Venezuela

‘Pagas o mueres’: La razón por la que los venezolanos contrabandean oro para sobrevivir

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Venezuela: El paraíso de los contrabandistas


Desde que el colapso de Venezuela comenzó en 2014, más de cuatro millones de refugiados y migrantes han abandonado el país. Colombia es uno de los países que los ha recibido, y a la fecha ha dado asilo a más de 1.3 millones de venezolanos.

La mayoría entra a la vecina Colombia a través de “La Parada”, muchas veces después de caminar cientos de millas.

La Parada —a pocos pasos del icónico puente Simón Bolívar, que separa a los dos países— parece un amplio mercado al aire libre. Familias venezolanas exhaustas descansan en la acera, mientras los hombres recorren en lugar con carritos y se ofrecen a llevar la mercancía a los clientes. Personas en busca las medicinas que no pueden encontrar en su país se abren paso entre vendedores de perros calientes y jugos de fruta. Hay quioscos donde los migrantes pueden vender su cabello para la confección de pelucas, con la esperanza de comprar un boleto de autobús o alquilar una noche en alguno de los numerosos hoteles improvisados que la gente del lugar ha abierto en sus casas.

Pero La Parada también es centro de una actividad mucho más destructiva: el comercio de oro ilegal que está ayudando a mantener en el poder al gobierno venezolano, alimenta a grupos armados y destruye el medioambiente.

Alrededor de La Parada hay docenas de casas de empeño que compran otro traído de Venezuela, sin hacer preguntas.

Un hombre que grita través de la vitrina de una tienda llamada Palace of Gold, dice que los migrantes venezolanos traen oro en todas sus formas.

“Algunos traen collares de oro”, dijo. “Otros lo traen de las minas”.

Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de cuatro millones de refugiados y migrantes han salido de Venezuela desde 2014 en medio de una profunda crisis económica. Y para muchos de ellos, el tráfico de oro es una de las pocas formas de ganarse la vida.

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Refugiados y migrantes venezolanos varados en la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta se ven obligados a asearse y a lavar su ropa en el sucio río Pamplonita, que pasa por el centro de Cúcuta. Bram Ebus InfoAmazonia

Harold, un joven venezolano con camiseta azul y jeans desteñidos, fue soldado en Venezuela antes de dedicarse a contrabandear oro. Dijo que en las fuerzas armadas venezolanas aprendió los pormenores de la corrupción.

“Conozco el tráfico de combustible, el tráfico de drogas, aprendí a traficar muchas cosas. Fue así como aprendí a pagar ‘vacunas’ y a cobrarlas”.

La vacuna es como le dicen a la extorsión en la frontera. Literalmente significa una inyección de seguridad. Y es uno de los elementos clave del contrabando de oro

Harold contó que el oro extraído en Venezuela es llevado a la frontera con Colombia por traficantes que muchas veces actúan en coordinación con la Guardia Nacional de Venezuela. Los soldados aceptan sobornos, o vacunas, para garantizar el paso seguro del oro. Algunas veces los soldados incluso proveen vehículos blindados para trasladar el metal.

Pero no solo los militares venezolanos participan en el contrabando. Grupos delictivos venezolanos y grupos armados colombianos también participan en el contrabando de oro. En particular, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, el grupo guerrillero más antiguo y grande de Latinoamérica ahora que las FARC se desmovilizaron en 2017, ha ampliado su presencia en las regiones mineras venezolanas. El oro es ahora una importante fuente de ingresos del ELN, junto con la extorsión y el narcotráfico, opinan analistas.

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Oro en una compraventa, una pequeña tienda que comercia en oro, en Cúcuta, Colombia. La mayor parte del oro que se comercia en la zona es contrabandeado desde Venezuela. Bram Ebus InfoAmazonia

El ELN por lo general depende de una red de contrabandista, llamados mulas, que se ven obligados a usar sobornos para cruzar las líneas de la Guardia Nacional y los puntos de control de grupos armados para llevar el oro a la frontera con Colombia.

Tratar de evadir esos peajes puede ser mortal. “Si quieren cobrarte, o pagas o mueres”, dijo Harold.

Los diferentes grupos que controlan la frontera —incluidas organizaciones paramilitares de derecha y guerrilleros de izquierda— hacen que el recorrido sea peligroso.

“Las mulas [que transportan el oro] pueden encontrarse con los dos grupos en un solo cruce. En un solo viaje te encuentras con la Guardia Nacional, la policía y el CICPC [el cuerpo de policía de investigaciones criminalísticas]”, dijo, y pone los ojos en blanco.

