Opinión

EN NUESTRA OPINION: Libertad para Alan Gross

Cuatro largos años lleva preso en Cuba Alan Gross, el contratista de la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID), sorpresivamente arrestado en La Habana en el 2009 y sentenciado a 15 años de cárcel.

Hace unos días, al cumplirse el cuarto aniversario del arresto de Gross, su esposa, Judy, hizo un dramático llamado al presidente Barack Obama: “No deje a Alan morir en Cuba”. El contratista ha denunciado las penurias que sufre en la prisión, en la que ha perdido más de 100 libras y ha llegado a padecer dolores crónicos. Ahora bien, su mayor dolor no es el físico, sino el emocional: la separación de su familia.

El gobierno norteamericano dice que ha pedido reiteradamente a La Habana que excarcele a Gross. El régimen cubano dijo el pasado martes que está dispuesto a dialogar sobre la libertad del contratista, pero que ese diálogo debe incluir la situación de los cuatro espías cubanos presos en Estados Unidos desde 1998. Cuba ha exigido varias veces un canje de Gross por los cuatro espías, que el gobierno de la isla considera luchadores antiterroristas.

Se trata de dos situaciones totalmente distintas.

Los cuatro espías cubanos presos en Estados Unidos (un quinto agente fue liberado al cumplir su condena y ahora vive en Cuba) fueron sentenciados por espiar no a organizaciones del exilio cubano, sino instalaciones militares norteamericanas y por su vinculación al derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.

Gross fue arrestado en Cuba cuando la USAID lo envió con equipos para aumentar la conectividad de la pequeña comunidad judía de la isla a la internet. El primer caso tiene que ver con una actividad de espionaje en la que hubo consecuencias fatales. El segundo, fue sencillamente un intento de darle acceso a la internet a un grupo de personas, un esfuerzo por la libertad de comunicarse. Eso no es un crimen, sino un derecho que debe tener todo ser humano.

No hay comparación entre ambos casos, y el régimen cubano debería entender que la sentencia de 15 años contra Alan Gross es injusta y que ese hombre enfermo debe ser puesto en libertad inmediatamente. Como pidió su esposa, Judy, Alan no debe morir en Cuba.

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