Venezuela

Una app colombiana de entregas es el salvavidas de muchos migrantes venezolanos

Varios venezolanos que trabajan de repartidores de la compañía colombiana de entregas Rappi, en Bogotá el 11 de octubre de 2018.
Varios venezolanos que trabajan de repartidores de la compañía colombiana de entregas Rappi, en Bogotá el 11 de octubre de 2018. AFP/Getty Images

Si usted ha viajado a alguna ciudad latinoamericana grande en los últimos tiempos, probablemente ha visto a Rappi en funciones.

Este servicio de entregas, fundado en Colombia en 2015, opera ahora en siete países y más de 40 ciudades. Cuenta con más de 100,000 personas que hacen entregas zigzagueando en el tráfico en motos, bicicletas y a pie, fáciles de identificar por sus bolsas naranja brillante con el bigote de un tendero de antaño.

La premisa de la compañía es sencilla: los usuarios usan la aplicación de Rappi para que les entreguen casi cualquier cosa: comida, pasta dental, dinero en efectivo, cosas del mercado.

El mes pasado la compañía recibió una poderosa inyección de dinero cuando el conglomerado japonés SoftBank anunció una inversión de $1,000 millones en la empresa. Como parte del proceso, Rappi consolidó su estatus como uno de los pocos “unicornios” latinoamericanos, emprendimientos multimillonarios tan raros como la mítica criatura.

Pero el despegue meteórico de Rappi (su actividad creció 20% mensual en 2018) también ha sido impulsado por otro grupo: los migrantes venezolanos.

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Rappi, un servicio de entregas lanzado en Colombia en 2015, ya opera em siete países y más de 40 ciudades. Jim Wyss Miami Herald

Rappi ya opera en Colombia, Brasil, México, Chile, Argentina, Perú y Uruguay. Y aunque no le sigue la pista a este aspecto, muchos de los que entregan mercancía son venezolanos que han huido de la abrumada economía de su país, dijo Sebastián Mejía, uno de los fundadores de Rappi.

“Desde el primer día en Rappi hemos tenido una misión social”, dijo Mejía, de 34 años, al Miami Herald. “Así que estamos muy entusiasmados de que Rappi no solamente se ha convertido en una fuente de ingresos para comunidades vulnerables, como los migrantes venezolanos, quienes enfrentan una dramática crisis humanitaria, sino que también les ha permitido enviar dinero a su país”.

Rappi fue fundada por Mejía, Simón Borrero y Felipe Villamarín, tres amigos que querían encontrar una solución a dos problemas que plagan las ciudades colombianas: el tráfico de pesadilla y largas horas en la oficina. A través de la app, Rappi da a los usuarios acceso un ejército de asistentes. Pero considerar a Rappi solamente un servicio de entregas es incorrecto, dijo Mejía.

“Rappi es una aplicación con la que se pueden solucionar todo tipo de problemas”, dijo.

Cuando el presidente ejecutivo de SoftBank, Marcelo Claure, anunció la inversión de $1,000 millones el 30 abril, dijo que la aplicación es “la mejor superapp multiservicios para América Latina, que mejora la vida de millones de personas en la región”.

Salvavidas de venezolanos

Aunque los clientes a los que la compañía se dirige es una clase media que no tiene tiempo para nada, también se ha convertido en un salvavidas para muchos venezolanos que han quedado eliminados del mercado laboral tradicional.

La ONU calcula que más de 3.4 millones de venezolanos han huido de su país en años recientes en medio del colapso económico y la crisis política, y en su mayoría han terminado en Sudamérica. Solamente en Colombia viven unos 1.2 millones de venezolanos.

Un día reciente, cuatro repartidores de Rappi estaban frente a una tienda de víveres en la capital colombiana, sus bicicletas apoyadas contra la pared, mientras esperaban por pedidos a través de sus teléfonos móviles. Todos eran inmigrantes venezolanos recientes.

Wilander Jiménez, de 28 años y de la ciudad de Lara, fue policía. Pero desde que llegó a Colombia hace casi un año no ha podido trabajar en una tienda física, o como guardia de seguridad, aunque tiene un permiso temporal de trabajo, llamado PEP.

