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Opinión

¿Cómo reactivamos la economía con la pandemia en marcha?

Una vacuna oficial marcaría el punto de inflexión donde la curva de contagios bajaría abruptamente y el ser humano volvería a ser gregario. Pero mientras tanto debemos hacer frente a ambos: a la pandemia y al desplome de la economía.

Sobre el particular, esbozamos algunos puntos vitales para ir sorteando con inteligencia los inconvenientes que se presentan y que de alguna forma pueden entorpecer el lento pero seguro camino a la recuperación económica, una vez sea controlado el virus.

Primero ayuda a los consumidores, después apertura de los negocios. El orden lógico de los eventos sería desembolsar los fondos aprobados federalmente para después ir abriendo paulatinamente los negocios. En caso de hacerlo al revés, los negocios tendrían escasa venta por la sencilla razón que los consumidores no tendrían el dinero para demandar los bienes y servicios ofrecidos por los negocios.

Si se extiende la ayuda a los consumidores, entonces ¿faltarán a sus trabajos? Se ha comentado que si la ayuda a los consumidores se extiende, se corre el riesgo que los empleados se nieguen a trabajar. Nada más lejos de la realidad. Resulta que la ayuda temporal que puedan prestar a la población va destinada significativamente al gasto principal que es la vivienda, de manera que la ayuda que perciban, por ser insuficiente, no incidirá en su asistencia laboral.

Al abrirse los negocios el empleado pudiera perder la ayuda. En sentido opuesto, algunos pudieran razonar que al abrir los negocios simplemente ya no existirá la ayuda porque de hecho ya los empleados están trabajando. Y aquellos que no acudan al trabajo por temor al virus pudieran recibir como respuesta, “Si usted no va a su trabajo es su decisión, pero no tiene derecho a ninguna ayuda”. En otras palabras, el apuro por abrir los negocios muy rápido pudiera ser una excusa para no distribuir los fondos aprobados federalmente.

¿Por qué se debe dar preferencia a los pequeños negocios? Una cadena nacional, por ejemplo Home Depot, en una ciudad específica tiene 100 empleados en su tienda. Sucede que en esa ciudad pueden existir 5,000 negocios con promedio de cuatro empleados cada uno, o sea son 20,000 empleados versus 100. Evidentemente, si los préstamos y ayudas no les llegan a los pequeños negocios, se corre el riesgo que se paralicen las ciudades ya que son ellos los que mueven el tráfico y el consumo, algo que no harían solo 100 empleados.

¿Qué debe hacerse para que haya una justa distribución de los préstamos? Todo negocio con menos de 500 empleados es considerado pequeño. En la práctica sucede que hay multitud de cafeterías, peluquerías, lavanderías, etc., que tienen cinco o menos empleados, y que son los menos favorecidos a pesar de ser mayoría. Lo que debe hacerse en un tercer paquete, si lo hay, es establecer como requisito indispensable un monto de unos $100,000 millones para negocios con empleados de cero a cinco personas. Es más, se puede hacer como en otros países, simplemente requerir que el negocio tenga dos años funcionando con sus licencias al día. Eso es todo. Se trata de que los negocios vuelvan a operar para así salvar a la economía. No se trata de entorpecer el desembolso del dinero.

¿Se hace necesario un “Rescue Bank” Federal para procesar los préstamos y ayudas? Actualmente la mayoría de los préstamos y ayudas gubernamentales deben tramitarse ante la Administración de Pequeños Negocios (SBA). Sucede en la práctica que los que aprueban y califican a los solicitantes son los bancos, cada uno con sus requisitos particulares. Desde luego, la pregunta que muchos se hacen es, si los bancos no son los dueños del dinero, ¿por qué tienen que intervenir en la concesión de los préstamos? Lógicamente, esto acarrea otra interrogante: ¿por qué el SBA no envía a cada banco los préstamos ya aprobados por ellos? De ese modo, la institución bancaria solo tendría que “cerrar” el préstamo y desembolsar el dinero federal que recibió.

Sucede que los bancos, como cualquier negocio, tienen sus intereses comerciales. Aparte de cobrar el 5% al Estado por procesar los préstamos, también les dan preferencia a sus clientes habituales, evidentemente con el propósito implícito de que ellos atiendan a tiempo sus obligaciones con la misma institución que les concedió el préstamo. Por lo demás, dado que los bancos perciben el 5% por procesar los préstamos, harán lo posible por conceder los desembolsos más elevados. Por eso se ha dado el caso de empresas que han devuelto los préstamos alegando que no los necesitan.

Todas estas razones son más que suficientes para crear un “Rescue Bank” Nacional, que no tenga intereses comerciales. Ojalá que para el próximo desastre (que no ocurra), existan estos bancos para que el dinero fluya a donde debe ir, siempre y cuando los sitios de internet funcionen para lo que fueron diseñados.

Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de mayo de 2020, 3:47 p. m..

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