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Opinión

El humanista Dr. José Antonio Soto

Archivo/el Nuevo Herald

Me ha tocado en suerte ser paciente de tres doctores renacentistas, brillantes en su oficio científico, exégetas de la verdad, sumamente preocupados por el curso accidentado de la vida moderna.

Los tres han sido autores de libros, figuras mediáticas confiables en sus juicios públicos, patriotas hasta la médula, médicos para los cuales parece haberse instituido el antiguo oficio de mitigar padecimientos físicos y del alma.

Esos hombres de ciencia que ahora traigo a colación son el legendario Virgilio Beato, quien dejó una huella imborrable en el ámbito intelectual del exilio cubano; Francisco M. Delgado, que parece un familiar cercano en su compasión por el prójimo e inagotable deseo de compartir inquietudes profesionales: así como José Antonio Soto, conversador cautivante, intrépido en sus investigaciones por parajes remotos del universo, curioso, inquieto, con nobleza y ternura para dispensar.

Debo haber conocido al Dr. Soto cuando comparecía, con su ilimitada erudición, en programas de noticias del Canal 41, AmericaTeVe. La conexión fue rápida, nos unía el amor por el cine, así como el apego y admiración que ambos sentíamos por nuestros respectivos vástagos.

Por supuesto que había disertaciones de toda índole en nuestras conversaciones, pero el Dr. Soto siempre traía a colación el progreso de sus hijos en la educación.

Yo le llevaba alguna ventaja de edad y entonces él solía disfrutar mucho la experiencia personal que le refería, sobre todo porque los muchachos eran varones, tanto los de él como los míos.

En junio del año 2012, el Dr. Soto accedió a figurar como invitado en La Mirada Indiscreta, el programa que presenté durante una década en el propio Canal 41. La ocasión lo ameritaba pues, por entonces, planeaba presentar uno de sus libros La beca o la nueva escuela, en la Feria del Libro de Miami, y el espacio televisivo abordaba el controversial tema con el cortometraje de Sebastián Milo, Camionero.

La otra invitada era la notable actriz Broselianda Hernández, quien desempeña un breve papel en la mencionada película que expone como nunca, buena parte de los abusos y atropellos ocurridos en el sistema de becas de la isla.

Fue una Mirada Indiscreta de altos quilates porque ambos concurrentes hablaron, con toda sinceridad y amargura, de sus experiencias como becarios.

El Dr. Soto hizo uso de su conocido encanto ante las cámaras y fue duro en la exposición, aunque sin perder su esperanzadora sonrisa.

“Las becas han dejado marcas físicas y emocionales. Un sistema carcelario que reunía miembros de la sociedad al azar, sin supervisión, sin regular ciertas conductas”, reflexionó entonces sobre el concepto.

Luego puntualizó con un testimonio personal: “Yo vi dar machetazos, golpizas en un ambiente de supervivencia. Fui víctima en esta separación de los jóvenes de la sociedad para evitar rebeliones contra el gobierno”.

Luego el tema derivó hacia las creencias religiosas en tan hostiles ambientes: “En el código carcelario de las becas, era un signo de debilidad creer en Dios. No había Dios —enfatizó el galeno—, lo teníamos que descubrir y lo descubrimos por nuestra propia cuenta. Nadie nos dio una Biblia o nos llevó a la Iglesia”.

Hace tres años, en el Condado Miami-Dade le entregaron una proclama por colocar símbolos patrios (banderas, poemas), como siempre solía hacer en los sitios que visitaba durante sus exploraciones geográficas, para dejar constancia de su cubanidad acendrada. Esta distinción se refería al ascenso a los pies del Everest, a 5,643 metros de altura.

Fue una ceremonia emotiva que disfruté mucho junto a su familia y algunos amigos. Luego terminamos las celebraciones en el emblemático Restaurante Versailles. Entre muchas otras de sus virtudes, la de anfitrión parecía haberse establecido en honor a su personalidad gregaria y siempre optimista.

Además de sus viajes turísticos y científicos por los lugares más reveladores de la Tierra, que veneraba como nadie, el Dr. Soto contribuyó en este propio periódico con investigaciones históricas sobre temas fascinantes y controversiales.

Cuando visitaba su concurrida consulta, siempre terminábamos conversando, como si fuera en la sala de su casa, sobre temas de mutuo interés. Eran una verdadera fiesta de amistad y cariño, aquellos encuentros.

Ahora nos toca la dura circunstancia de lidiar con su ausencia física, porque la espiritual permanecerá en el legado hermoso de su familia y de todos aquellos que tuvimos el privilegio de compartir tan valiosa amistad.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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