Trump y su arma de distracción masiva
El presidente Donald J. Trump no es un mago. Tiene más de P.T. Barnum que de Harry Houdini. Barnum fue una mezcla de político, mentiroso profesional y empresario del espectáculo. El fundador del Circo Barnum & Bailey montaba unos engaños memorables. Su primer embuste conocido fue exhibir una esclava ciega. Barnum decía que la mujer tenía 161 años y que había sido enfermera de George Washington.
Pero, aunque sea mago, el Presidente maneja una de las técnicas esenciales de los magos buenos y los malos, la llamada “misdirection”. El arte de desviar la atención, de inducir al espectador a que se concentre en un objeto (o mire en una dirección) mientras el mago realiza la maniobra deseada, sin ser detectado, a fin de consumar el truco o la trampa.
La muestra más reciente de la “misdirection” presidencial es la campaña lanzada por Trump y sus aliados a fin de desprestigiar al fiscal especial Robert Mueller y la investigación que Mueller dirige. Sabemos que Trump la tilda de “cacería de brujas”. Utiliza esa imagen pedestre para asumir el papel de víctima y deja que sus acólitos difamen a Mueller sin reparos. Por ejemplo, hace pocos días, Newt Gingrich, el deslenguado ex presidente de la Cámara de Representantes, afirmó que “Mueller es un corrupto, los dirigentes del FBI son unos corruptos, el sistema es un sistema corrupto”. Luego, un ferviente gacetillero trumpista comparó la investigación del fiscal especial con las tácticas de la “vieja KGB la cual realizaba sus detenciones tumbando puertas a altas horas de la noche”. Semejantes barbaridades pertenecen al mismo género idiota e irresponsable que un comentario hecho por el Presidente en enero de este año. Comparó un pecado que supuestamente habían cometido los servicios de inteligencia de Estados Unidos con “las cosas que hacía la Alemania Nazi”.
La campaña de “misdirection” y difamación contra Mueller y sus investigadores obedece a una estrategia que incontables abogados utilizan en pleitos judiciales. Recurren a la falacia ad hominem, como hace Trump con tanta frecuencia en sus polémicas. En lugar de refutar los argumentos del contrario con lógica y evidencia el que usa la falacia ad hominem busca desacreditar a la persona que defiende una postura determinada señalando características o creencias de esa persona que nada tienen que ver con la veracidad y la validez lógica de lo que se afirma.
Desacreditar a Mueller, presentarlo como un fanático sectario carente de imparcialidad, es una forma de emplear la falacia ad hominem como un veneno preventivo. Quienes lo emplean preparan las condiciones para poner en duda y rebatir falazmente las conclusiones de la investigación en caso de que Mueller determine que Trump y algunos de sus colaboradores cometieron delitos. De esa manera se siembra y propaga la duda entre los integrantes del llamado jurado de la opinión pública.
En realidad, la duda ya existe. Según un sondeo reciente realizado por el Centro de Investigaciones Pew, el 56 por ciento de los estadounidenses creen que Mueller conduce una investigación justa y transparente. La cifra refleja lealtades partidistas. Según la encuesta el 68 por ciento de los demócratas creen en la imparcialidad del fiscal especial pero sólo el 44 por ciento de los republicanos comparten ese criterio.
Con todo, continuará la infamante ofensiva de “misdirection” contra Robert Mueller, un hombre íntegro y honorable que le ha dedicado gran parte de su vida a servir a su país. Y es posible que Trump se una públicamente a los difamadores. Sus tweets son ejemplos de “misdirection”, armas de distracción masiva. Aunque muchas de sus descargas son ridículas manifestaciones de estados de incontinencia mental, otros tweets presidenciales tienen el propósito de desviar nuestra atención de cosas que el Presidente quisiera hacer desaparecer, como los elefantes que hacen desaparecer Penn y Teller, unos magos brillantes. Supongo que los adeptos del presidente disfrutan los trucos de Trump. Para mí el “misdirection” del presidente no funciona. Es como la actuación de un mago muy malo que intenta, pero no consigue, escaparse de una camisa de fuerza.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de diciembre de 2017, 1:37 p. m. with the headline "Trump y su arma de distracción masiva."