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Opinión

Elogio al cinéfilo de gusto exquisito

Cortesía

Rogelio Camprubí, vecino de La Habana del Este, hoy llamada Ciudad Camilo Cienfuegos, donde transcurrió mi adolescencia y juventud, me recuerda en Facebook que mi amor por el cine lo había contagiado, para siempre, a él y a otros amigos de aquel grupo de mataperros, inmersos en un universo restrictivo que conspiraba contra nuestros deseos de ser libres.

No creo haber recibido mayor elogio de esta sofisticada y mundana vocación, que es la cinefilia, heredada de mi padre.

En espera de los primeros reproductores de video, llegados a la isla, aquellos tiempos fueron disfuncionales para los cinéfilos de entonces que dependían totalmente de la programación de la Cinemateca y de otros cines de arte en La Habana.

Aprendimos a disfrutar los clásicos, al mismo tiempo que se censuraban, aleatoriamente, filmes tan diversos como El resplandor, Persona, El puente sobre el río Kwai, Tarzán, el Bebé de Rosemary y, paradójicamente, toda la producción cinematográfica de la República.

Debe haber sido cuando logré hacer funcionar, a duras penas, un cine club, abierto al público, en la oficialista Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), que conocí a Heberto Martell, uno de los más pertinaces cinéfilos de mi generación, alguien de gusto exquisito y siempre dispuesto a compartir con sus congéneres cuanta obra cinematográfica, añorada por todos nosotros, cayera en sus manos.

Gran parte de lo que logramos exhibir en aquel cine club, luego clausurado por improcedente para los comisarios del periodismo, se debió a los buenos oficios de Heberto.

Nuestra amistad sobrevivió mi fuga de Cuba en 1992. Supe luego que había logrado abrir un cine club en la Unión de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC), donde curó personalmente programas que eran la envidia del decadente ICAIC, con todas sus limitaciones ideológicas y de censura.

Me reencontré felizmente con Heberto durante una visita que hiciera a Miami en los años noventa. Fuimos mi esposa y yo a verlo a una cafetería de Miami Lakes donde tomamos una leche malteada sobre la cual siempre hacíamos referencia como un punto de giro en nuestra entrañable relación.

Desde entonces aquella amistad interrumpida, como tantas otras, cerró filas. Cada año viajaba una o dos veces a la ciudad y me mantenía escrupulosamente al tanto del acontecer del cine nacional, al cual no era muy afín.

Solía no equivocarse en sus criterios lapidarios. Fue el primero que me dijo “Melaza, de Carlos Lechuga, es una película contrarrevolucionaria”.

Su cineasta predilecto es Alfred Hitchcock y yo lo provocaba con mi gusto por Fellini. Hacíamos divertidas competencias de sus obras respectivas.

Cada año yo tenía la encomienda de enviarle el nuevo disco de la cantante Mina, su predilecta, y recuerdo que una vez me pidió, específicamente, las grabaciones de Montserrat Caballé con Freddie Mercury. Tenía, ciertamente, gustos distinguidos.

Es curioso, los cinéfilos cubanos de linaje no te hablan de zapatos, ropas, comidas y otras necesidades, priorizan sus placeres culturales.

Durante su última visita a Miami, a finales del año pasado, Heberto se presentó en nuestra casa como exhausto, aunque nunca imaginamos que eran señales del final.

Conversamos horas, con el mismo entusiasmo de siempre. Nos reímos, pasamos revista a la desvencijada cultura nacional.

Poco tiempo después, la situación se agravó, hubo que ingresarlo eventualmente en el Hospital Jackson, hasta tanto pudiera regresar a la isla con su familia.

Ya en La Habana, la sobrina nos mantenía al tanto de los acontecimientos, donde Heberto seguía agravándose.

La última vez que le hablé, como para animarlo, le mencioné a Mina. Me dijo que ya su nuevo álbum estaba a la venta y no me lo había pedido para no molestar. Lo regañé suavemente.

No tuve tiempo de hacérselo llegar, Heberto se apagó y con él se fue el amigo entrañable y un cinéfilo de corazón, incomparable. A veces pienso que regresará en algunos meses y volveremos a divertirnos contándonos lo que hemos visto y haciendo planes para lo que vendrá.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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