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Opinión

Raza, familia y educación

Cortesía: Alejandro Ríos

Entre las fotos entrañables de la familia, atesoro una de mi padre joven y sonriente al pie de su maquinaria impresora en Chicago, por los años 50, junto a un colega de la raza negra.

Un buen día supimos, como el asunto más natural, que mi tío Luis, hermano de mi papá, se había casado con una mujer negra. Fundaron una hermosa familia, cerca de la legendaria casa de mis abuelos en Mantilla, suburbio humilde de Ciudad de La Habana, donde todos coincidíamos en convites familiares.

Afortunadamente, mis dos hijos no han cesado de trabajar, uno a distancia y otro a pie de calle, para la Ciudad de Coral Gables, durante este tiempo de incertidumbre. Sus abuelos eran así de laboriosos y de mi no han recibido otro ejemplo que no sea el de asumir las responsabilidades económicas de las familias que, respectivamente, han formado.

A Estados Unidos llegamos con la ropa que traíamos puesta. De hecho, mi hijo menor nació en el Hospital Mercy, como he escrito en otras ocasiones.

En mis más de 20 años de trabajo en la Oficina de Prensa del Miami Dade College, junto a su Presidente Emérito, el Dr. Eduardo J. Padrón, supe, de primera mano, la importancia que cifra la educación para alcanzar mejores cotas en la escala social y detener espirales de pobreza y desesperanza, sobre todo entre los más necesitados, sin distinción de colores.

He hurgado, infructuosamente, en mi memoria para recordar una mínima circunstancia de racismo en la vida del College. Fui testigo durante todos esos años prodigiosos, del más profundo y heterogéneo intercambio entre razas, en perfecta armonía, que uno pueda imaginarse.

Mi esposa sigue siendo orgullosa empleada de la institución y mis hijos dieron pasos universitarios iniciales en sus aulas. Por estos días, acaba de matricular el primer nieto, por ahora online, debido a la pandemia.

No registro ni un solo diálogo donde la raza, de cualquier matiz, los haya contrariado durante sus días en la institución, que se extiende a casi toda la geografía del Condado, en su exitosa diversidad.

Hace meses, sentí pesar y angustia durante algunas de las protestas ocurridas en nuestra ciudad, cerca de las edificaciones sagradas del Miami Dade College, que son veneradas por más de 2 millones de personas beneficiadas por su continua cruzada a favor de la educación.

Es lamentable que muchachos de la raza negra provoquen a unos manifestantes cubanos a favor de la policía, en el downtown de Miami, danzándoles delante con fajos de dólares, como si quisieran subrayar que estaban bien subvencionados en sus extendidas jornadas de protesta.

Hay organizaciones militantemente azuzando las diferencias sociales, sobre todo raciales, que no fueron mitigadas, como era de esperarse, durante los dos términos del primer presidente negro de Estados Unidos.

Ahora emergen especialistas en racismo. Una escritora y conferencista se hace rica porque las grandes compañías la contratan para enseñar el antirracismo, como si fuera un tópico académico.

Otros revisan la música clásica y la ópera para que sean más inclusivas. Luego se descubre que son bolas que se echan a rodar para incitar la maledicencia, pues los artistas negros están justamente representados en todos los géneros de ambas categorías.

Se demora el necesitado punto de encuentro político y social para afrontar las injusticias y los desacuerdos. Un sitio ideal, lejos de la violencia, cerca de los valores humanistas, de las bondades educacionales.

Las justas reclamaciones serán mejor atendidas desde los dispositivos sociales de las oportunidades y el desarrollo y no de la destrucción y la holgazanería.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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