Venezuela

El miedo y la desesperación proyectan larga sombra en una Venezuela sin luz

Liliana Labarca, una estudiante universitaria venezolana de 23 años, ha dormido con un silbato junto a su cama desde el lunes. Su tío también tenía uno a mano mientras vigilaba desde el techo de su casa en el Barrio Calendario, uno de los distritos marginales más peligrosos y poblados de Maracaibo, en el noroeste de Venezuela.

Planean hacer ruido en la oscuridad de la noche si los asaltantes visitan el vecindario en medio del extenso apagón que ha dejado a su comunidad, y al 80 por ciento de Venezuela, sin servicio eléctrico por cuatro días consecutivos.

“Estos días han sido pésimos”, recordaba Labarca en la mañana del jueves, mientras esperaba que un autobús la llevara a casa desde el lado norte de la ciudad.

Maracaibo, una ciudad de 1.6 millones de habitantes, está a punto de cumplir cuatro días sin luz en un apagón que comenzó cerca de las 9:45 p.m. del lunes y que afectó al menos a 20 estados venezolanos.

Se mostró muy preocupada porque las áreas cercanas de su barrio fueron el epicentro de violentos saqueos en docenas de tiendas y almacenes cuando ocurrió el primer apagón entre el 7 al 13 de marzo.

Después de tres días de furia, 520 tiendas fueron saqueadas solo en Maracaibo, capital de Zulia, el estado más poblado y la región más rica en producción de petróleo de Venezuela. Labarca y sus vecinos temen que la violencia comience de nuevo si las luces no vuelven a encenderse.

“No hay comida. Todos los negocios están vacíos o cerrados. La gente dice que no aguanta el hambre”, dijo, dando crédito a rumores de posibles de nuevos saqueos en las calles en la ciudad.

La Cámara de Comercio de Maracaibo emitió un comunicado hace dos días exigiendo a las autoridades locales que pongan en marcha un plan de seguridad para evitar más saqueos durante el nuevo corte de energía.

El gerente de una de las tiendas más grandes en La Curva de Molina, en el oeste de Maracaibo, donde comenzaron los saqueos el 10 de marzo, admitió que tiene docenas de vigilantes armados que custodian la mayoría de los negocios de su jefe en varios lugares de la ciudad.

“Escuchamos rumores sobre saqueos y no vamos a tomar riesgos. Si este apagón es como el otro [del 7 de marzo], tememos que vaya a ser peor”, dijo a el Nuevo Herald. Pidió no ser identificado por temor a represalias.

Nerio Paz, un empleado de 50 años del servicio local de aseo, dijo que en su barrio pobre Los Pescadores, en el lado norte de Maracaibo, están planeando nuevos saqueos si el corte de energía continúa.

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Nerio Paz y su cuñada. Gustavo Ocando Alex.

Él, sus dos hijas y nietos comieron la pequeña porción de carne de res y pollo que tenían en sus refrigeradores en los primeros dos días del apagón.

“Tuvimos que comérnoslo rápido [carne y pollo que tenían refrigerado]. Ahora solo estamos comiendo granos. El apagón pasado fue terror puro. La gente vino corriendo de los barrios de enfrente del nuestro para arrasar con supermercados y farmacias. Si esta situación continúa, se va a poner bastante malo esto (…) esto sí va a estar grave”, dijo, deteniendo brevemente su larga caminata diaria desde su casa hasta el trabajo.

CIUDADADES FANTASMAS

Un ambiente de pueblo fantasma prevalece tanto de día como de noche desde que el gobierno nacional, que culpa a la oposición y a Estados Unidos por la interrupción del servicio eléctrico, suspendiera el pasado lunes todas las jornadas laborales y las actividades escolares del país.

Las luces en la calles permanecen apagadas. Las ciudades venezolanas se ven sombrías en la noche mientras la gente enciende velas y linternas en sus hogares. Solo algunos hoteles, restaurantes, farmacias y tiendas permanecen abiertos, gracias a que poseen generadores de energía.

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Tiendas cerradas en Maracaibo. Gustavo Ocando Alex.