“Todos comen de esto”, agregó.

A Harold no le gusta tener que darle de comer a todas estas personas, así que muchas veces esconde el oro.

Los contrabandistas tienen muchos lugares donde esconder el metal: en la suela de los zapatos, en el sobrero, detrás de la correa. Las mujeres que trafican oro por lo general lo esconden debajo de los senos.

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Funcionarios colombianos de migración revisan el equipaje a migrantes y refugiados procedentes de Venezuela, pero algunas veces dejan pasar a personas que llevan contrabando. Bram Ebus InfoAmazonia

Harold prefiere esconder el oro en naranjas. Entre 25 y 40 gramos de oro son suficientes para llenar una naranja vacía. Cada bolsa llena de naranjas podría cargar hasta una libra de oro, con un valor de aproximadamente $22,000.

“Si lo escondo, le puedo sacar más ganancias”, explicó.

A pesar de la fortuna en oro que transportan, los contrabandistas ganan aproximadamente $2 por gramo, unos $12 por viaje. Eso es tres veces el salario mínimo en Venezuela, pero los peligros son significativos.

Harold dijo que los jefes muchas veces amenazan a familiares queridos de los contrabandistas para asegurar la entrega del metal.

Un jefe que tuvo sabía dónde vivía su familia, cuántos hijos tiene y a qué escuela van.

“Averiguaron todo sobre mis parientes. Así que era mi familia o la mercancía”.

Colombia y Venezuela comparten una frontera de 1,379 millas y hay siete cruces oficiales, pero muchas veces están cerrados debido al deterioro de las relaciones entre ambos países. Así las cosas, los contrabandistas tienen que llevar el oro por cientos de senderos, llamados trochas, que están controlados por una gama de pandillas delictivas y grupos armados.

La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios estima que los participantes ilegales ganan más de $2.1 millones mensuales con el control de las trochas y la extorsión a viajeros solamente en el departamento colombiano Norte de Santander.

Y no prestar atención a estos grupos puede tener consecuencias terribles.

El 17 de abril, por ejemplo, un periódico local reportó que se habían encontrado tres cuerpos en dos trochas y que la cabeza de una de las víctimas estaba envuelta en una camiseta, práctica común en la frontera.

Franklin, otro contrabandista de oro venezolano, dijo que se había tropezado con personas desmembradas en las trochas, una advertencia de los grupos armados.

Otro de los contrabandistas, quien pidió no ser identificado, lo llama “el carro bomba”. “He visto personas desmembradas, descuartizadas. El hombro de una persona tirado en la trocha…”.

Franklin, de 24 años, dijo que huyó a Colombia después que lo detuvieron y abusaron de él en Venezuela en medio de las protestas. Mientras estaba detenido, dijo, la policía le rapó la cabeza y trataron de violarlo dos veces.

Cuando llegó a Colombia, precisamente a La Parada, no encontró alivio en la cercana ciudad de Cúcuta. Durmió en la terminal de autobuses su primera semana allí, y entonces fue reclutado por un grupo del crimen organizado para ser contrabandista.

Con el oro escondido en las suelas de los zapatos, cruzaba a pie la frontera. Trabajó varios meses hasta que ganó el dinero suficiente para enviar a su esposa y a su bebé de 9 meses.

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Familias enteras huyen del desastre económico y la incertidumbre en Venezuela, mientras los traficantes de oro usan a los migrantes para enriquecerse. Bram Ebus InfoAmazonia

A los traficantes que cruzan la frontera en ambas direcciones les dicen “pulmones”, y Franklin dijo que a veces hacía varios viajes al día con docenas de otros contrabandistas.

“Imagina, tener 15 pares de pulmones trabajando todos los días para un solo jefe”, dice. “Algunos jefes tienen hasta 80 pares de pulmones trabajando a diario”.

Al igual que Harold, Franklin dijo que sus jefes amenazaron a su familia para obligarlo a entregar el oro. Ahora vende caramelos en las calles porque el contrabando se vuelto muy peligroso.

Aunque trabaja 14 horas al día, a veces más, a veces no le alcanza el dinero. El pequeño apartamento que alquila le cuesta $5 la noche, y ha conseguido un poco de comodidad con un colchón barato, un televisor usado y un ventilador.

Otra hija que vive en Venezuela empezó el nuevo semestre de clases sin útiles escolares. Por eso ahorra dinero para mandarle también.

