Opinión

Ahora sin Pruitt, ¿reingresará Trump al Acuerdo Climático?

Scott Pruitt, entonces director de la EPA, recibe en abril del 2017 un casco en una mina de carbón en Pensilvania. El casco dice “Hagamos a América grande de nuevo”.
Scott Pruitt, entonces director de la EPA, recibe en abril del 2017 un casco en una mina de carbón en Pensilvania. El casco dice “Hagamos a América grande de nuevo”. AP

La Agencia de Protección Ambiental (EPA) tiene como objetivos principales proteger la salud de los seres humanos y cuidar al medio ambiente y los recursos naturales. Y entre sus acciones directas están controlar y prevenir la contaminación del agua y el aire. Evidentemente esto incluye vigilar las emisiones automotores y mantener programas que aseguren la limpieza del agua y la calidad del aire.

Sin embargo, vemos que desde marzo del 2017, mediante decretos, se comenzaron a anular previas órdenes ejecutivas, entre ellas el gasto previsto para todas las investigaciones relacionadas con el cambio climático. También se eliminaron los programas de limpieza de los Grandes Lagos, que incluyen seis estados y generan agua potable para 40 millones de personas.

Ya en febrero del 2016 la Corte Suprema había congelado el llamado Plan de Energía Limpia propuesto por la EPA para reducir las emisiones de dióxido de carbono provenientes principalmente de las plantas de carbón. Esta acción de la Corte Suprema fue adoptada como respuesta a la impugnación que presentaron 29 estados influenciados por grupos industriales carboníferos.

Tal vez esta misma influencia logró que el año pasado, el administrador de la EPA, Scott Pruitt, propusiera la derogación de este Plan de Energía Limpia, argumentando para ello que se podría ahorrar hasta $33,000 millones para el año 2030. Pruitt no podrá ver la certeza de su afirmación ya que recientemente renunció a su cargo acusado de malversación de fondos.

¡Vaya ejemplo que proyecta! Aboga por un ahorro pero gasta a manos llenas. Dicha propuesta de derogación no presentó un proyecto alternativo para reducir las emisiones de las centrales eléctricas alimentadas con carbón y gas natural (Washington Post).

Aunque el Plan de Energía Limpia nunca llegó a implementarse por la moratoria, esta derogación planteada supone un respaldo a la extracción y uso del carbón y otros combustibles fósiles, según el profesor de la Universidad de Boston Henrik Selin, Frederick Pardee.

Parece inconcebible que la primera potencia del mundo insista en permanecer con el carbón como fuente de energía principal para sus plantas generadoras de electricidad. Resulta que cada vez el furor por las energías alternativas es mayor, especialmente la energía solar. La manufactura de paneles solares cada vez se populariza más y por ende sus costos de producción continúan decreciendo. Ya existen automóviles, teléfonos y una variedad de artefactos que funcionan con energía solar. Incluso, hasta repartos de casas se están construyendo con paneles solares incorporados.

Sin lugar a dudas, la energía solar es el futuro bien cercano. En la Florida, el año pasado la FPL, consciente de esa realidad, cabildeó para lograr un voto positivo en la legislatura estatal, de manera tal de poder entrar en el negocio. Evidentemente, las energías solar y eléctrica son inversamente proporcionales, esto es, mientras más desarrollo de energía solar exista, menos será el consumo de energía convencional.

Lógicamente, el valor de las casas con energía solar incorporada, por ahora serán unos $30,000 más costosas, como mínimo. Pero en la medida que avance la tecnología y aumente la producción, esos costos irán disminuyendo. Y con la competencia en el mercado, es posible que en menos de 10 años los precios de esas casas “inteligentes” sean iguales a los normales de hoy en día.

En todo caso, la contaminación que genera el carbón tiene dos consecuencias importantes: crea enfermedades pulmonares graves en las zonas adyacentes a las plantas, y disminuye el precio de las casas en esas áreas, ya que menos personas querrán habitarlas.

Entendemos que debemos estimular la economía protegiendo las fuentes de empleo. No obstante, sabemos que nada es eterno, todo evoluciona. Si actualmente la coalición de empresarios carboníferos es poderosa, en un futuro la coalición de productores de energía solar también lo será.

Además, resulta una paradoja que en la última década la producción de carbón ha aumentado en 50% respecto a los años 40, pero utiliza solo una octava parte de la empleomanía contratada para la época. En cambio, las empresas de energía solar cada vez tienen más empleados: 374,000 para el 2017 comparados con 160,000 que tenían las carboneras (lea mi columna “Sol y Electricidad Vs Carbón y Gasolina” El Nuevo Herald, 5 de junio de 2017).

Al final lo más importante es la salud física y financiera de los ciudadanos. En este sentido, el presidente Trump pudiera decidir regresar al Acuerdo de París, donde 195 naciones acordaron combatir el cambio climático, incluyendo a EEUU, antes de su retirada el 1ro de junio del 2017. ¿Podrá Trump hacer esto a pesar que se trató de una iniciativa demócrata?

Quién sabe, a lo mejor la salida de Pruitt de la EPA será el pretexto perfecto para hacerlo. O sea, “fui mal asesorado, ahora vamos a enmendarlo”.

Economista y periodista.

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