Brett Kavanaugh, ¿has encontrado a tu Némesis?
En julio escribí una columna que titulé “¿Hasta dónde se quiere dominar a la mujer?”, un título visionario para la situación que se le ha presentado al juez Brett Kavanaugh en estos momentos.
Hablé de él positivamente en ese artículo: “Para una preñada contra su voluntad existe la solución provista por Roe v. Wade, un precedente legal aprobado por la Corte Suprema en 1973, sobre los derechos reproductivos de las mujeres. Pero ahora, al jubilarse el juez Anthony Kennedy, que siempre ha apoyado esta ley, se cuestiona qué hará Brett Kavanaugh, propuesto para la Corte Suprema por el presidente Trump, si es aprobado por el Senado”.
“Debo confesar que admiro el hecho de que Kavanaugh trabajó pro bono para mantener a Elián González en este país, a quien trajo su madre para que viviera en libertad”, añadí. “Por lo tanto, me parece que tendrá el justo juicio para considerar el problema de Roe v. Wade y su alcance”.
Sin embargo, ahora ha salido a la palestra una mujer que lo conoció hace 36 años, que alega se sintió dominada por él hasta el punto de temer por su vida cuando ambos eran adolescentes. Es profesora de psicología en Palo Alto, California, de alta reputación científica, Christine Blasey Ford, y pasó una prueba del FBI que asegura su veracidad.
El Partido Demócrata está encantado, no precisamente de ayudar a Ford, sino de prolongar las vistas del nominado a magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos, para ver si pasan las elecciones, y ganan más votos en contra de él.
Pero no nos engañemos, hay 76 senadores y 24 senadoras, en la Cámara Alta. Entre ambos sexos, el Partido Demócrata cuenta con 49 senadores, y el Partido Republicano con 51. Dos mujeres senadoras republicanas podrían votar contra Kavanaugh, si Ford las convence el lunes 24 de septiembre, si se decide a testificar frente al Senado. Estas son: Susan Collins y Lisa Murkowski.
El problema fundamental es que por tradición la víctima siempre es considerada la culpable. Hay poca credibilidad para las mujeres y mucha para los hombres. Recuerdo el caso de Anita Hill, que no fue creíble, y como consecuencia el acusado por ella, Clarence Thomas, salió electo para la magistratura en 1991. Aquel fue un caso de falta de ética, inmoral y amenazante, porque algunos jefes creen que tienen el derecho de conseguir favores de mujeres bajo su cargo.
Este es un caso de criminalidad. Ford cuenta que fue asaltada en una fiesta cuando ella iba al baño en el segundo piso de la casa, y Kavanaugh, que estaba borracho, la acorraló hasta entrarla en una habitación, y tumbándola en una cama pretendió desvestirla y arrancarle el bañador que llevaba puesto. Cuando ella gritó defendiéndose de Kavanaugh, este le tapó la boca, lo que le causó terror. Ford tenía 15 años y Kavanaugh 17. Había otro amigo en el cuarto que ayudó a arrinconarla. El cineasta Mark Judge, que por supuesto lo niega. Solo se puede depender de las personas a quienes se lo contó ella después. Y de ella misma, defendiendo su verdad.
Yo tiendo a creer a la acusadora. Ninguna mujer quiere hablar de una violación, y cuando ella envió esta denuncia a la senadora Dianne Feinstein quería permanecer anónima. Feinstein entregó la carta al FBI, y Ford prefiere que el FBI siga averiguando los hechos, pero esto retardaría aún más la selección de Kavanaugh. Y es difícil convencer a los hombres y mucho menos a los republicanos que esto sea una verdad incontrovertible. Hasta el momento en que escribo ella puede comparecer el lunes 24 ante el Comité Judicial del Senado, junto con Kavanaugh y bajo juramento. Aunque será un circo de “Ella dijo y Él dijo”.
Lo que es extraño es que una profesora se expondría de ese modo públicamente si no fuera verdad. Un ataque de esta naturaleza en la adolescencia tiende a dejar un gran trauma. Hay una diferencia entre el acoso que falta a la ética profesional en el ámbito del trabajo y el ataque sexual, el intento de violación, que es criminal.
Cuando escribí mi columna sobre Anita Hill en 1991 pensaba optimistamente que le iban a creer. Ahora soy más pesimista, a pesar del movimiento “MeToo”, porque los hombres no comprenden lo que sienten las mujeres. Son muchos años de prejuicios antifemeninos.
Pero cuidado en las urnas, porque esta vez las votantes verán cómo se portan los republicanos en el Senado. ¿Será que Kavanaugh ha encontrado a su Némesis?
Olga Connor: olconnor@bellsouth.net.