¿Debemos crear un ‘banco rescate’ para el estímulo económico?
La creación de un banco para administrar el rescate económico por $2.2 billones recientemente aprobado, entre otros factores, no parece una idea descabellada.
Ya en el 2008 habíamos tenido una idea similar cuando propusimos la creación de un Rescue Bank para gerenciar los fondos del primer rescate aprobado por el entonces presidente George W. Bush, el cual fue por $700,000 millones.
En efecto, para esa fecha, yo sugerí un banco con estas características mediante la transmisión de un fax al secretario del Tesoro, Henry Paulson; a la tesorera de EEUU, Anna Escobedo Cabral; y al gobernador de la Reserva Federal, Kevin Warsh, bajo la jefatura de Ben Bernanke.
Para esa época, la crisis estuvo marcada por la debacle de las hipotecas subprime, las cuales generaron innumerables casos de juicios que terminaron en embargos hipotecarios, con la consecuente pérdida de bienes inmuebles para sus propietarios. Por su parte, el sector bancario sufrió un gran impacto porque parte de su cartera de créditos se convirtió en la conocida “deuda tóxica”, la cual conformaban hipotecas que resultaron impagadas.
La economía estaba seriamente dañada y era importante un salvamento urgente para garantizar la continuidad en los negocios; sin embargo, el criterio para la asignación de los fondos no fue realizado con la mejor óptica ya que se cometieron muchos errores y los beneficiarios cayeron en excesos. Por ejemplo, una importante aseguradora recibió un cuantioso aporte no obstante de tener solo 2,000 empleados en EEUU y 12,000 en el resto del mundo. Algunos ejecutivos de los bancos y empresas de corretaje comenzaron a autoasignarse bonos millonarios. Otros adquirieron fastuosas propiedades, e incluso, compraron aviones.
Y como siempre ocurre en casos como este, quién termina pagando “los platos rotos” es el Estado, como en efecto aconteció cuando las gubernamentales agencias Fannie Mae y Freddie Mac asumieron esa pérdida adquiriendo esa “deuda tóxica”.
Actualmente, los fondos de ayuda a ser distribuidos son absolutamente necesarios para resistir la recesión que se agudizará en las próximas semanas. Y realmente, como es una crisis global, el mundo entero está adoptando medidas aún más drásticas que las nuestras. Por ejemplo, Japón el 10 de marzo aprobó un paquete de estímulo adicional por $4 billones. Gran Bretaña por su parte declaró que prestaría hasta 300 billones de libras a firmas privadas, o sea un 15% de su PIB. El presidente Francés Emmanuel Macrón afirmó que “ninguna empresa, sin importar su tamaño, enfrentaría un riesgo de bancarrota”. Alemania, a su vez, asegura que existirá ilimitados recursos para los afectados.
Ahora mismo, aunque la mayoría de países han aumentado su gasto en el cuidado de salud, su mayor inversión es en las empresas y en los consumidores. Por ejemplo, el Consejo de los Bancos Centrales Europeos acordó adquirir 750,000 millones de euros en el mercado de bonos. Algunas ciudades han concedido subsidios para la compra de automóviles.
Lo cierto es que en EEUU de los $2.2 billones que serán distribuidos, más de $500,000 millones serán para las grandes empresas, $375,000 millones para las pequeñas empresas, $300,000 millones para los ciudadanos y más de $180,000 millones para fundaciones de hospitales y salud, entre otras.
Desde luego, en la asignación de fondos hay que observar cierta flexibilidad, como está ofreciendo el Reino Unido a los pequeños negocios, otorgándoles 25,000 libras como aporte sin devolución. También Japón hace lo suyo con préstamos de emergencia por 1.6 billones de yenes, sin intereses y sin colateral.
Sin embargo, también hay que estar “ojo avizor”para que no ocurra lo que sucedió en una localidad de Escocia donde las aseguradoras afirmaron que no reconocerán los reclamos porque el COVID-19 es una “enfermedad nueva, no cubierta por su póliza.
Evidentemente, en EEUU hay sectores muy perjudicados, como las líneas aéreas, los cruceros, los hoteles y centros de entretenimiento. Lógicamente, nosotros debemos concentrarnos en aerolíneas estadounidenses, cruceros con bandera estadounidense y negocios nacionales. No podemos ser rigurosos con pequeños negocios establecidos que no califiquen para préstamos. Se trata de que logren permanecer abiertos.
Todas estas situaciones generan mucha actividad que en la práctica justifican la creación de un Rescue Bank.
Aunque el Estado no es culpable de la aparición de la pandemia, si es responsable de la recuperación económica porque ello garantiza la continuidad de nuestro sistema. Por esta razón, ahora si se considera importante la intervención del Estado ya que sin ella vamos directamente a la posibilidad de generar un nuevo orden económico mundial, diferente al que conocemos hoy y probablemente más demandante y riguroso.
Por eso decimos que no siempre se puede dejar que la “mano invisible” del mercado haga su trabajo, porque nos puede dar una bofetada.
Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.