La oposición venezolana se prepara para una batalla a largo plazo
Cuando Gustavo Vilorio viajó la semana pasada de Venezuela a Colombia, le dijo a su familia que regresaría pronto en uno de los camiones cargados de ayuda humanitaria para un país al borde de un profundo cambio.
Una semana después, los restos calcinados de ese convoy de ayuda son ahora un obstáculo en su regreso a casa, y Vilorio no sabe cuándo volverá a ver a su familia.
“Tengo que decirle que tenemos la moral por el suelo”, dijo Vilorio, integrante de la oposición venezolana que acampa en la frontera colombiana, temeroso de que lo si regresa lo encarcelen o le suceda algo peor. “Debimos ver venir esto, pero no nos dimos cuenta”.
La crisis política venezolana entra en una oscura nueva fase que puede poner a prueba la entereza de los que pensaron que el cambio llegaría con la misma rapidez que el ascenso meteórico del líder opositor y presidente interino Juan Guaidó.
Guaidó, el político de 35 años que trata de sacar del poder a Nicolás Maduro, pasó la semana reuniéndose con presidentes sudamericanos, tratando de fortalecer el apoyo internacional a su causa, antes de regresar a Venezuela la próxima semana, donde enfrenta un futuro incierto.
Guaidó y Maduro batallan por el control de un país abrumado, pero más de un mes después de comenzado el enfrentamiento, ninguno de los dos tiene una ventaja clara. Guaidó tiene apoyo público y el respaldo de más de 60 países, pero Maduro todavía controla las instituciones del gobierno, la cúpula militar y las pandillas armadas, los llamados colectivos.
“Nadie pensó en serio que esto se solucionaría a corto plazo”, dijo Nicmer Evans, analista político de Caracas. “Los que dicen esto terminan creando falsas esperanzas”.
A principios de la semana, Guaidó parecía estar a punto de lograr algo grande. Desafiando a Maduro, planeó llevar a Venezuela como fuera toneladas de alimentos y medicamentos desde Colombia, Brasil y Curazao con la ayuda de cientos de miles de voluntarios. Sus planes recibieron un fuerte apoyo cuando el multimillonario británico Richard Branson organizó un concierto de estrellas en el lado colombiano la víspera del esfuerzo.
El evento, llamado Venezuela Aid Live y trasmitido por MTV, tenía por fin recaudar $100 millones y se esperaba que ayudar a atraer a miles de voluntarios a la frontera. Cuando Guaidó se presentó sorpresivamente en el concierto —ignorando una orden judicial de no salir de Venezuela— pareció el p preludio de un regreso triunfante a casa.
Pero la avalancha de personas que pronosticó nunca se hizo realidad. Y cuando los camiones cargados de ayuda trataron de cruzar dos puentes fronterizos a primeras horas del sábado, sólo unos pocos miles estaban allí para ayudar, y los recibieron con un muro de gas lacrimógeno y disparos de escopeta.
Vladimir Torres, uno de los coordinadores del esfuerzo en el terreno, ha pasado revista a lo sucedido, tratando de determinar qué salió mal. Torres ha llegado a la conclusión de que el concierto fue un hermoso error. Sí, atrajo a más voluntarios potenciales a la frontera, pero la actividad, que duró todo un día, dejó a muchos exhaustos físicamente. La mañana siguiente, cuando los organizadores necesitaban brazos urgentemente, no había muchos. Los promotores del concierto dicen que atrajo a 370,000 espectadores, pero Torres dice que menos de 1 por ciento —quizás 3,000 personas— se quedaron para ayudar la mañana siguiente.
A pesar de todo, los organizadores mantuvieron el plan de tratar de hacer llegar la ayuda a territorio venezolano por tres puentes. Un grupo estuvo 14 horas afuera de una zona llamada Las Tienditas, esperando por órdenes que nunca llegaron. Los otros dos grupos trataron de escoltar la ayuda al lado venezolano pero fueron confrontados por los militares y las pandillas progubernamentales de Maduro.
“Las condiciones estaban en contra nuestra ese día”, dijo Torres. “Mucha gente vio a lo que nos enfrentábamos y perdió la esperanza”.
