho tiempo antes de que las agentes de custodia se dieran cuenta que la mujer lloraba.
“Se me acercó una de las mujeres de seguridad y me pregunta: ¿Por qué estás llorando? Aquí no se viene a llorar. Y te callas ya porque si no te voy a meter en un cuarto sola, sin visitas y sin nada”.
De allí que Pérez agarró la practica de llorar en las noches en silencio con la cara cubierta para que no la vieran.
Los tres meses que Pérez estuvo en detención fueron muy estresantes para la mujer, quien se dañó la dentadura de tanto apretar los dientes. Su hijo Oscar, entre tanto, aparecía de vez en cuando en las noticias, y era allí que la mujer respiraba aliviada sabiendo que aún se encontraba con vida.
Fue poco después de conseguir la libertad condicional que se enteró al igual que el resto del mundo de la muerte de Oscar, en enero del 2018, cuya ejecución extrajudicial fue transmitida en tiempo real a través de las redes sociales.
Oscar Pérez, cuya vida y lucha será en breve recogida en un documental que está siendo filmado, comunicó en diversas ocasiones sus intenciones de entregarse pacíficamente después de que se vio rodeado por policías del régimen, y la respuesta que recibió del oficial a cargo era que no.
“La orden es matarte”, le dijeron.
El asesinato de Oscar Pérez estremeció a la opinión pública venezolana y llamó la atención alrededor del mundo sobre la crueldad del régimen de Maduro.
Uno de los primeros reclamos que hace Aminta Pérez es que se haga justicia por el asesinato de su hijo. Y eso fue precisamente lo que dijo cuando el presidente Trump le cedió brevemente el micrófono para el evento realizado en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) la semana pasada.
El que Pérez haya aparecido el 18 de febrero al lado del presidente Trump en Miami fue de hecho un acto casi fortuito. Ella misma llamó a la oficina del Senador Marco Rubio y preguntó que como hacía para poder ir y captó el interés del personal de la oficina al explicar quien era ella y el caso eventualmente llego a entusiasmar a los organizadores del evento en la Casa Blanca.
No está claro si los organizadores del evento estaban al tanto de la situación migratoria de Pérez. Al ser consultados sobre el tema, el equipo del Senador Marco Rubio respondió: “Nuestra oficina ha estado en contacto con la Señora Pérez. No obstante, no tenemos la autorización para discutir su caso con los medios de comunicación”.
Las simpatías que ha generado el caso de Oscar Perez hasta el momento no se han traducido en manifestaciones de ayuda para la madre, quien al igual que muchos venezolanos que se han visto obligados a entrar en Estados Unidos, ha estado viviendo bajo condiciones de mucha necesidad, al igual que miles de sus compatriotas en el país norteamericano.
Y lamentablemente, regresar a Venezuela no es una opción, dijo Pérez.
Pérez, quien solicita ayuda para ella y su familia a través de Zelle por el correo aminta.r.perez.c@gmail.com, contó que la familia que aún tiene en Venezuela es hoy acosada por el régimen y uno de sus hermanos fue recientemente asesinado bajo extrañas circunstancias.
Pérez también está preocupada por la situación actual de su hijo Luis Armando, quien no ha podido establecerse en otro país.
“Muchas veces no tiene ni que comer”, dijo Pérez al agregar que en medio de las necesidades por las que ella pasa en Estados Unidos, logra enviarle algún dinero de vez en cuando porque a Luis Armando le va peor.
“Yo pido ayuda porque realmente nosotros estamos pasando por muchas necesidades”, agregó.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de febrero de 2019, 2:26 p. m. with the headline "La madre de Oscar Pérez vive días oscuros pidiendo asilo en EEUU."