Opinión

¿Y si lo hubiera hecho Obama o Bush?

El presidente Donald Trump muestra el 4 de septiembre un mapa de la trayectoria estimada del huracán Dorian que está visiblemente alterado para incluir Alabama, un estado que no estaba en peligro por la tormenta.
El presidente Donald Trump muestra el 4 de septiembre un mapa de la trayectoria estimada del huracán Dorian que está visiblemente alterado para incluir Alabama, un estado que no estaba en peligro por la tormenta. AP

Imagínese que en la semana del aniversario de los atentados del 9/11 George W. Bush o Barack Obama hubiesen invitado a los terroristas talibanes a Camp David. El escándalo habría sido de tal tamaño que les habrían acusado —con razón— de profanar la memoria de los 3,000 muertos en el mayor ataque sufrido en suelo americano.

Justamente es lo que pretendía hacer Donald Trump, en contra de los consejos de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, al que luego despidió fulminantemente por contradecirle en ésa y otras insensateces de su reality show global.

Sin embargo aquí no se ha desatado ningún escándalo. Y no me refiero por el cese de Bolton vía tuit (aunque es ignominioso), sino por la obscena idea de Trump de reunirse con quienes patrocinaron a Osama Bin Laden, con el único propósito de hacerse una “foto” que le diera ratings al espectáculo diario al que está sometiendo a este país y al mundo desde que llegó a la Casa Blanca.

Un reality show como el que hizo con el norcoreano Kim Jong-Un o el que pretende hacer con el presidente iraní, Hassan Rouhani, a fin de mes en la ONU. Desesperado por conseguir “algo” en política internacional que pueda disfrazar como logro, de cara a la elección del 2020.

Negociar con los adversarios o enemigos no es malo. Negociar mal y dejarle libre el terreno sí lo es. Trump es un pésimo negociador, como demuestran todos sus fracasos, de los que enumero algunos en política internacional (en la doméstica son tantos que se necesitan varias páginas):

En Venezuela sigue gobernando el sátrapa Nicolás Maduro.

Corea del Norte ha incrementado la expansión de su arsenal nuclear.

Irán avanza hacia la bomba atómica, tras romper Trump el acuerdo firmado por Obama que estaban cumpliendo los iraníes.

México no va a pagar por el muro, lo hará Trump desviando fondos del Pentágono.

China asciende económicamente a toda velocidad.

¿El acuerdo de paz que prometió entre israelíes y palestinos? Un fiasco, ahora en manos de su yerno (¿nepotismo?).

Rusia ha adquirido bajo Trump más influencia global que en las últimas tres décadas juntas.

¿Se imaginan si todos esos naufragios fueran de Obama o de Bush?

Quienes ahora celebran la salida de Bolton son precisamente Maduro, Kim, Putin, Xi, Ruhani … Conste que no estoy defendiendo a Bolton, porque es un “halcón político” con tendencia a organizar guerras en medio mundo. Pero también es cierto que, a pesar de esa fama, ha servido de freno a las necedades impulsivas de Trump. Su error ha sido no masajearle el ego como hacen los aduladores políticos que rodean a Trump tratando de apaciguar sus iras, aún sabiendo que tienen los días contados. Como diría Winston Churchill, “alimentando a un cocodrilo esperando ser comido el último”.

Que le pregunten a Jim Mattis, H. R. McMaster, John Kelly, Rex Tillerson, Kirtsjen Nielsen, Jeff Sessions, Dan Coats, Stephen Bannon… la lista sobrepasa los 100 cargos políticos a los que Trump ha usado, denigrado y tirado a la basura.

Naturalmente en la burbuja trumpista todos los descalabros del dear lider se aplauden como grandes triunfos. Pero eso no es nada nuevo, así llevamos cuatro años, desde que anunció la candidatura presidencial. En aquel entonces yo escribí una columna que se titulaba “Trump: porque lo digo yo”, que recientemente alguien me ha recordado y que sigue estando tan vigente como entonces. No porque esta servidora sea profeta, sino porque Trump se ha autoproclamado “El Elegido” de Dios y, por tanto, solo hay que escuchar, confiar y hacer lo que diga él. Delirios de grandeza que ya eran evidentes en 2015.

Infalible se cree hasta en meteorología. Y aún a riesgo del grave peligro que conlleva falsificar la ruta de los huracanes, Trump lo hizo sin escrúpulos con Dorian. ¿Se imaginan si lo hubiera hecho Obama o Bush?

Hemos llegado a un punto en el que si por orden de Trump se cambian los pronósticos de tormentas y, ante semejante monstruosidad, la ciudadanía no se rebela es un claro indicio de lo que ha conseguido dañar la psique colectiva. El temor es que sea un daño irreversible. Aunque desde luego hay que esperar que se trate solamente de un deterioro pasajero que desaparezca al irse Trump.

Pero a día de hoy, el Titanic está hundiéndose y los trumpistas siguen tocando el violín, los republicanos tradicionales siguen retirándose, y gran parte del resto de la masa se va acomodando al reality show. Y así, poco a poco las tácticas de intimidación y manipulación de Trump van calando en pilares clave de la sociedad, incluso —tristemente— en algunos sectores de los medios de comunicación. Esto último es lo peor que puede pasar, porque una sociedad desinformada o malinformada pierde las riendas de su futuro.

Y las riendas de la democracia se pierden cuando una sociedad se amolda a lo “anormal”, como si fuera “normal”. Ya lo advirtió Edmund Burke: “Para que muera la democracia solo es necesario que las buenas gentes no hagan ni digan nada”.

Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

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