Los enfrentamientos dejaron más de 400 lesionados y dos camiones de ayuda calcinados en el Puente Francisco de Paula Santander. Un intento similar a lo largo de la frontera entre Brasil y Venezuela dejó al menos cuatro muertos.
Tanto Guaidó como Maduro dijeron que el día fue un éxito. Maduro dijo que al detener el paso de la ayuda interrumpió un plan más amplio de Estados Unidos para derrocarlo. Guaidó dijo que los acontecimientos expusieron al mundo la brutalidad de Maduro.
Pero el mundo no reaccionó exactamente como esperaba la oposición. El lunes, el Grupo de de Lima, un grupo de 14 naciones integrado fundamentalmente por países latinoamericanos, condenó a Maduro pero dijo que no estaba dispuesto a considerar la fuerza militar para sacarlo del poder.
“Eso fue lo que más nos decepción”, dijo Torres sobre la decisión. “Me hace preguntarme cuáles son las intenciones de la comunidad internacional... Está claro que no podemos deshacernos de Maduro nosotros solos”.
El viernes, Washington sancionó a seis altos funcionarios venezolanos que dijo fueron responsables de impedir el paso de la ayuda y de provocar la violencia.
El próximo reto de Guaidó es logístico: ¿Cómo regresará a Venezuela sin que lo arresten?
“No acepté este compromiso para cumplirlo desde ningún otro lugar que no fuera Venezuela”, dijo Guaidó a sus seguidores recientemente. “Nos vemos pronto en Caracas”.
Colombia ha informado que Guaidó y su familia enfrentan “amenazas creíbles” a su seguridad cuando regresen. Pero si Guaidó no regresa pronto para seguir liderando las protestas populares, el movimiento pudiera perder impulso, dijo Evans.
“Para él, regresar no sólo es importante, es absolutamente necesario”, afirmó Evans.
Se espera que Guaidó anuncie nuevas marchas y manifestaciones en los próximos días. Sindicatos y grupos obreros están estudiando una huelga nacional, que pudiera presionar más a los militares para abandonar a Maduro. Muchos también esperan a ver cómo las sanciones petroleras estadounidenses, reveladas el mes pasado, comienzan a afectar a Maduro y a la población en general.
En días recientes, más de 550 miembros de las fuerzas de seguridad venezolanas han huido a Colombia, pero los altos oficiales, los que dan las órdenes, parecen seguir firmemente al lado de Maduro.
Tampoco está claro qué sucederá a los partidarios de Guaidó que han tenido que quedarse en Colombia. Venezuela ha cerrado la frontera, bloqueado los puentes con contenedores de carga, los camiones de ayuda quemados y otros escombros, obligando a la gente a cruzar por camiones apartados, peligrosos e ilegales.
El partido de Guaidó, Voluntad Popular, dice que al menos cuatro de sus miembros “desaparecieron” cuando trataban de regresar por estos caminos, llamados trochas, y se piensa que estén detenidos. En el fronterizo estado venezolano de Táchira, las casas de algunas figuras de la oposición, incluso de los que están en Colombia, han sido marcadas con una X roja, una señal de que los consideran una amenaza.
“Nos están cazando”, dijo Ediven Barboza, concejal del Municipio Mariño del estado Aragua. “Nadie nos puede garantizar la salud o la vida”.
Hace unos días, unos 100 venezolanos estaban jugando fútbol y descansando en hamacas en unos terrenos. La mayoría había estado en la primera línea de los esfuerzos por llevar la ayuda a Venezuela y algunos seguían lesionados. El campamento, como la crisis política misma, parece permanente. Han instalado excusados portátiles y los vecinos han adoptado un perro callejero negro al que llaman “Venezuela”.
Mientras Vilorio miraba el juego improvisado de fútbol, pensó en la ironía de que hace una semana soñaba con llegar a su localidad de La Guaira, en el norte de Venezuela, con la asistencia humanitaria.
“Eso hubiera sido increíble”, dijo. “Pero seguimos aquí”.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de marzo de 2019 a las 5:02 p. m. con el titular "La oposición venezolana se prepara para una batalla a largo plazo."