A puertas cerradas

En el centro de Cúcuta, a una seis millas del corredor de contrabando de oro de La Parada, hay una zona del tamaño de un vecindario que ha sido convertido en centro de comercio.

Alejandría, un centro comercial al aire libre, lleno de caminos estrechos llenos de ropa, perfumes de imitación, computadoras portátiles marca Canaima laptops (que en otra época el gobierno venezolano entregaba a los niños para usar en la escuela) y armas de juguete. Pero también vender armas de verdad, afirman algunos.

La zona también está llena de las llamadas compraventas, pequeñas tiendas que compran y venden oro. Solamente a este lugar llegan a diario entre 200 y 300 venezolanos para vender oro. La gente del lugar dice que la cantidad de casas de empeño ha aumentado significativamente en años recientes, cuando se disparó el contrabando de oro.

“Compro oro, compro oro”, gritan los encargados de las tiendas, tratando de atraer nuevos clientes.

Otros tratan de ser más discretos sobre el comercio del metal, en su mayor parte informal o ilegal. En lo profundo del caótico mercado hay una pequeña oficina oculta detrás de un panel en una pared que se abre. Es pequeño espacio es suficiente para tres sillas plásticas y un pequeño escritorio, detrás del cual hay un hombre con un montón de dinero en efectivo.

El individuo paga $30 por gramo de oro y dice que compra entre 4 o 5 kilogramos (entre 9 y 11 libras) de oro a la semana. Eso significa unos $150,000 en oro

Cuando se le preguntó cuánto oro puede vender en una semana, dijo “lo que necesites”.

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En el Centro Comercial Alejandría, en el centro de Cúcuta, hay tiendas que compran oro venezolano contrabandeado, que entonces entra en la cadena mundial de suministro; parte de ese oro incluso se envía a través de Miami. Bram Ebus InfoAmazonia

De regreso en el centro comercial Alejandría, un mujer de edad media está de pie junto a una vitrina llena de collares de oro traídos de Venezuela. Saca un calculadora de su escritorio cuando le preguntan por el precio del oro. Dice que las prendas de oro de 24 kilates se venden en $36 por gramo.

Entonces le grita a otra mujer al otro lado de un pasillo, que también tiene una joyería, y le pregunta si tiene oro sin refinar.

“¿Tienes oro de la mina?”

No, le responde, no por ahora.

La mayoría de estas tiendas no pueden comerciar oro legalmente, pero eso no ha impedido que el negocio despegue. Incluso hay un sitio web que explica cómo comprar oro en Cúcuta.

Francisco tiene una tienda con licencia para prestar dinero a cambio de joyas empeñadas. Pero admite que ha estado comprando oro de minas venezolanas.

“Yo he comprado oro”, dice, y pide no se identificado por temor a represalias, “pero sé que no podemos”.

Saca su teléfono móvil y muestra varias fotos de lo que se ofrece al otro lado de la frontera. Agranda una imagen de lingotes de oro que van desde 300 gramos hasta más de 1.5 kilos.

“Están pidiendo mucho”, dices.

Francisco explica cómo el comercio de oro funciona: contactos en Venezuela se comunican para informar lo que tienen en oferta, y si se llega a un acuerdo, envían a un contrabandista por la frontera. El pago es en efectivo, muchas veces en dólares, o por transferencia bancaria.

En Cúcuta, el oro se oculta en las puertas y otros compartimientos de autos privados, y se lleva a ciudades grandes como Bogotá, Cali o Medellín. Ahí se falsifican los documentos necesarios para exportarlo a Europa o Estados Unidos, y entra en la cadena mundial de suministro de oro legal.

Las cantidades de oro que pasan por Cúcuta varían, dice Francisco. Y puede demorarse hasta una semana en reunir 220 libras de oro, pero no puede darse el lujo de financiar el mismo esa inversión.

“Hay muchos grupos” que financian la compra de oro, dijo un hombre que escuchaba la conversación.

Francisco sabe que grupos delictivos usan el oro para lavar dinero de las drogas. Esas redes compran oro ilegal, dijo, lo exportan a través de compañías bien establecidas y traen de regreso los dólares al país.

“Es un juego internacional”, dijo.

Este proyecto es el resultado de una alianza periodística entre InfoAmazonia (Brasil), el Miami Herald (Estados Unidos), RunRun.es (Venezuela), Correo del Caroní (Venezuela) y De Correspondent (Holanda). El proyecto fue posible gracias a la Human Rights Foundation y es apoyado por una contribución del Fondo Holandés para Proyectos de Periodismo.

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