No había vacantes en el Hotel Intercontinental el miércoles por la noche, pero no eran las habitaciones las que estaban llenas: docenas de personas ocuparon el vestíbulo, los restaurantes, el salón, el área de ascensores y la mayoría de sus espacios para disfrutar de un poco de electricidad en sus vidas.

Los atípicos visitantes, sentados o de pie por todo el lujoso edificio, simplemente pedían un vaso de agua o nada en absoluto, turnándose para enchufar los cargadores de sus teléfonos, computadoras portátiles, bancos de energía y una amplia variedad de dispositivos electrónicos en los pocos establecimientos disponibles.

Si bien el servicio eléctrico ha regresado y luego se ha ido intermitentemente, -con penas algunas horas en Caracas y otros 19 estados- desde el jueves en Zulia, y especialmente Maracaibo y sus pueblos cercanos, no han sido tan afortunados.

Desde que comenzó el lunes el corte de energía, Zulia no había recibido ni un solo kilovatio a través del Sistema Eléctrico Nacional, que dependía principalmente de la Represa Hidroeléctrica de Guri, en el lado este de Venezuela, a 664 millas de distancia.

Continuando con su narrativa de que las interrupciones en el servicio eléctrico están siendo causadas por actos de sabotaje, el miércoles el propio Maduro responsabilizó a un francotirador del actual corte eléctrico.

El estado Zulia es en realidad el último eslabón de la cadena eléctrica venezolana. A medida que el país comienza a iluminarse, solo recibirá electricidad al final, y siempre existe la posibilidad de que no reciba ningún servicio si algo sale mal entre las docenas de subestaciones y líneas eléctricas ubicadas en los otros estados.

Hasta el momento los esfuerzos para brindar algún servicio a sus 21 distritos han fallado en al menos dos oportunidades desde el lunes en medio del colapso de la red eléctrica nacional , mientras que los trabajadores de la compañía estatal de electricidad han tratado de volver a reestablecer el servicio. Y estabilizarlo.

DESESPERACIÓN EN LA ESPERA

Diana Belloso, de 34 años y madre de dos hijos, admite que está desesperada mientras espera que la red eléctrica vuelva a funcionar correctamente.

Valentina, su hija adolescente, sufre de lupus y tiene erupciones por todo el cuerpo. Diana muestra las cicatrices en el cuello y en la frente mientras habla cerca de la plaza Indio Mara, en el norte de Maracaibo.

La niña esconde la mayoría de las erupciones debajo de un suéter blanco, muy caluroso bajo el ardiente sol.

Ella culpa al apagón. Zulia es un estado con temperaturas promedio de más de 86 grados (30 C) y las personas combaten el calor con aire acondicionado en casi todas las casas y edificios. Sin electricidad, el calor se vuelve insoportable.

“Estamos bastante mal. Estamos durmiendo en colchones en el piso, afuera de la casa [por el calor]. Estoy angustiada, estoy preocupada”, dijo Belloso, casi llorando.

La comida también se está pudriendo debido a la falta de energía para mantener los frigoríficos en funcionamiento. Alexander Villalobos, un vendedor de frutas de unos cincuenta años, dice que ha perdido varias canastas de naranjas, melones, sandías, uvas y melocotones.

“No tenemos hielo para mantenerlas frescas o frías. Nunca habíamos vivido algo como estos apagones de marzo”, dijo mientras limpiaba uno de sus refrigeradores.

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Alexander Villalobos limpia su nevera tras varios días de apagón. Gustavo Ocando Alex.

Villalobos y su socio de negocios, Alfran Zambrano, un venezolano de 20 años, dicen que en realidad temen un saqueo, que pudiera estallar en cualquier momento durante el apagón, incluso en plena luz del día.

“Tenemos miedo, sí, pero, ¿qué podemos hacer? Tenemos que vender lo que sea que podamos”, Zambrano dijo mientras atendía a un cliente dispuesto a comprar plátanos maduros. “Le pedimos a Dios que no nos vean los saqueadores si salen a la calle”.

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