“Si uno es venezolano, no te contratan, aunque tengas el PEP”, dijo Jiménez, “así que Rappi se ha convertido en una solución para muchos de nosotros”.

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Los usuarios usan la aplicación de Rappi para pedir casi cualquier cosa: comida, pasta dental, dinero en efectivo y víveres. Jim Wyss Miami Herald

Para trabajar en Rappi, los candidatos tienen que probar que pueden hacerlo legalmente, deben tomar una clase de 45 minutos y tener un teléfono inteligente. Muchos comienzan haciendo entregas a pie o en bicicleta, hasta que consiguen una moto, dijo Jiménez. En un buen día, pueden ganar unos 75,000 pesos colombianos, unos 23 dólares, aproximadamente tres veces el salario mínimo en Colombia. Un mal día significa ganar un tercio de eso, “o nada en lo absoluto”.

El salario depende de la demanda y las condiciones. Este día soleado en Bogotá, Jiménez ganaba aproximadamente 1 dólar por entrega, además de la propina. Pero cuando llueve, que es con frecuencia, el costo de la entrega se dispara a 2 o 3 dólares.

Con una personalidad alegre y su habilidad para imitar perfectamente el acento bogotano, parecería que a Sofía Guerrero le sería fácil encontrar un empleo. Pero dijo que tan pronto como presenta su PEP y el pasaporte venezolano, las puertas empiezan a cerrarse. La mujer empezó a trabajar en Rappi por pura necesidad hace unos tres meses, y se asombró de ver que parecía un refugio de inmigrantes.

“Todos somos venezolanos”, dijo, haciendo un gesto con la barbilla hacia una docena de empleados de Rappi en un parque cercano. “A lo mejor hay algunos colombianos que trabajan para Rappi, pero yo nunca he conocido ninguno”.

Mejía dijo que es imposible saber exactamente cuántos venezolanos trabajan en la empresa porque la organización ha tenido un crecimiento explosivo. Rappi tenía unos 20,000 repartidores en 2018, según reportes de prensa, pero ahora es cuatro veces esa cifra.

Incluso así, dijo que los venezolanos son “una cantidad importante” de los repartidores, particularmente en Colombia, Perú, Argentina y Chile, adonde han ido a parar muchos de los migrantes venezolanos.

“Estamos contentos de ser una pequeña parte de una solución a un problema enorme, que es la crisis humanitaria en Venezuela”, dijo.

Con la inyección de fondos de SoftBank, Rappi planea ampliarse a otros tres países este año (Mejía no dijo cuáles) y docenas de nuevas ciudades. Uno de los mercados que están estudiando es Estados Unidos.

América Latina tiene una población de más de 600 millones de habitantes y casi la mitad vive en ciudades, exactamente los clientes a los que apunta Rappi.

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Rappi tiene más de 100,000 empleados para entregar pedidos, que lo hacen a pie, en bicicleta y en motos. Jim Wyss Miami Herald

“América Latina tiene la mitad del Producto Interno de Bruto de China y varias de las ciudades más pobladas del mundo”, dijo. “Sao Paulo tiene una mayor densidad de población que Hong Kong, y la Ciudad de México tiene más densidad que Shanghai, estas son ciudades donde Rappi puede transformar la vida del consumidor”.

“Lo que hemos encontrado en los siete países en que tenemos presencia es que los retos y oportunidades son muy parecidos, de manera que vemos enormes oportunidades para emprendedores en toda la región”, agregó. “Consideramos que América Latina es una nueva frontera para la innovación”.

Jiménez, el ex policía dijo que nunca se va a hacer rico trabajando con Rappi, pero que gana lo suficiente para pagar una habitación, alimentarse y enviar algún dinero a su familia en Venezuela.

“Todos queremos regresar a nuestro país algún día cuando las cosas mejore allí”, dijo. “Pero esta es una de las pocas oportunidades que tenemos ahora para sobrevivir… Rappi crece por nosotros los venezolanos”.

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